Sobre "LA REVOLUCIÓN PERDIDA: MEMORIAS 3"

de Ernesto CardenalErnesto Cardenal, la Revolución Perdida
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"Y siento un no sé qué al ver tantos rostros felices en estas fotos. ¿Qué habrá sido de ellos?"

'Toda revolución nos acerca al Reino de los Cielos aún una revolución perdida. Habrá más revoluciones'.

En este tercer libro Cardenal, nos relata los días difíciles y maravillosos de la revolución nicaragüense de 1979. Nos

cuenta los pormenores de la lucha juvenil contra la siniestra dictadura de los Somozas, y nos lleva por los caminos de la

gestación de la revolución, nos recrea su triunfo 'la fiesta de un pueblo que en sus quinientos años de historia nunca había

 tenido', nos cuenta además diversos aspectos del gobierno del Frente Sandinista, para culminar con la intervención norteamericana y los días agrio de la derrota electoral sufrida en 1990.

 
Sin embargo el libro 'La Revolución Perdida' nos lleva más allá de lo que significa conocer los entretelones históricos y los diversos planos de las relaciones personales que se tejen en el proceso revolucionario, además de entregar un bosquejo del escenario político internacional. del momento junto a sus actores más destacados (Juan Pablo II, Ronald Reagan, Fidel

Castro, Khomeini) .

 
Además Ernesto Cardenal recobra del olvido a aquellos que jugaron un papel importante desde el anonimato y que, con su muerte, su heroísmo y su esperanza, fueron los verdaderos constructores de la utopía, iluminando su humanidad con verdadero dramatismo, a la vez con un gran candor y apasionada ternura. La historia de esos momentos trascendentales es descrita por Cardenal a la luz de su conexión más intima con la teología de la liberación, lo cual le lleva a escribir al final de su creación literaria las siguientes líneas que reflejan su espíritu rebelde y profundamente cristiano: 'Toda revolución nos acerca al Reino de los Cielos aún una revolución perdida. Habrá más revoluciones'.
 
En declaraciones para la prensa española, al preguntare porque se perdió la revolución sandinista, Cardenal respondía: 'La revolución se pierde por la injerencia norteamericana por la guerra que hicieron las administraciones de Reagan y de Bush, el bloqueo económico y la prohibición del comercio de Nicaragua con EE.UU, esto hizo que en las elecciones venciera la oposición. Además de que, tres días antes de los comicios, Bush advirtió de que si ganaban los sandinistas todo seguiría igual

por parte de los Estados Unidos. Tras las elecciones los principales líderes sandinistas hicieron una gran repartición de bienes”.

 

Un periodista al preguntarle si existía alguna verdadera revolución en Iberoamérica, éste respondía: 'La hay en Venezuela, pero esta silenciada por los medios que presentan a Chavez como una figura cómica o como un tirano. Él está haciendo una gran transformación en alfabetización, educación, salud, vivienda…Gente que antes no podía ir a la Universidad ahora la tiene gratis. Pero las grandes empresas de la información censuran cierta información'.

Como el tema cubano no puede estar ausente de cierta prensa, cuyo objetivo central es realizar de forma periódica una

campaña en contra de Fidel Castro y la revolución cubana, y el presunto papel represivo contra la 'disidencia', Cardenal en su respuesta ha sido categórico …'Las transnacionales de la información inventaron llamar disidentes a los conspiradores cubanos. En todo el mundo se apresa a los conspiradores. Estos son conspiradores a sueldo de los intereses norteamericanos. Los

medios llaman disidentes a los conspiradores y liberación a la invasión de un país, y al terrorismo que ellos hacen lo llaman antiterrorismo, ya que no quieren que se conozca la verdad de los países que se intentan liberar del sistema de explotación'.

 
Ernesto Cardenal nació en 1925 en la ciudad de Granada, que queda ubicada a 45 kilómetros al sur de la ciudad de Managua

 y forma parte de la corriente poética denominada del exteriorismo el poeta ha sido condecorado con la Orden José Martí,

por su respaldo a la Revolución Cubana. Al momento de recibir dicha distinción, expresó: 'la isla es el único país en rebeldía contra el imperialismo, pronosticando el nacimiento de una nueva revolución a partir del movimiento antiglobalización contra el neoliberalismo. Vislumbramos con esperanza afirmó, los albores de una nueva revolución que se viene levantando en toda la Tierra, los miles de jóvenes que protestan contra la guerra, el neoliberalismo y la globalización y anuncian que otro mundo es posible'.

 

No es menos cierto que rescata del olvido -¿30 años?- otras facetas de la revolución sandinista; la de los nada anónimos que,

sin heroísmo ni esperanza y con vileza la combatieron (1), y la de los anónimos que ni heroizaron ni esperanzaron.

 Por lo segundo, Cardenal no omite matices de la sociedad nicaragüense, aunque con un punto de regañadientes: "... se nos

hacía difícil criticar la revolución porque había tantas cosas buenas en ella" (p. 405).

Pero no por eso olvida que también las sociedades humanas están hechas de personitas humanas, y ello tiene un peso. Anota

por ejemplo: "El corte de algodón es durisimo, y como la revolución mejoró la situación de los campesinos, la mayoría ya

no lo quería cortar, y tenía que hacerse con trabajo voluntario ... venían de todas las partes del mundo, aunque el coste

del pasaje del avión era mayor que lo que aportaban cortando café" (p. 423/424).

No solo entran estos hechos -¿anecdóticos?-. Tampoco omite cómo el desarrollo de la revolución no evitó que las simpatías

 de parte de sus presuntos beneficiarios se dirigiesen a la abominable ’Contra’, fuerza antisandinista financiada por E.U.A.,

 o el papel del peso humano en la derrota electoral de la revolución sandinista: "Todas las predicciones y las encuestas

daban al frente sandinista una victoria del 15% [frente a otros siete partidos]... el cambio fue a ultima hora, cuando un sector

no muy grande de la población fue influido por las declaraciones de Bush [padre], y se resignó a elegir otro gobierno,

rendido por cansancio y por hambre" (p.463).

Para una valoración de cómo se rinde ’por cansancio y por hombre’, el valor del libro está en que, con estilo conciso,

 pone nombre, cuerpo y sentimiento a un coste humano que dejó paso a la sombra de una realidad inquietante: el peso

principal del sistema capitalista no estaría en fuerza y dolor, sino en acosar con desabastecimiento y cansancio a los

disidentes. Cardenal -y otros muchos- nos han honrado contando la ola de represión, miedo y dolor que cayo sobre la

población antecediendo a la revolución, la enorme magnitud de la represión que respondía a la rebelión, y sin embargo, todo

 eso no impidió que los acontecimientos evolucionasen así: "Después del fracaso de la primera insurrección vino una segunda,

 con más fuerza, y así pues nadie se desanimo. Al año fue la segunda insurrección, mucho más grande, y que también

fracasó; supimos que habría una tercera mayor, y menos de un año después fue la tercera insurrección, que fue la del

triunfo... Para la segunda insurrección, las tres tendencias del Frente Sandinista lucharon, aunque todavía sin unirse; en la

tercera, que fue la del triunfo, ya se habían fusionado", p. 45.

Aunque no soy nadie para conclusiones, cabe concluir de la lectura del libro de Cardenal que si así fueron las cosas, ni la

fuerza ni el dolor pueden frenar una insurrección, pues hubo tanto de ambos que ninguna había tenido lugar

 -quizás, impúdicamente, pueda tomarse como emblemática la historia que cuenta en las p. 180/181-. Más eficacia que

las propuestas brutales hechas reales, resulto ser el acoso a la seguridad material; la capacidad de evitar que el

gobierno sandinista, una vez hecha la revolución, jugase un papel de abastecedor.

"Lo que Estados Unidos se había propuesto era destruir la revolución de Nicaragua. Para eso hicieron bloqueo

económico, boicot comercial, minado de puertos, sabotajes, y una vasta campaña publicitaria... Destruían los plantíos y

 las instalaciones agrícolas, interrumpían la recolección de café, hundían las embarcaciones de pesca, minaban los puertos.

Hacían que se desviasen para la defensa los recursos para la educación, salud, bienestar social, construcción de

 viviendas, carreteras y caminos. Y, en fin, retrasaban los programas de la revolución... El coste de la agresión no se

puede calcular. Se podría calcular el coste de un barco de pesca hundido, pero no de lo que ese barco dejó de pescar. El

costo de un puente dinamitado, pero no de todo lo que dejo de pasar por ese puente. ¿Y el coste de la muerte de un

trabajador, de una muchacha, de un niño?... La guerra de la Contra era para hacerla vida más miserable y en gran medida

lo logró", p. 432.

Si el fracaso de la revolución se mide en la incapacidad de proporcionar programas, resulta difícil entonces imponerse a los

ya cuarteados profesionales en la cumbre. El mundo es muy pequeño para que haya dos factorías de bienestar que el

dinero puede comprar (2), y la que ya existe anda sobrada de reservas y mañas como para ser desbancada por

aficionados bienintencionados, sobrada para hacer creíbles propuestas de solución económica -y para brutales juegos de

manos que desacreditan a las alternativas-; sobrada para lograr con el miedo al desabastecimiento y al cansancio lo que no

logra con otros.

Ante esto, los sandinistas no optaron, según cuenta Cardenal, por transcender la fragilidad humana con sacrificios numantinos

de la libertad ajena y propia, cumpliendo misiones ’históricas’ de ’sepultar el capitalismo’. En vez de atrincherarse en ese

papel, convocaron elecciones que perdieron.

"Muchos llegamos a la conclusión de que fue mejor que hubiéramos perdido unas elecciones y entregado el poder

honrosamente, en vez de ser derrocados por el pueblo de forma vergonzosa; porque la crisis económica que teníamos el

Frente Sandinista no la iba a poder resolver, dado que no cesaría el acoso de los Estados Unidos", p. 465.

"En realidad el Frente Sandinista se había propuesto hacer unas elecciones justas, libres y honestas, y fueron tan libres, tan

justas y honestas, que las perdió. La democracia significa la posibilidad de perder unas elecciones. Unas elecciones en las que

 un Partido jamás pudiera perderlas, no serían jamás unas elecciones libres, serían unas elecciones falsas de una falsa

democracia. La revolución de Nicaragua ganó perdiendo unas elecciones. Dejo de ser una revolución en el poder para

pasar a ser una revolución democrática en la oposición", p. 462.

Hasta nos incluye Cardenal una reflexión sobre lo oportuno que podría haber sido hacer fraude para perder las elecciones

 y obtener así autoridad moral desde la que ejercer el poder de base (p. 464), reflexión que los empollones de la primera fila

de barricadas tildarían de ’mártir’. En cualquier caso, reconoce que lo importante no es "el poder ejecutivo", sino

"seguir gobernando desde abajo" -p. 462- (3) Sin embargo, estuviese donde estuviese lo importante, la perdida fue más

grande de lo esperado, extendiéndose al título del libro.

"Ahora la mayor parte de los jóvenes de Nicaragua, con la revolución perdida, han quedado apáticos, desencantados,

apolíticos, sin creer en líderes, ni en partidos, ni en ideologías", p. 471.

Y es que "Una razón más que hemos tenido también después para alegrarnos de la perdida de la revolución, y fue ver

 la corrupción en la que han caído los principales dirigentes", p. 465, so capa de garantizar la financiación del Partido

(p. 469/470). Pero sobre esto, que no cito aquí como mantra que justifique la inacción, ni para dejarnos pensando que ’todo

es la misma babosada’.

Cardenal, quien fue ministro de Cultura sandinista tras el derrocamiento del dictador Anastasio Somoza en julio

 de 1979, deja traslucir nostalgia por una época que fue esperanzadora, así como amargura por "La

 revolución perdida", como tituló su libro.

El poeta señala que la revolución en el país centroamericano fue traicionada por algunos dirigentes del

Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), entre ellos el ex presidente Daniel Ortega, tras la derrota

electoral de 1990.

Ortega, máximo líder del FSLN, fue derrotado en los comicios presidenciales de 1990 por la ahora ex

presidenta Violeta Barrios de Chamorro (1990-1996), en el primero de sus tres reveses electorales sucesivos

ante candidatos de derecha.

El gobierno sandinista, apoyado por la desaparecida Unión Soviética y Cuba, gobernó bajo la

hostilidad estadounidense, que impuso un embargo económico al tiempo que financió, armó y entrenó a los

rebeldes "contras" para combatirlo.

Tras la derrota, los sandinistas distribuyeron propiedades estatales entre personas de pocos recursos, pero

algunos dirigentes sandinistas se repartieron bienes en una "piñata" inmoral, sostiene Cardenal.

"La derrota electoral había sido una victoria moral para la revolución. Pero fue la 'piñata' lo que acabó con

 ella, haciendo que la revolución dejara de ser revolución", leyó Cardenal de su libro, presentado recientemente

en Managua.

Editado por la casa local Anamá Ediciones, "La revolución perdida" cierra la trilogía de memorias que Cardenal

inició en 1998 con "Vida Perdida", que incluye su tardía conversión religiosa, y continúa con "Insulas extrañas",

sobre su retiro en la isla Solentiname, en el lago Cocibolca. "Vida Perdida" e "Insulas extrañas" han sido

publicados en México por el Fondo de Cultura Económica, que también editaría el último tomo de la trilogía.

Cardenal, nacido en la ciudad de Granada en 1925 y también escultor, es considerado uno de los poetas

más destacados de Latinoamérica y el de mayor relevancia (entre los bardos vivos) en Nicaragua, donde inauguró

la corriente del exteriorismo, una poesía con carácter narrativo y anecdótico.

Dios, la revolución y el Vaticano

Cardenal y varios sacerdotes nicaragüenses seguidores de la teología de la liberación --que privilegió la opción

por los pobres de Latinoamérica-- participaron en el gobierno sandinista, lo que los llevó a enfrentarse con

el Vaticano.

Famosas son las imágenes del Papa Juan Pablo II en 1983, cuando en su primera visita a Centroamérica reprendió

en Managua al sacerdote Cardenal, que con su eterna barba blanca y entre los ministros de gobierno vestía

sus infaltables boina negra, camisa blanca y pantalones vaqueros.

"Lo que más disgustaba al Papa de la revolución de Nicaragua es que fuera una revolución que no perseguía a

 la Iglesia" como en otros países de la región, entre ellos El Salvador, donde fue asesinado en 1980 el

arzobispo Oscar Romero, dijo Cardenal al evocar el episodio.

Más tarde y en una misa campal, el Papa intentó silenciar a una multitud congregada en Managua, que a ratos

lo interrumpía y le pedía oraciones por la paz y por 17 jóvenes muertos en un ataque de los irregulares "contras".

"El pueblo le faltó el respeto al Papa, es verdad, pero es que antes el Papa le había faltado el respeto al pueblo", señaló Cardenal. A los 31 años, el poeta nicaragüense acogió su vocación religiosa en el monasterio trapense

de Gethsemany, en Kentucky, Estados Unidos, donde cultivó amistad con su maestro de noviciado, el monje y poeta Thomas Merton (1915-1968).

Cardenal estudió después en el monasterio benedictino de Cuernavaca, en México, y terminó sus estudios

en Colombia antes de ordenarse sacerdote. Entre su obra poética destacan "Gethsemany Ky" (1960),

"Epigramas" (1961), "Salmos" (1964), "Oración por Marilyn Monroe" (1965), "El estrecho dudoso" (1966),

"Homenaje a los indios americanos" (1969), "Canto Nacional" (1972), "Oráculo sobre Managua (1973) y

"Canto Cósmico" (1989). Además, Cardenal escribió en prosa "Vida en el amor" (1966), "En Cuba" (1970) y

"El evangelio de Solentiname" (1985).

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