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El proyecto se ratifica en los hechos

Analizando en perspectiva, se comprueba que aquellas determinaciones más acertadas tomadas en materia económica a partir de 2003 por el Gobierno argentino tuvieron un común denominador: siempre implicaron poner patas para arriba a los preceptos del saber convencional.

Así ocurrió tanto en el caso de acciones como en el desendeudamiento con el FMI, al rechazar el ingreso al ALCA estimulando paralelamente la UNASUR, con la estatización de los fondos previsionales en poder de las AFJP, al poner en vigencia las convenciones colectivas de trabajo, al renovar la legislación en materia jubilatoria e incorporar 2.500.000 nuevos beneficiarios, al crear la Asignación Universal por Hijo y optar por una muy jugada utilización del gasto público con el objeto de sostener el dinamismo en el mercado interno.

Esta es una lista corta; sólo contiene algunos ejemplos destacados, pero la juzgamos sufi ciente para probar la forma en que se aplicó, en la práctica, un modelo que avanzó en sentido inverso a las recomendaciones de la ortodoxia.

Pero, cabe reiterarlo, la viga central en que se apoya esta concepción acerca del ?arte de gobernar? pasa por haber dado vuelta al dogma establecido, según el cual el poder político debía estar al servicio de los economistas preferidos por el establishment local, con buena llegada al mundo de los negocios globalizados y en perpetuo vínculo con el FMI.

Nada podía hacerse que inquietara a las corporaciones y a los financieros internacionales; en consecuencia, lo decisivo en un gobierno era elegir un ministro de Economía que fuera miembro del selecto club integrado por los ?confiables? para el poder económico.

Muchas veces, aceptar esas exigencias suponía contradecir las promesas que había decidido el voto ciudadano.
Tal subordinación de la ?política? a la gestión de un personaje, muchas veces con nulo peso electoral y pésima imagen pública, es una de las explicaciones del creciente descrédito que fue acumulando la actividad política en la sociedad, tendencia que llegó a su nivel máximo de gravedad a fines de 2001, con el derrumbe de la convertibilidad. Redoblando la apuesta, frente al incendio, a principios de 2002 no falto algún notable analista mediático que propusiera contratar una asesoría externa integral que se hiciera cargo del país -vale decir, abarcando no sólo la gestión económica, sino también las restantes áreas de gobierno-, todo ello financiado con más endeudamiento externo y siempre bajo la auditoría del FMI.

Como hemos señalado, a partir de 2003 el orden de los factores se ha invertido; es la política la que define las prioridades estratégicas y la economía está subordinada a las mismas; en todo caso, se encarga de instrumentar las tácticas más convenientes en cada etapa del proceso histórico. Incapaces de entender este cambio de roles, los consultores preferidos de la City hablaban, con sorna, del ?gran macroeconomista Néstor Kirchner?, desaparecido el pasado 27 de octubre.

Sin posibilidad de entender la realidad, ahora ningunean la capacidad de la Presidenta Cristina Fernández para gestionar el gobierno, por carecer de un economista sustituto -de ser posible, ?no confrontativo?- que ejerza el poder real, como ocurriera durante los viejos tiempos en la Argentina.

Nos permitimos sostener que ese orden de los factores vigente a partir de 2003 no será alterado. La actual Presidenta dispone del consenso político suficiente como para imponer las prioridades que fije la política a la orientación de la gestión económica y hacerlo en un escenario internacional con señales favorables. Por ende, nadie reclama que se acerque a la Presidenta una lista de clones del Dr. Cavallo, suficientemente confiables para el poder económico local y extranjero. Lo que sí se requiere, como es obvio, es fortalecer y popularizar la discusión de la cuestión política, rescatando su importancia para otorgarle sustentabilidad al modelo económico. Ello implica, por otra parte, una creciente participación ciudadana en la tarea de profundizar los alcances del proyecto.

La sintonía política actual pretende que la gestión de la economía se subordine al objetivo principal de volver a creer en una construcción colectiva, como varias veces se intentó en el pasado. Pero ahora se lo puede intentar en condiciones más favorables que las vigentes en 1973 ó 1983.

Quienes esperan lo contrario ?pensamos- pierden su tiempo.

Un marco propicio
Recientes circunstancias de la economía mundial configuran buenas noticias -por lo menos coyunturalmente para la Argentina. Se combina una firme tendencia alcista en los precios de las materias primas agropecuarias con la devaluación del dólar en los mercados mundiales, al tiempo que se aprecia el real brasileño. Esta suma de factores impacta favorable-mente sobre nuestro balance comercial obligando a revisar sus proyecciones, ya que se fortalece la hipótesis de que el mismo puede concluir el año con un excedente en torno a los 13.000 millones de dólares, o quizá algo más. Obviamente
también, estas pulsiones alcistas se reflejan en una mayor expansión en aquellas cadenas de valor vinculadas al agro y en los incrementos en los precios de la tierra.

Desde mediados de año los precios de las materias primas agrícolas crecieron, impulsados principalmente por el alza de la cotización del trigo a causa de factores climáticos adversos en el hemisferio norte. Estos redujeron dramáticamente las cosechas de algunos de los principales países exportadores. A ello se sumó el fuerte shock alcista que viene experimentando el mercado de la soja durante la última parte del 2010. En principio, esta situación se mantendrá en tanto el dólar continúe desvalorizándose en relación al resto de las principales monedas, se mantenga la demanda por parte de las economías en desarrollo -principalmente la China e India- y persistan los efectos climáticos adversos en regiones productoras de cereales y oleaginosos. Sin embargo, hasta mediados de noviembre los precios de las materias primas agrícolas se encuentran todavía por debajo de los máximos que alcanzaron en 2008, cuando las finanzas globales entraron en su gran crisis En ese marco, y dada la afluencia de divisas que se verifica en la Argentina (mientras que se registra un frenazo en la fuga de capitales), no cabe esperar que se altere, más allá de fluctuaciones ocasionales, la actual cotización interna del billete verde. Esta concluiría 2010 en un valor apenas superior a los 4 pesos por unidad. Las estimaciones del tipo de cambio nominal para el corriente año, en efecto, han venido disminuyendo en los últimos meses, proyectando el promedio para diciembre en $4,02 por dólar y el proyectado para el último mes del año próximo en $4,29 por dólar, variación que implicaría una depreciación nominal de 6,6%, superando a la esperada para 2010.

La vigencia de estabilidad cambiaria, mientras los ingresos fiscales, medidos tanto en valores reales como nominales, crecen -no sólo por el aumento en la base imponible que implica la expansión de la economía real y la mayor recaudación de impuestos a la exportación, sino también por el efecto de la suba en los precios internos, mientras el tipo e cambio permanece inmóvil-, alivia el peso del esfuerzo fiscal necesario para atender los servicios por la deuda pública en moneda extranjera de los próximos meses, ya que el Estado dispone de más pesos en relación a lo presupuestado originalmente, y entre otros destinos son usados para comprar dólares a precio fijo con el objeto de pagarle a los tenedores de bonos argentinos. Otra consecuencia del actual escenario es el abaratamiento, en moneda nacional, de las importaciones.

Ahora bien, el retorno al auge en los mercados de las commodities – que se emplean para producir alimentos en distintos puntos del planeta- no debe llevar a la tentación de reincidir en una falsa euforia como la ya conocida a lo largo de nuestra historia cuando se produce esa feliz combinación de factores en la cual nuestro país carece de incidencia alguna.

Por el contrario, es responsabilidad de la política económica evitar que estas circunstancias estimulen la profundización de un modelo con notorios desequilibrios internos, donde los sectores más concentrados aspiren a materializar el secular mito del país especializado en la oferta de bienes primarios e importador de manufacturas de todo tipo y postergando el desarrollo integrado de la industria local. Se trata de una vieja cuestión que cada tanto reaparece en el debate económico nacional.

En el pasado hemos tenido un largo ciclo de gran inestabilidad.

Su inicio puede determinarse en los meses previos a la Primera Guerra Mundial, momento en que se hundió el viejo esquema del ?granero del mundo?. Luego, empujado por la fuerza de los hechos, conoció períodos donde, a veces la restricción externa y en otras el ejercicio de políticas explicitas forzaron un cambio de las prioridades, favoreciendo al desarrollo industrial. Pero la tendencia secular a favor de la especialización agroexportadora reapareció a mediados de los años setenta en el siglo pasado y se extendió hasta el estallido de la convertibilidad. El común denominador en esos largos años fue la vigencia de una elevada dependencia respecto a lo que ocurriera con los precios de una canasta reducida, integrada por bienes primarios que, a su vez, estaban dirigidos a un número acotado de mercados externos.

Cuando en estos últimos se pasaba de la euforia a la depresión, ello provocaba una nueva recidiva de nuestra crisis de pagos externos, junto a la caída en el nivel de empleo y el derrumbe en las tasa a las cuales evolucionan las actividades productivas.

Inevitablemente debía entonces apelarse al endeudamiento en moneda extranjera para cerrar la brecha de pagos y fiscal.

El ajuste que derivaba de las condiciones para acceder a tal financiamiento se convertía en una nueva vuelta de tuerca en la recesión interna.

Por otra parte, estas ?buenas noticias? en la esfera real, además, no deben llevar a ignorar algunas señales amarillas que surgen en la economía. En primer término, el crecimiento global muestra un efecto sólo marginal en materia de creación de empleo por parte de los sectores productores de bienes; en segundo, como hemos reiterado en anteriores informes, la expansión industrial está llevando al límite las capacidades ociosas disponibles de las ramas más intensivas en capital, que son de importancia vital para la expansión manufacturera; tercero, la reciente obtención del superávit en las cuentas públicas se logró gracias al superávit cuasi fiscal arrojado por el Banco Central; finalmente, continúan presentes las presiones alcistas sobre los precios internos.

Esto último es inevitable en un país productor de materias primas alimenticias como la Argentina, y solamente gracias a la vigencia de las retenciones sobre los valores exportados su impacto inflacionario no resulta mayor. Cabe consignar que los hechos desmintieron a quienes pregonaban el quiebre de las explotaciones agropecuarias debido a la vigencia de las retenciones. Estragada por sus enfrentamientos internos y con relación a la evolución efectiva de los hechos que desmienten los fúnebres pronósticos que emitió el titular de la Sociedad Rural en la última exposición de esa entidad, sumado al activismo del Gobierno en las medidas dirigidas al sector, la otrora famosa ?mesa de enlace? parece haber ingresado en un ocaso del cual difícilmente retorne. Puede pronosticarse que la actual situación, donde conviven el notable y sostenido ritmo que se verifica en la expansión económica con la vigencia de no deseadas presiones inflacionarias, difícilmente se modifique en los próximos meses.

La ?canasta básica alimentaría? de septiembre mostró un aumento anualizado del 20,3%. Por ahora, la continuidad en la ocurrencia de saldos comerciales positivos está permitiendo contar con los bienes de capital e intermedios demandados por el mercado interno suficientes para evitar que aparezcan bloqueos en la oferta de bienes originados en el agotamiento en las capacidades instaladas. Es más, dadas las condiciones prevalecientes, razonablemente se puede esperar que el actual escenario se reitere en 2011.

Ello otorga la prioridad al proceso inversor, toda vez que mantener la acumulación de capital en las cotas actuales durante el año próximo puede convertirse en un factor limitante, tanto para garantizar la continuidad del ciclo expansivo en los siguientes como con el objeto de evitar las consecuencias negativas de cambios en los mercados externos.

Aspiraciones de deseos y efectividades conducentes
23 Things They Don’t Tell You About Capitalism –
23 cosas que no le dicen sobre el capitalismo

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