La soberbia de los soberbios

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En estos tiempos hay compañeros que se quedaron detenidos en la década del 70. Como si ella y la práctica política que se desarrolló, no fueran de la mano, entonces trasladan al presente experiencias del pasado en forma mecánica. Y lo que es peor se transforman en soberbios, como si tuvieran la verdad revelada por...

Un compañero, que conocí en la década del 70, solía decir para responder la postura egocéntrica de ciertas personas con una frase: “antes andaba bien, aunque ahora me he dado cuenta que soy perfecto”.

En los años que fueron desde 1970 en adelante ha pasado mucho agua bajo el puente. Y no sólo eso, sino sangre y tiempo. Todos elementos (el agua, sangre y el tiempo) que además de envejecer, supuestamente dan sabiduría.

Juntar militantes sobrevivientes de semejantes circunstancias, es algo loable. Tanto para el que los junta, como para los juntados, los convocados.

Cada uno de los sobrevivientes tiene un pasado, más o menos ligado al pueblo y sus representaciones de masas, más o menos consustanciados con las luchas populares… Cada uno de los sobrevivientes ha sufrido persecuciones, torturas escandalosas, cárceles, destierros, clandestinidad, o tiene familiares muertos o desaparecidos, en definitiva cada uno de los militantes sobrevivientes, tiene un pasado que por lo menos debe respetarse. No para vanagloria sino para simplemente saber con quién se está hablando, que ante esos militantes no corresponden las soberbias, ya que todos tienen un claro trayecto en el devenir histórico de nuestro pueblo. Son parte de los jalones de nuestra historia.

Vendría a ser que entre bomberos no nos vamos a andar pisando la manguera.

La soberbia es la madre de todas las derrotas, seguramente que sí.

La soberbia no reconoce errores. Nunca se ha equivocado un soberbio. Es una especie de “inmune” de la historia. Avanza entre las aguas más turbulentas sin ahogarse. Camina por brasas y el fuego como si tal cosa. Las balas no lo tocan porque él las sabe esquivar.

Es una percepción que autoconstruye un pedestal en el soberbio. Pedestal donde él mismo se termina subiendo.

Todos están equivocados menos él. El compañero Kirchner también, porque fue su discípulo hace 30 años y él era su jefe.

Niega el crecimiento de los compañeros. Mira la realidad “congelada” para lo que le conviene (que es decir mantener el “status quo” de los años 70 ).

Cabe la crítica al compañero Kirchner, porque precisamente el opuesto al soberbio es el obsecuente. Pero una cosa es la crítica y otra la descalificación.

Una cosa es la crítica o la opinión diferente y otra la lapidación.

Y caso contrario: “ al que no le gusta ya sabe lo que tiene que hacer”. El compañero Kirchner salió de la cárcel, se dedicó a trabajar y cuando pudo hacer política la hizo en su provincia Santa Cruz y fue concejal, luego llegó a Intendente de Río Gallegos, repitió el ciclo como tal. Llegó a Gobernador de la Provincia y luego de caminar todo el país alcanzó la Presidencia de la Nación y asombró a propios y extraños con su gestión. No sólo en Argentina, sino en América y el mundo.

La soberbia del soberbio no se sabe que representatividad logró.

La representatividad del pueblo, el ser electo por un pueblo es el objetivo primordial de la política.

Lo demás es politiquería y (por lo menos) calza justo a las posturas elitistas.

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