"Lo que siguen logrando estas Madres”

En diciembre de 1977 fueron secuestradas por un grupo de tareas naval en la Iglesia de la Santa Cruz. Ayer, volvieron al templo después de 28 años de yacer como NN junto a su compañera Azucena Villaflor, en una ceremonia de testimonio y emoción

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Llegaron con sus pañuelos blancos. Dieron un largo suspiro pero no lo dudaron. Lentamente las Madres de Plaza de Mayo cruzaron el umbral de la Iglesia de la Santa Cruz, donde el 8 de diciembre de 1977 les arrancaron a sus primeras dos compañeras: Esther Ballestrino de Careaga y María Ponce de Bianco. Ayer, en ese mismo lugar, se enterraron sus restos, recientemente identificados junto con los de la fundadora de la agrupación, Azucena Villaflor de Vincenti. Una multitudinaria misa se encargó de recordarlas. Congregadas en un emotivo y único adiós, miles de personas quisieron dejar su imborrable mensaje de despedida: “Madres de la Plaza, el pueblo las abraza”.
“Luchadoras, dieron la vida por sus hijos. No pudieron vencer a la muerte, pero eran tan obstinadas que sí pudieron vencer al olvido. Y volvieron. Volvieron con el mar, como si hubieran querido dar cuenta, una vez más, de esa tenacidad que las caracterizó en vida.” Con estas palabras los hijos de las tres Madres, Azucena Villaflor de Vincenti, Esther Ballestrino de Careaga y María Ponce de Bianco, comenzaron la misa. La imponente iglesia de los padres pasionarios en el barrio de San Cristóbal parecía no cansarse de recibir los cientos de personas que a lo largo de la tarde se fueron acercando para presenciar el emotivo homenaje. Entre ellos había organismos de derechos humanos, agrupaciones sociales y diversas personalidades como el cantante Víctor Heredia y el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel. También estuvieron presentes el jefe de Gobierno porteño Aníbal Ibarra, el ministro de Educación Daniel Filmus y el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde. Minutos después de comenzada la ceremonia llegó la primera dama, Cristina Fernández de Kirchner, y casi inadvertida logró sentarse entre las últimas filas con el resto de la gente. “Es una muestra de lo que representa este día. Mirá lo que siguen logrando estas mujeres (las Madres). Hoy somos todos iguales. Hoy lo que importa es su lucha”, se animó a suspirar un chico señalando tímidamente a la senadora que en silencio seguía las palabras de los familiares.
Esther Ballestrino y María Ponce fueron secuestradas en la Iglesia de la Santa Cruz el 8 de diciembre de 1977. Estaban reunidas junto con otras madres allí delineando los detalles para sacar la primera solicitada con los nombres de sus familiares que habían sido secuestrados. El encargado de entregarlas fue el represor Alfredo Astiz, que había logrado infiltrarse en el grupo presentándose como Gustavo Niño. Aquella noche el grupo de tareas de la ESMA se llevó a once personas. Junto con las dos Madres fueron secuestrados Angela Auad, Remo Berardo, Raquel Bulit, Horacio Elbert, Julio Fondovila, Gabriel Horane, Patricia Oviedo y las monjas francesas Alice Domon y Leonie Duquet. Azucena ese día no había podido ir. Fue secuestrada dos días después en la esquina de su casa.
“Nosotros te buscamos como ustedes nos buscaron a nosotras, en aquel país que era el país de lo indecible. Yo me quedé con ganas de tu abrazo y con todas aquellas preguntas sin contestar. Y así tuvimos que buscarla en la mirada de nuestros hijos.” Con la voz entrecortada, Ana María Careaga recordó a su madre. Como ella lo hicieron hijos, nietos y familiares, cada uno con una carta distinta pero con el mismo reclamo de verdad y justicia. Luego de permanecer enterradas como NN en el Cementerio de General Valle, los restos de las tres madres, que habían sido encontrados en las costas de Santa Teresita y de San Bernardo, pudieron ser identificados entre abril y mayo. El hallazgo realizado por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) resulta de un valor fundamental para las investigaciones sobre los crímenes cometidos por el terrorismo de Estado ya que es la primera vez que logra obtenerse un registro científico completo sobre el circuito que siguieron víctimas de los “vuelos de la muerte”.
Pero la multitud de ayer no sólo recordó el nombre de las tres Madres. Cuando en medio de un gran silencio se pidió que cada uno nombre a sus familiares desaparecidos, brotaron cientos de gritos confundiéndose en el ya histórico e interminable “Presente” que no dejaba de hacer eco sobre las paredes de mármol. A ellos se unieron espontáneamente otras consignas pero fue una la que logró sobresalir sobre el resto, aquella que la misma Azucena casi treinta años atrás no se cansaba de repetirles a las madres: “Si me pasa algo ustedes sigan”.
A la mañana, en una íntima ceremonia, fueron enterrados en el jardín de la Santa Cruz los cuerpos de Esther Ballestrino y María Ponce. Mientras que los restos de Azucena serán cremados por decisión de sus familiares. Según contaron ayer, las cenizas también serán arrojadas allí para que “descanse junta a sus compañeras”. Anoche, al finalizar la misa, cada uno de los presentes pasó por el pequeño jardín de la iglesia para ofrendarles una rosa.
“La verdad nos hará libres”, rezaba una frase sobre el atrio resumiendo el espíritu que ayer se impuso durante una ceremonia en donde el reclamo de verdad y justicia no faltó un instante. Entre las lágrimas y los abrazos, el recuerdo y la memoria, se abrió paso la reivindicación por la lucha que todavía encarnan y seguirán encarnando los pañuelos blancos. Como tan bien supo resumir Marta Vásquez, de Madres Línea Fundadora: “Azucena, Esther y María fueron nuestras maestras. Creo que hemos resultado muy buenas alumnas”.

Informe: Carolina Keve

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