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La canción que unió a Huerque Mapu, Calamaro y Néstor Kirchner

Néstor era un veinteañero flaco, alto, desgarbado y de pelo largo cuando escuchó por primera vez al grupo Huerque Mapu, en los convulsionados primeros años ?70. Para un militante de la izquierda peronista los Huerque Mapu eran parte posible de la búsqueda de la propia identidad: se trataba de un grupo claramente vinculado con las luchas del momento, que había debutado en Capital Federal tocando en un acto en la Facultad de Arquitectura a beneficio de los obreros agrupados en algunos de los sindicatos más combativos. Entre los cuatro varones del quinteto, la voz de la soprano Hebe Rosell se hacía notar de inmediato. El grupo, que pagaría más adelante muy caro su decisión de grabar en 1974 la llamada Cantata Montonera, inspirada en la chilena Cantata Santa María de Iquique, trabajaba con los arreglos más típicos de la renovación del folklore de los ?60, pero agregándole una evidente dosis de sentimientos que prenunciaban una nueva era, que estaba naciendo, y que terminaría luego de la breve primavera camporista.

?Vamos a hacer la patria peronista, vamos a hacerla montonera y socialista?, cantaban las multitudes de las que Néstor y su joven novia Cristina se sentían parte.
Los otros integrantes de aquel Huerque Mapu (Mensajeros de la Tierra, en mapuche) eran Naldo Labrín, Tacum Lazarte, Ricardo Munich y Lucio Navarro. Un poco después de haber descubierto al grupo, Néstor se ?enamoró? de su versión de Adagio en mi país, un tema premonitorio de Alfredo Zitarrosa. El propio cantor uruguayo escribió en la contratapa de aquel disco un texto consagratorio, en el que destacaba su emoción de autor al asistir a la grabación de Huerque Mapu, en un estudio porteño. Le conmovía, entre otras cosas, el avanzado embarazo, que le cortaba el aliento, de Hebe Rosell. Nadie sabía que un por entonces preadolescente hermano menor de aquella mujer embarazada se convertiría un día en una estrella de rock. El hermanito de Hebe se llamaba Andrés Calamaro. Unos 25 años después de aquellos hechos, en una tácita cita a aquel disco de Huerque Mapu que tanto le gustó al Néstor Kirchner veinteañero, Andrés grabaría su propia versión de Adagio en mi país, para un compact casi fantasma de homenaje a la causa zapatista, producido por su hermano Javier.

Cuando Néstor Kirchner fue presidente se enteró de la historia que unía su militancia juvenil, una época que lo marcó para siempre, con la vida de la familia Calamaro, y con Hebe en el recuerdo, invitó a Andrés a la Casa Rosada, y luego a un viaje en el avión presidencial. El músico pidió que no se hiciera prensa de esas actividades porque no buscaba promoción de una relación que estaba empezando y que tenía en el medio el afecto de un político de primer nivel por una artista que la Argentina actual apenas si conoce. En México, donde vive desde los años de plomo, Hebe Rosell ha desarrollado una larga carrera como actriz, y vuelve aquí muy de vez en vez. Cierta vez, Hebe le hizo llegar a Kirchner una carta de elogio a su tarea como presidente. Emocionado hasta las lágrimas, el primer mandatario llamó a Andrés para contárselo, un inolvidable 30 de diciembre. De aquellos encuentros y comunicaciones telefónicas surgió una relación de cordialidad entre el autor de Mil horas y otros miembros del Gobierno, que lo admiran en silencio.

Eso explica, por ejemplo, la presencia del jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, en el comienzo del nuevo videoclip del músico, Tres Marías, estrenado el mes pasado.
?Me pareció que eran actividades que debían quedar en el mundo de lo privado, porque fueron encuentros entre personas que intentaban conocerse por una corriente de mutua simpatía?, le contó el músico a Miradas al Sur sobre sus encuentros con el hoy fallecido ex presidente. A tal punto esa simpatía fue privada que el músico quedó afuera este año de la programación artística de la Fiesta del Bicentenario, lo que generó por entonces especulaciones estúpidas, de los estúpidos a sueldo, sobre cuál era su actitud hacia la política general del Gobierno. ?Yo vengo de una familia de socialistas y desarrollistas y como artista que soy, creo que el mejor gobierno es ningún gobierno?, puntualiza Calamaro sobre su relación con la política. ?Pero al mismo tiempo tengo claro que Néstor Kirchner fue el mejor presidente que tuvo la Argentina en los últimos cincuenta años, de los que viví cuarenta y nueve y medio, y que eso la historia lo reconocerá, lo está reconociendo?. Calamaro, que tiene un grupo de agitación poética llamado La Tropilla de la Zurda, ha dicho ya más de una vez en público que ve la vida desde una perspectiva vinculada a las teorías del marxismo.

Por unas de esas sincronías en que se empeña el destino, Calamaro estaba en México, cerca su hermana, presto a tocar allí, cuando se enteró la semana pasada de la muerte del ex presidente. Allí en caliente, casi sin usar, por ejemplo, signos de puntación, escribió el texto que sigue, que se entiende con facilidad si se le agregan los elementos de la historia contada hasta aquí en esta nota. Néstor es el texto de Calamaro que acompaña esta nota y que circula en Internet, ya que fue subido de inmediato a su blog.

No sería raro que de este texto surgiera una canción, y que esa canción fuera a parar a un próximo disco. Adagio en mi país dice, en su versión completa: ?En mi país, qué tristeza/la pobreza y el rencor/dice mi padre que ya llegará/desde el fondo del tiempo otro tiempo/y me dice que el sol brillará/sobre un pueblo que él sueña/labrando su verde solar./En mi país qué tristeza,/la pobreza y el rencor./Tú no pediste la guerra/madre tierra, yo lo sé/dice mi padre que un solo traidor/puede con mil valientes/él siente que el pueblo, en su inmenso dolor/hoy se niega a beber en la fuente/clara del honor./Tú no pediste la guerra/madre tierra, yo lo sé./En mi país somos duros,/el futuro lo dirá./Canta mi pueblo una canción de paz/detrás de cada puerta/está alerta mi pueblo/y ya nadie podrá/silenciar su canción/y mañana también cantará./En mi país somos duros/el futuro lo dirá./En mi país, qué tibieza,/cuando empieza a amanecer./Dice mi pueblo que puede leer/en su mano de obrero el destino/y que no hay adivino ni rey/que le pueda marcar el camino/que va a recorrer/En mi país, qué tibieza/cuando empieza a amanecer?.

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