| Sobre "LA
REVOLUCIÓN PERDIDA: MEMORIAS 3"
de Ernesto Cardenal |
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| "Y siento un no sé qué al ver tantos rostros felices en estas fotos. ¿Qué habrá sido de ellos?" 'Toda revolución nos acerca al Reino de los Cielos aún una revolución perdida. Habrá más revoluciones'.
No es menos cierto que rescata del olvido -¿30 años?- otras facetas de la revolución sandinista; la de los nada anónimos que, sin heroísmo ni esperanza y con vileza la combatieron (1), y la de los anónimos que ni heroizaron ni esperanzaron. Por lo segundo, Cardenal no omite matices de la sociedad nicaragüense, aunque con un punto de regañadientes: "... se nos hacía difícil criticar la revolución porque había tantas cosas buenas en ella" (p. 405). Pero no por eso olvida que también las sociedades humanas están hechas de personitas humanas, y ello tiene un peso. Anota por ejemplo: "El corte de algodón es durisimo, y como la revolución mejoró la situación de los campesinos, la mayoría ya no lo quería cortar, y tenía que hacerse con trabajo voluntario ... venían de todas las partes del mundo, aunque el coste del pasaje del avión era mayor que lo que aportaban cortando café" (p. 423/424). No solo entran estos hechos -¿anecdóticos?-. Tampoco omite cómo el desarrollo de la revolución no evitó que las simpatías de parte de sus presuntos beneficiarios se dirigiesen a la abominable ’Contra’, fuerza antisandinista financiada por E.U.A., o el papel del peso humano en la derrota electoral de la revolución sandinista: "Todas las predicciones y las encuestas daban al frente sandinista una victoria del 15% [frente a otros siete partidos]... el cambio fue a ultima hora, cuando un sector no muy grande de la población fue influido por las declaraciones de Bush [padre], y se resignó a elegir otro gobierno, rendido por cansancio y por hambre" (p.463). Para una valoración de cómo se rinde ’por cansancio y por hombre’, el valor del libro está en que, con estilo conciso, pone nombre, cuerpo y sentimiento a un coste humano que dejó paso a la sombra de una realidad inquietante: el peso principal del sistema capitalista no estaría en fuerza y dolor, sino en acosar con desabastecimiento y cansancio a los disidentes. Cardenal -y otros muchos- nos han honrado contando la ola de represión, miedo y dolor que cayo sobre la población antecediendo a la revolución, la enorme magnitud de la represión que respondía a la rebelión, y sin embargo, todo eso no impidió que los acontecimientos evolucionasen así: "Después del fracaso de la primera insurrección vino una segunda, con más fuerza, y así pues nadie se desanimo. Al año fue la segunda insurrección, mucho más grande, y que también fracasó; supimos que habría una tercera mayor, y menos de un año después fue la tercera insurrección, que fue la del triunfo... Para la segunda insurrección, las tres tendencias del Frente Sandinista lucharon, aunque todavía sin unirse; en la tercera, que fue la del triunfo, ya se habían fusionado", p. 45. Aunque no soy nadie para conclusiones, cabe concluir de la lectura del libro de Cardenal que si así fueron las cosas, ni la fuerza ni el dolor pueden frenar una insurrección, pues hubo tanto de ambos que ninguna había tenido lugar -quizás, impúdicamente, pueda tomarse como emblemática la historia que cuenta en las p. 180/181-. Más eficacia que las propuestas brutales hechas reales, resulto ser el acoso a la seguridad material; la capacidad de evitar que el gobierno sandinista, una vez hecha la revolución, jugase un papel de abastecedor. "Lo que Estados Unidos se había propuesto era destruir la revolución de Nicaragua. Para eso hicieron bloqueo económico, boicot comercial, minado de puertos, sabotajes, y una vasta campaña publicitaria... Destruían los plantíos y las instalaciones agrícolas, interrumpían la recolección de café, hundían las embarcaciones de pesca, minaban los puertos. Hacían que se desviasen para la defensa los recursos para la educación, salud, bienestar social, construcción de viviendas, carreteras y caminos. Y, en fin, retrasaban los programas de la revolución... El coste de la agresión no se puede calcular. Se podría calcular el coste de un barco de pesca hundido, pero no de lo que ese barco dejó de pescar. El costo de un puente dinamitado, pero no de todo lo que dejo de pasar por ese puente. ¿Y el coste de la muerte de un trabajador, de una muchacha, de un niño?... La guerra de la Contra era para hacerla vida más miserable y en gran medida lo logró", p. 432. Si el fracaso de la revolución se mide en la incapacidad de proporcionar programas, resulta difícil entonces imponerse a los ya cuarteados profesionales en la cumbre. El mundo es muy pequeño para que haya dos factorías de bienestar que el dinero puede comprar (2), y la que ya existe anda sobrada de reservas y mañas como para ser desbancada por aficionados bienintencionados, sobrada para hacer creíbles propuestas de solución económica -y para brutales juegos de manos que desacreditan a las alternativas-; sobrada para lograr con el miedo al desabastecimiento y al cansancio lo que no logra con otros. Ante esto, los sandinistas no optaron, según cuenta Cardenal, por transcender la fragilidad humana con sacrificios numantinos de la libertad ajena y propia, cumpliendo misiones ’históricas’ de ’sepultar el capitalismo’. En vez de atrincherarse en ese papel, convocaron elecciones que perdieron. "Muchos llegamos a la conclusión de que fue mejor que hubiéramos perdido unas elecciones y entregado el poder honrosamente, en vez de ser derrocados por el pueblo de forma vergonzosa; porque la crisis económica que teníamos el Frente Sandinista no la iba a poder resolver, dado que no cesaría el acoso de los Estados Unidos", p. 465. "En realidad el Frente Sandinista se había propuesto hacer unas elecciones justas, libres y honestas, y fueron tan libres, tan justas y honestas, que las perdió. La democracia significa la posibilidad de perder unas elecciones. Unas elecciones en las que un Partido jamás pudiera perderlas, no serían jamás unas elecciones libres, serían unas elecciones falsas de una falsa democracia. La revolución de Nicaragua ganó perdiendo unas elecciones. Dejo de ser una revolución en el poder para pasar a ser una revolución democrática en la oposición", p. 462. Hasta nos incluye Cardenal una reflexión sobre lo oportuno que podría haber sido hacer fraude para perder las elecciones y obtener así autoridad moral desde la que ejercer el poder de base (p. 464), reflexión que los empollones de la primera fila de barricadas tildarían de ’mártir’. En cualquier caso, reconoce que lo importante no es "el poder ejecutivo", sino "seguir gobernando desde abajo" -p. 462- (3) Sin embargo, estuviese donde estuviese lo importante, la perdida fue más grande de lo esperado, extendiéndose al título del libro. "Ahora la mayor parte de los jóvenes de Nicaragua, con la revolución perdida, han quedado apáticos, desencantados, apolíticos, sin creer en líderes, ni en partidos, ni en ideologías", p. 471. Y es que "Una razón más que hemos tenido también después para alegrarnos de la perdida de la revolución, y fue ver la corrupción en la que han caído los principales dirigentes", p. 465, so capa de garantizar la financiación del Partido (p. 469/470). Pero sobre esto, que no cito aquí como mantra que justifique la inacción, ni para dejarnos pensando que ’todo es la misma babosada’. Cardenal, quien fue ministro de Cultura sandinista tras el derrocamiento del dictador Anastasio Somoza en julio de 1979, deja traslucir nostalgia por una época que fue esperanzadora, así como amargura por "La revolución
perdida", como tituló su libro. Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), entre ellos el ex presidente Daniel Ortega, tras la derrota electoral de
1990. presidenta Violeta Barrios de Chamorro (1990-1996), en el primero de sus tres reveses electorales sucesivos ante
candidatos de derecha. hostilidad estadounidense, que impuso un embargo económico al tiempo que financió, armó y entrenó a los rebeldes
"contras" para combatirlo. algunos
dirigentes sandinistas se repartieron bienes en una "piñata" inmoral,
sostiene Cardenal. ella, haciendo que la revolución dejara de ser revolución", leyó Cardenal de su libro, presentado recientemente en Managua. inició en 1998 con "Vida Perdida", que incluye su tardía conversión religiosa, y continúa con "Insulas extrañas", sobre su retiro en la isla Solentiname, en el lago Cocibolca. "Vida Perdida" e "Insulas extrañas" han sido publicados en
México por el Fondo de Cultura Económica, que también editaría el último
tomo de la trilogía. más destacados de Latinoamérica y el de mayor relevancia (entre los bardos vivos) en Nicaragua, donde inauguró la corriente
del exteriorismo, una poesía con carácter narrativo y anecdótico. por los pobres de Latinoamérica-- participaron en el gobierno sandinista, lo que los llevó a enfrentarse con el Vaticano. en Managua al sacerdote Cardenal, que con su eterna barba blanca y entre los ministros de gobierno vestía sus
infaltables boina negra, camisa blanca y pantalones vaqueros. la Iglesia" como en otros países de la región, entre ellos El Salvador, donde fue asesinado en 1980 el arzobispo
Oscar Romero, dijo Cardenal al evocar el episodio. lo interrumpía
y le pedía oraciones por la paz y por 17 jóvenes muertos en un ataque de los
irregulares "contras". de Gethsemany,
en Kentucky, Estados Unidos, donde cultivó amistad con su maestro de
noviciado, el monje y poeta Thomas Merton (1915-1968). en Colombia antes de ordenarse sacerdote. Entre su obra poética destacan "Gethsemany Ky" (1960), "Epigramas" (1961), "Salmos" (1964), "Oración por Marilyn Monroe" (1965), "El estrecho dudoso" (1966), "Homenaje a los indios americanos" (1969), "Canto Nacional" (1972), "Oráculo sobre Managua (1973) y "Canto Cósmico" (1989). Además, Cardenal escribió en prosa "Vida en el amor" (1966), "En Cuba" (1970) y "El evangelio de Solentiname" (1985). |
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