Los conflictos endémicos de África
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Los sangrientos disturbios en Costa de Marfil han vuelto a poner en el primer plano de actualidad al olvidado continente africano y con él a toda una serie de inestabilidades y conflictos endémicos que bloquean todo tipo de desarrollo social, político y económico.

 En África se están produciendo dos fenómenos dispares y contrapuestos. Por una parte, en los últimos meses en varios países existen elecciones parlamentarias y presidenciales. Por otra, perviven unos conflictos abiertos, que no acaban de resolverse, y otros, como el de Costa de Marfil, que se enconan.


Esta paradoja se acentúa si observamos que, sobre el papel, no hay ninguna guerra abierta. Se han alcanzado acuerdos de alto el fuego y de paz entre el Norte y el Sur de Sudán; pero prevalece el conflicto en Darfur. En la República Democrática de Congo se ha constituido un gobierno de transición, integrado por el partido del presidente Joseph Kabila, los partidos de oposición y las fuerzas rebeldes; pero siguen combates intermitentes en el noreste del país. En Somalia se ha llegado a un acuerdo para elegir un Parlamento de 275 miembros y a un presidente interino, Abdullahi Yusuf; pero continúa la secesión de Somaliland y Puntland.

El último ejemplo de esta saga de países en crisis es Costa de Marfil. El 4 de noviembre aviones y helicópteros del ejército regular bombardearon las ciudades de Buaké y de Korogho, plazas fuertes de las fuerzas rebeldes, con el objetivo de reconquistar el norte y lograr la unificación de Costa de Marfil. En el ataque murieron nueve soldados franceses, integrantes de las fuerzas de interposición, y un civil norteamericano.

La respuesta del Ejército francés fue contundente: destruyó dos bombarderos y tres helicópteros costamarfileños, ocupó el aeropuerto de Abiyán, bombardeó el palacio presidencial de Yamusukro y disparó contra miles de encolerizados manifestantes que asaltaron locales y oficinas de franceses. Hubo 64 muertos muertos y más de 1.000 heridos civiles.

Choque Francia-Costa de Marfil

La cuestión de fondo es cómo se ha llegado a este desencuentro entre Costa de Marfil y Francia, si tenemos en cuenta que el país africano ha sido, hasta hace poco, la joya de las antiguas colonias francesas, un país rico, modelo de desarrollo y de estabilidad en el África Occidental. La clave se encuentra en estas declaraciones de Laurent De Bai, portavoz de la Embajada de Costa de Marfil en Italia: «Costa de Marfil proclamó su independencia el 7 de agosto de 1960, pero el 6 de noviembre se puede considerar la fecha de la verdadera descolonización. El papel de los militares franceses tenía que ser la defensa de Costa de Marfil, pero no lo han hecho».

Estas palabras amargas han mostrado el sentir de muchísimos costamarfileños que se han visto traicionados, una vez más por Francia, a la que se considera responsable de armar a los rebeldes y de la división del país desde septiembre de 2002.

Al día siguiente de las declaraciones de Laurent De Bai, los obispos de Costa de Marfil publicaron una declaración no menos contundente. Después de asegurar que «desde el sábado 6 de noviembre de 2004, nuestro país vive una de las situaciones más dramáticas y trágicas de su historia, aluden a otra declaración que hicieron el 21 de febrero, en la que -dicen textualmente- «nos inquietábamos a propósito del papel ambiguo, zigzagueante y confuso de las autoridades francesas y nos planteábamos la siguiente pregunta: ¿Por qué Francia se presta a este doble juego? ¿Acaso para defender sus intereses? ¿Es conveniente colocar el interés particular de las empresas multinacionales, aunque dispongan de poderosos medios financieros, por encima del interés de una nación, de un pueblo?» Y siguen diciendo: «Hoy, los hechos confirman lo que entonces señalábamos. Si no, ¿cómo comprender que un desgraciado incidente pueda incitar a una reacción de tal envergadura y tan desproporcionada por parte de Francia?»

Según los obispos, esta reacción tan desproporcionada es «la destrucción de todas las aeronaves costamarfileñas, la ocupación de los aeropuertos de Abiyán y Yamusukro, el bombardeo del palacio presidencial de Yamusukro, el despliegue de carros de combate en la ciudad de Abiyán, los disparos con balas reales sobre niños, jóvenes y mujeres con las manos vacías que sólo buscan la paz y la reunificación de su país; son numerosos los que han encontrado la muerte o han sido heridos. Nuestros hospitales y nuestras morgues se encuentran hoy desbordadas».

A la vista de estos hechos, los obispos se preguntan; «¿Debemos pensar hoy que la intención no confesada no era más que la de desestabilizar Costa de Marfil y reducir de nuevo este país a una colonia francesa?»

Éste es el verdadero trasfondo del conflicto en este país africano, que empezó a gestarse en el año 2000, cuando finalizaron los acuerdos económicos firmados en 1960 entre Francia y Costa de Marfil. El presidente costamarfileño se propuso renovar las concesiones de explotación económica después de 40 años de monopolio económico francés y abrir las inversiones a Estados Unidos, China y otros países asiáticos. Esto enojó a Francia, porque, además, se empezaban a descubrir yacimientos de petróleo en aguas jurisdiccionales costamarfileñas, en pleno Golfo de Guinea, considerado con toda razón el «Golfo Pérsico africano».

Lo sucedido en Costa de Marfil pone de manifiesto que ya nada va a ser igual entre este país y Francia. Se acabó la luna de miel franco-costamarfileña, por más que a Francia le cueste entenderlo, y puede ser el síntoma del fin del imperio francés en el África centro-occidental.

Sudán Meridional y Darfur

En rigor y a tenor de los acuerdos firmados, ni en Sudán ni en los Grandes Lagos hay guerras abiertas. Pero la realidad va por otros derroteros. En la ciudad keniana de Naivasha se firmó el pasado 26 de mayo el acuerdo de paz entre el Norte y el Sur de Sudán, después de 21 años de guerra civil. En los acuerdos de paz se perfila la creación de un Gobierno compartido entre el Norte y el Sur durante seis años y medio, aunque el sur gozará de amplia autonomía. Durante los años de transición no habrá un ejército unificado;habrá despliegue militar de ambos ejércitos en todo el país, aunque no se descarta que haya algunas fuerzas unificadas.

El nuevo Gobierno deberá preparar la redacción de la nueva Constitución para un período transitorio. El Sur tendrá una autonomía durante seis años y posteriormente habrá un referéndum para determinar el futuro político de la región: secesión o integración en un Sudán único.

Mientras se cocinaban estos acuerdos estalló el conflicto de Darfur, una región del oeste sudanés, colindante con Chad. La guerra en Darfur ha causado ya miles de muertos, un millón de desplazados internos, 150.000 refugiados en Chad, casas y campos incendiados y robo de ganado. En esta región convivían desde hace varios siglos pueblos africanos sedentarios dedicados a la agricultura y tribus nómadas arabizadas dedicadas al pastoreo.

Hubo siempre tensiones entre ambos grupos por los pastos, el cultivo de la tierra y los pozos de agua; pero los pactos entre los jefes tradicionales lograron mantener cierto entendimiento, para evitar inútiles enfrentamientos y derramamiento de sangre. Este pacto de no agresión se mantuvo hasta los años ochenta. Con las armas conseguidas durante el conflicto entre Chad y Libia, las tribus nómadas arabizadas se dieron al saqueo de los bienes de los pueblos negroafricanos con el consentimiento y el apoyo logístico del gobierno sudanés. La región quedó arruinada económicamente.

Los Grandes Lagos

También en la región de los Grandes Lagos se han alcanzado acuerdos de paz, después de varios años de inestabilidad, guerras horrorosas, como la de Ruanda en 1994 -con más de medio millón de muertos-, conflictos como el de Burundi desde 1993 -con más de 300.000 muertos- y el caso singular de la República Democrática de Congo, el antiguo Zaire. Formalmente, Ruanda es un país estabilizado bajo el mando la minoría tutsi, que ha hecho del holocausto ruandés la razón de su hegemonía política y económica. En Burundi se ha logrado mantener un gobierno de transición primero presidido por un tutsi, el general Pierre Buyoya. y después por el hutu Domitien Ndayizeye.

El proceso de paz en Burundi lleva en marcha tres años, y no está siendo nada fácil llegar al sosegado puerto de la estabilidad democrática. Hay dos factores que lo impiden, uno de orden interno y otro de orden externo. Por lo que respecta al de orden interno, no se ha conseguido meter en este proceso a todos los movimientos rebeldes; el más violento de ellos, las Fuerzas Nacionales de Liberación, está integrado por hutus radicales, y se ha negado a participar en lo que ellos consideran una traición a la mayoría hutu. El factor de orden externo, está relacionado con lo que sucede en la Región de los Grandes Lagos, sobre todo en la República Democrática de Congo, un país en el que deberá haber elecciones democráticas el próximo año.

En la República Democrática de Congo existe, como en Burundi, un gobierno de transición que preside Joseph Kabila, que ascendió al poder después del asesinato de su padre, Laurent Desiré Kabila, el 16 de enero de 2001. En este gobierno de transición figuran miembros de los partidos de oposición y dirigentes de antiguos movimientos rebeldes congoleños.

También desde un punto de vista formal, hay paz en Congo desde el verano del año pasado, después de cinco años de una guerra promovida desde Uganda y desde Ruanda, con el objetivo de apropiarse de los inmensos recursos mineros congoleños. Nunca en África se había producido un expolio de recursos de esa magnitud, y menos todavía por obra de otros países africanos, en connivencia con las multinacionales.

Petróleo y diamantes

En un informe de expertos de la ONU en el año 2001 sobre lo que sucedía en la República Democrática de Congo, se acusó sin ambages, principalmente a Uganda y Ruanda, de «un expolio a gran escala de recursos naturales y su explotación sistemática».

Como sucedió en Angola con el petróleo y los diamantes, la invasión congoleña se prolongó debido a sus recursos. Y de esta prolongación son responsables a partes iguales las multinacionales, Ruanda y Uganda y los llamados rebeldes. Lo trágico del asunto es que en la República Democrática de Congo han muerto más de cuatro millones de personas.

Estos son los países africanos más inestables. Existen otras zonas conflictivas, como el norte de Uganda, donde el grupo guerrillero Movimiento de Resistencia del Señor asalta, secuestra y asesina a personas civiles desde hace casi dos décadas, lo que ha causado más de medio millón de desplazados.

Hay problemas de inseguridad en Sierra Leona, Liberia, Guinea-Bissau, Somalia, Etiopía, República Centroafricana, norte y sur de Nigeria, Zimbabue y norte de Chad. Se ha extendido el tráfico de armas, excedentes de las largas y atroces guerras civiles como las de Angola, Sierra Leona y Liberia, por hablar sólo del África Occidental.

Muchos ex soldados y ex guerrilleros son reclutados en algunos países por mafias organizadas, que se convierten en auténticos bandoleros y contrabandistas de oro y diamantes o -algo cada vez más frecuente-, en traficantes de personas y asesinos para extraer órganos humanos.

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