"Las
democracias están en guerra contra los pobres"
Entrevista a ALAIN BADIOU
por HECTOR PAVON
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Mar de Ajó (el diarito) Prensa Popular
—Usted señala en "Circunstancias" que
la crítica a los filósofos radica en que: "el verdadero reproche es que,
en definitiva, exclusivamente preocupados por afirmar los caminos de la salvación
que pretenden detentar, ellos no muestran ningún interés por los sufrimientos
de la humanidad ni se preocupan por las víctimas. En suma: siguen filosofando
como si no pasara nada, 'después de Auschwitz'". Entonces, ¿Se puede
seguir filosofando después del 11 de septiembre, la invasión a Irak, las
torturas y los atentados en Rusia?
- —¡Pero esa pregunta no puede tener sentido! La filosofía existe porque
hay crisis, guerras, revoluciones y catástrofes. La filosofía existe siempre
en condiciones más o menos dramáticas. Trata, precisamente, de pensar el
drama, el horror, al mismo tiempo que la paz y la alegría. La filosofía no
tiene límites. Su único tema es la verdad, y ese tema no admite límite
alguno.
- —En "Circunstancias", usted cita al
ensayista Alain Peyrefitte en la ocasión en la que dijo a los socialistas
franceses, que estaban en el poder desde 1981, que ellos habían sido elegidos
"para cambiar el gobierno y no la sociedad." ¿Los intelectuales
franceses, en particular, y del resto del mundo en general, pueden desempeñar
un papel de observadores activos de la democracia y del funcionamiento de sus
gobiernos?
- —No veo por qué el intelectual debería ser un "observador".
Tiene que ser un actor, un militante de la verdad, un combatiente. La ideología
del "espectador", que se encuentra en la filosofía política de
Hannah Arendt, es muy discutible. No somos testigos del mundo; tenemos que
incorporarnos al devenir, con frecuencia paradójico y violento, de las
verdades, ya sea que esas verdades sean políticas, artísticas, amorosas o
científicas.
- —¿Pero usted cree que en la actualidad, la
sociedad escucha al intelectual? ¿Lo tiene en cuenta? ¿Los intelectuales van
por el mismo camino que transita la sociedad?
- —El intelectual forma parte de la sociedad; no es un elemento extraño
ni externo. Tiene que hablar, intervenir, actuar, según principios. Es
necesario decir sin reservas ni cálculos lo que se piensa. Una verdad siempre
hace su camino, aunque ese camino sea lento y tortuoso. No tenemos que
"calcular" nuestro público, como lo hace la televisión. No somos
comerciantes de ideas. Si los "intelectuales" quieren que su
pensamiento sea activo, deben seguir un viejo consejo de Mao Tse Tung: unirse a
las masas, organizar a los obreros, a los empleados, a los pobres. No hay que
limitarse a estar entre ellos, ni creer que las ideas de la pequeña burguesía
son las de todo el mundo.
Algunos de los acontecimientos franceses que Badiou ha analizado en este libro
son la democracia, las elecciones presidenciales francesas de 2002 y la actitud
de los socialistas que terminaron votando a Jacques Chirac para evitar el
ascenso del ultraderechista Jean Marie Le Pen. Además también ha trabajado
sobre el "cuestionable" valor simbólico y/o concreto del voto.
- —¿Los socialistas franceses se arrepienten de
haber votado a Chirac?
- —¡Pregúnteselo a los socialistas! Yo combato al partido socialista
francés reaccionario desde mi juventud, cuando ese partido dirigía la guerra
colonial en Argelia. No me interesan los dilemas espirituales de los
socialistas.
- —¿Usted cree que hay una importante brecha entre
el deseo del votante y su correlato en la realidad, y que eso implica una
desilusión para el que ha sufragado y después no se siente representado por
los elegidos?
- —El votante reemplaza a un equipo de gobierno por otro dentro de límites
muy estrechos. Debería saber que nunca en ningún lugar el voto provocó un
cambio radical. No se puede esperar del voto más de lo que puede dar, que es
muy poco.
- —¿Es posible esperar de la democracia algunas
soluciones concretas para equilibrar un mundo tan desigual e inequitativo?
- —¿A qué llama "democracia"?
- —A la voluntad de un pueblo para elegir un
gobierno, vivir en libertad, protestar, ejercer sus derechos...
- —Me parece que es evidente que las "democracias" como la de
los Estados Unidos o la de Gran Bretaña, o también la de otros países
europeos, son los regímenes políticos del imperialismo contemporáneo. No se
puede esperar nada de la forma "democrática" de esos Estados que
practican la invasión, el bombardeo, el crimen de masas. En realidad, en la
actualidad las "democracias" organizan una guerra implacable contra
todos los pobres del planeta. El camino es crear una política completamente
ajena a esa presunta "democracia". Al ver la propaganda que hace el
Estado de Israel, a todas luces colonial y militarista, que se presenta como
"el único Estado democrático de Medio Oriente", la única idea
posible es criticar a fondo semejante "democracia".
- —¿Es posible que la democracia sea un bien
exportable como han pretendido los Estados Unidos llevándola a Irak o Afganistán
con sus tropas de ocupación?
- —Los Estados Unidos, y en última instancia todos los Estados
occidentales, quieren llevar la democracia a los pueblos del mundo exactamente
de la misma forma en que los conquistadores pretendían llevar "la
verdadera religión" a los indios. Detrás de los militares siempre hay
misioneros. Después de matar, se convierte. Que la religión actual sea la
"democracia" no cambia las cosas.
- —¿Cuando en la actualidad se usa la palabra
terrorismo se lo hace para incluir y excluir, para definir quién es amigo y quién
enemigo?
- —La palabra "terrorismo" siempre se usó para designar a los
enemigos de los ejércitos de ocupación. Durante la ocupación nazi de Francia,
se calificaba de "terroristas" a los miembros de la resistencia. En la
actualidad se utiliza esa palabra para designar, por un lado, a los autores de
crímenes masivos (como en el caso de Nueva York o Madrid) y, por otro, a los
que resisten la invasión y la ocupación estadounidense (como en Bagdad o
Kabul), o también a la resistencia palestina. La palabra
"terrorista", entonces, es claramente una palabra de propaganda de los
gobiernos y los medios. Trato de no utilizar esa palabra.
- —Gobiernos e intelectuales, que trabajan para
ellos, clasifican como terroristas tanto a movimientos fundamentalistas como a
los que luchan por sus derechos en cualquier lugar del planeta. ¿Cuántas
clasificaciones son necesarias para entender qué es terrorismo y qué no lo es?
- —El análisis político no debe usar la palabra "terrorismo"
sin una referencia precisa a la situación. No hay que confundir
"terrorismo" y "resistencia" (en Irak, en Afganistán o en
Palestina). Sólo puede calificarse de "terroristas" a aquellos
atentados que se cometen en las zonas de paz civil, pero atacar a un ejército
de ocupación en una situación de invasión militar (Irak) o de ocupación
colonial (Palestina) es un deber político, de ningún modo una actividad
"terrorista".
- —¿Cuál es la composición del
"nosotros" que combate el terrorismo? ¿Comprende a los gobiernos? ¿O
es una lucha de la sociedad civil?
- —No hay "un" enemigo, ni tampoco "un" terrorismo. Sólo
hay situaciones concretas. Nueva York, Madrid, Bagdad, Pristina, Jerusalén...
Todas esas situaciones políticas son distintas y exigen diferentes
apreciaciones. Palabras como "terrorismo", "islamismo" o
"crímenes contra los derechos humanos" sólo están destinadas a
confundir todas las situaciones y a crear una suerte de estupidez política
internacional.
- —En su nuevo libro Michael Hardt y Antonio Negri
("Multitude, war and democracy in the age of empire") sostienen que ésta
es la era de la guerra permanente. ¿Coincide con esa tesis? Si es así,
entonces, ¿no hay paz posible?
- —¡Pero si desde 1914 la guerra nunca terminó! Hubo guerras coloniales
terribles, como la de Marruecos en los años 20, guerras civiles como la española,
la larga guerra revolucionaria china, que se prolongó desde 1920 hasta 1949,
una guerra mundial y también guerras incesantes en Corea, Argelia, Vietnam,
guerras revolucionarias en América latina, como en Cuba o en Bolivia, o los años
de "guerra sucia" que lanzaron las dictaduras contra la sociedad política
en Chile o en la Argentina, y también en Panamá, Yugoslavia, Irak... Y eso sin
tener en cuenta las horrendas guerras civiles que tuvieron lugar en Africa
durante décadas, así como una serie de otros conflictos en todo el mundo. ¡Las
guerras posteriores a la última guerra mundial causaron muchas más muertes que
esa guerra mundial! De hecho, la afirmación de Jaurès "el imperialismo es
la guerra" sigue siendo completamente válida a pesar de que las formas de
la guerra hayan cambiado porque las formas de la política cambiaron.
- —Quienes defienden las virtudes de los procesos de
globalización económica y cultural dicen que esta situación conecta y puede
igualar a todo el mundo democráticamente. ¿Acaso Africa y América latina
viven en el mismo mundo que lideran Estados Unidos y Europa?
- —El problema no pasa por saber si hay un mundo, dos o tres. El problema
es: ¿qué mundo? Los pueblos del mundo deben unirse contra el (o los) mundo(s)
que el capitalismo desenfrenado y su cómplice ideológico, la
"democracia", instalan en todo el planeta por la fuerza de las armas o
el poder de la mercancía.
- —¿Todavía se puede esperar una situación que
pueda calificarse como revolucionaria? ¿Puede existir una instancia de cambio
profundo en la sociedad mundial? ¿O vivimos en la era posmoderna del vacío,
del escepticismo donde ya todo ha sido dicho y se hizo y no hay nada que pueda
hacerse para generar el cambio?
- —Existe una nueva política, y también existe el pensamiento de esa política.
La palabra "revolución" no es más que una de las palabras de la política.
Lo que importa es la unión de las masas, la organización de las fuerzas
populares en torno de principios, la independencia total del pensamiento, lo que
llamamos política sin partido, y una acción política prolongada, paciente,
completamente ajena a los mecanismos oficiales de la democracia.
En el libro ¿Se puede pensar la política? (Nueva
Visión), Badiou sostenía la necesidad de que la filosofía recuperara el
espacio de la reflexión política. El texto, de 1985, avizora, en alguna
medida, los cambios que se advertían en el horizonte socialista. Allí escribió:
"Lo que está en juego no es nada menos que la posibilidad de la filosofía
de contribuir al mantenimiento de la política en el orden de lo pensable, y a
la salvación de la imagen de ser que tiene, contra los automatismos de lo
indiferenciado. El movimiento consiste en proponer, contra el registro simple
del abandono, mi propia vía en cuanto a la destrucción del marxismo, y de tal
modo entrar, preservado de una decadencia, en los axiomas de la recomposición
política".
- —¿Los movimientos de resistencia global y sus
nuevas formas de lucha constituyen el comienzo de un proceso revolucionario que
pueda alterar el orden capitalista?
- —Ninguna política de liberación puede ni debe definirse por la
negativa. No me gusta la palabra resistencia. Nosotros no
"resistimos", sino que creamos otra cosa, otro pensamiento, otra práctica,
organizada y perdurable, que controla sus propios tiempos. ¿A qué se refiere
usted con el nombre de resistencia global? ¿A los movimientos
"altermundialistas"? ¿A la visión de Negri? Todo eso, a mis ojos, es
muy débil en términos políticos. Es la vieja idea de los movimientos de
revuelta. Ni siquiera son capaces de generar sus propios encuentros. ¡Van
adonde se reúnen los poderosos para protestar! ¡Todo eso es viejo y no tiene
verdadera poesía! ¿Dónde ve usted nuevas formas de lucha?
- —Hay grandes movimientos unidos por redes
internacionales que intentan contraponerse al poder del capital...
- —Las manifestaciones más o menos violentas que protagonizan sobre todo
jóvenes marginales son algo tan viejo como el mundo político. La idea de
"resistencia" significa que la política (a menudo llamada biopolítica)
no es sino el principio constitutivo oculto de la propia innovación
capitalista. En el fondo, Negri y sus seguidores ven la nueva política en todas
partes, nuevas formas de lucha en la más mínima reunión reformista, porque
creen que la resistencia es el reverso inevitable del desarrollo. Es evidente
que no hay más que una fuerza vital, y el que cree que la política es la vida,
o las "nuevas formas de vida", es porque tiene una doctrina unitaria
del Capital y de la resistencia al Capital. Toda invención política nunca es
"global" sino que, por el contrario, está situada, es local,
experimental. Hay que proteger y profundizar constantemente su exterioridad a
las leyes "democráticas". Dado que es la esencia de la política de
liberación, no es del todo "la vida"; es un pensamiento que toma un
cuerpo popular. En realidad, toda invención política es una ruptura subjetiva.
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