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ELOGIO DE LA ENFERMEDAD

El 28 de octubre, el día siguiente a la muerte de Néstor Kirchner, el Dr. Nelson Castro publicó en La Nación un artículo titulado ?La riesgosa enfermedad del poder?, en el que, de manera impúdica se escuda en pseudo explicaciones médico/psicológicas para atribuir esa muerte a la ambición de poder y a la omnipotencia. Y para advertirle a ?la familia Kirchner y a todos los habitantes del poder? que no contraigan esa enfermedad.

Cristo, probablemente por su dudosa fiiliación, que formalmente se puso a cargo de un pobre carpintero, tenía también un desmedido afan de figuración. Por eso empezó por coptar un grupo de incultos pescadores, se dedicó a multiplicar choripanes y vino en algún casamiento pueblero y se lanzó a una prédica demagógica y populista a favor de los pobres y los pecadores, mientras se dejaba alguna vez lavar los pies por una puta. Como además era crispado y autoritario, echó de mala manera a los empresarios que traficaban en la iglesia, a más de pelearse con la cúpula eclesiástica. A tanto lo llevó su afán de protagonismo y su omnipotencia que terminó por maltratarse a sí mismo como a los demás hasta morirse en una cruz, convenientemente colocada an la punta de un cerro.

El Che hizo lo mismo. Sabiendo fehacientemente que tenía asma, no contento con pelear primero en la Sierra Maestra, se fue a la humedad terrible de la selva boliviana, con tal de pelear con alguien, y, claro, también se murió, ayudado por alguna bala que bien se fue a buscar. Y qué decir del Mahatma que con lo flaco que estaba se sometía a huelgas de hambre maltratadoras e insalubres. Claro síntoma de que su discurso pacifista escondía el plan de mandar a exterminar a esos educados señores ingleses que tan buen té producen. Debo aclarar que esta última interpretación es más de la Dra. Carrió que del Dr. Castro.

Todos estos personajes ? y otros varios que se podrían agregar – padecían esa ?riesgosa enfermedad del poder?, cuya ?real magnitud?, causas orgánicas y patológicas desviaciones psicológicas nos explica la ciencia médica del Dr. Nelson Castro.

Solo los millones de imbéciles que han amado, admirado y seguido a alguno o a todos estos personajes pueden hablar de cosas tan poco científicas como los ideales y la lucha incansable por ellos. Tan incansable, a veces, hasta dar la vida.

Los cientos de miles de personas que durante tres días en la Plaza de Mayo fueron a decir ?Gracia Néstor, fuerza Cristina?, no son más que incultos y estúpidos. La prueba de su ignorancia crasa es que coreaban ?Néstor no se murió, Néstor vive en el pueblo …? desconociendo las más elementales leyes de la naturaleza. La evidencia de su estupidez es que ni siquiera ligaron un choripán. Yque muchos , aún con un bebé a cuestas como mi vecina de cola, o con muletas como un pibe tres filas atrás mió, o viejos como la vieja que soy yo, se bancaron hasta 12 horas de espera para ir a decirle adiós a ese loco enfermo que tan hondo les/nos llegó al corazón y que tantas cosas hizo para sacarnos del infierno, para hacernos recuperar la idea de patria y de patria grande, para luchar contra la impunidad, la prepotencia de los mercados imperiales, la exclusión, la discriminación, y, fundamentalmente, para volver a apasionarnos por debatir todos los temas que merecen ser discutidos para intentar construir un mundo mejor. Y no solo para rendirle amoroso homenaje a ese loco se las bancaron, sino también para decirle a Cristinaa que no haga caso de las advertencias del Dr. Castro , que si seguir defendiendo los mejores ideales como lo hizo Néstror, como lo hace ella, es una enfermedad, entonces somos muchos millones los que estamos contagiados y vamos a estar firmes, en la Plaza o donde sea necesario , resistiendo tenazmente las ofertas de terapia de facultativos tan miserables, de cuyas recetas ya demasiado bien conocemos los efectos colaterales.

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