La Parábola de Jesús, la viuda pobre y los menesterosos

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Querido Pablo:

                        Estuve pensando en lo que discutíamos ayer. Me parece que el problema es que partimos de enfoques diferentes.

 Y por eso, tomamos cómo más relevantes, datos distintos. La división, me parece, pasa no solo por las fuentes de las que disponemos, sino que, a partir de ellas, hemos elaborado racionalidades distintas para entender la realidad. Se que suena pedante dicho así, pero bueno, no soy lo suficientemente inteligente todavía como para hablar completamente claro. Lo que sí sé, es que no es raro creer muchas de las cosas que crees en este momento. Por ejemplo, el odio a Moreno o a Delía. Lo cual no está ni bien ni mal. Eso, en primer lugar. No se trata de que un tipo te caiga mal o bien, sino de los criterios para llegar a la verdad. Creo, auque puedo estar completamente equivocado, claro, que se trata de diferenciar y tener en claro un par de cosas a la hora de juzgar hechos complejos, sin las cuales se pierde el sentido y se cae fácilmente en el error:

 

            Para mantener las cosas más o menos manejables, voy a arrancar con un ejemplo sencillo y que está en la Biblia (así de santito soy, hehe). Es la historia de la viuda pobre. Jesús está con algunos discípulos frente al templo viendo como la gente lleva ofrendas para los pobres y los sacerdotes. Seguramente conoces la história. Viene un rico y deja una ofrenda maravillosa, y todos lo miran con asombro y, seguramente, un poco de envidia. Y después viene una pobre viuda y deja apenas unas monedas y muchos se le ríen. Pero Jesús les enseña a sus discípulos que las cosas no son como parecen y que deben tener esto siempre en cuenta: las pocas monedas de la viuda representaban una parte mayor de los bienes de esta, de lo que diez veces lo entregado por el rico comerciante representaban para el de este. Pero no te recuerdo esto para traer acá una moraleja fácil sobre la apariencia embustera. Lo que sí me interesa es plantear una cosa más sutil. ¿En qué se diferenciaba la apreciación de Jesús, de la de los demás?. Bueno, lo obvio era que tenía una mirada más AMPLIA. Es decir, en vez de quedarse con el dato inmediato: la cantidad de oro puesta en manos de los sacerdotes, consideraba también la situación de cada uno de los personajes, su contexto. Es decir, manejaba más información que el resto. Así, cuanto más información manejes, más cerca estás de apreciar con justicia una situación. Esa sería la verdadera moraleja. Pero no es todo:

 

            ¿Qué tiene que ver todo esto con Moreno, Delía, el gobierno, etc.?

 

            Tiene que ver porque yo estoy usando una trampa. Con el cuentito fácil de Jesús y la viuda y el rico en realidad te estoy distrayendo. El cuentito y la moraleja es algo que se trata y no se trata, a la vez, del tema. Es algo que toma solo un costado del tema, y te mantiene distraído. La verdad es que podría haber elegido cualquier otra historia, de la Biblia o de cualquier otro libro, o incluso inventarla, pero elegí esa. De eso deberías sospechar. No sé si lo hiciste, pero en el caso de que lo hayas hecho (yo no lo hubiera hecho, pero no soy muy inteligente, para serte franco); como la moraleja es tan pava y tan obvia, logré (supongo, creo) que esa pregunta o bien no llegaras a formulartela de manera completamente consciente o, si lo hacías, logré que no persistiera en la consciencia. Yo jugué a ser más estúpido, para que no pudieras agarrarme: de todas las historias que conozco (y vos sabés que conozco muchas, que me dedico a eso) elegí UNA, una que pareciera una cualquiera, pero ya vas a ver que no lo es. Estas son algunas de las razones para elegir esta y no otra historia:

 

            a) Es una historia obvia, en todos los sentidos. La conocés, seguramente, o alguna vez la habrás oído; a la primera o segunda oración ya sabés de que se trata y cómo termina. Eso hace que prestes menos atención. Es cómo si buscaras algo en un cajón donde sabés que no está lo que buscás. Pasás rápido, solo para revisar lo que hay, pero sin prestar verdadera atención.

 

            b) Se relaciona más o menos con lo que estamos discutiendo, pero ni mucho ni poco. Por eso hay comentarios en medio de la narración que están destinados a reforzar esa relación, a la vez que NO hay un montón de detalles: qué tipo de templo era, cuánto puso el rico, si se usaban ofrendas de monedas o de víveres en esa época, si las monedas eran hebreas o romanas, cómo se vestía la viuda (cómo sabían los demás que era viuda), a quién le ofrecía las monedas, cúanta gente había. Cómo vez, mientras la moraleja dice que hay que tener una mirada más AMPLIA, en realidad mi truco es angostar lo que te muestro como si lo vieras a través del ojo de una cerradura. Te digo y demuestro que cuánto más información manejes es mejor, pero te escondo deliberadamente todo esto que ahora expongo.

 

            c) Esta es la clase de historia perfecta, en especial por lo fácil que es emotivamente: están Jesús y la viuda, con los que quiero que te identifiques, por eso es una viuda y no un rico-solo-un-poco-menos-rico-que-el-otro, con lo que la moraleja hubiese sido la misma pero no el efecto sentimental. Y está el rico, que es envidiado y que asombra a los bobos, no otra viuda-solo-un-poco-menos-pobre que la primera. La historieja esta también es perfecta, porque tiene polos bien definidos: la viuda pobre y el rico (del que no sabemos si es viudo o no); Jesús y los bobos, (y también en segundo plano, los sacerdotes y los discípulos)

 

            Si todo salió como espero, en este punto todavía no has descubierto el primero de los engaños, aunque puede ser que hayas tropezado con el al comienzo, si, repito, todo salió como YO esperaba, conseguí que, entre lo largo que se ve este mail y las cosas que tenés que hacer y el ruido de la heladera que se prende a cada rato y de la tele que no deja de subir y bajar el volumen en cada propaganda, si todo salió como yo quería, entonces no te diste cuenta de que el primero de todos los engaños es una falsa analogía: ¿Cómo mierda voy a explicar la relación del gobierno con los medios, la imagen de Delía y la mar en coche, hablando de una historia contada por un carpintero hebreo del siglo I? ¡Ni siquiera usaban pantalones!. (Ojo, estoy de acuerdo en que simplificar una situación compleja para volverla manejable y entendible, puede ser válido en no pocas ocasiones. Pero eso no quiere decir que cualquier simplificación ni en cualquier momento, o peor, como en este caso, que es una patraña).

 

            Pero hay más: falta por lo menos la pregunta por la verdad, es decir: ¿te mentí?.

           

            La respuesta tiene que ser no. ¿Acaso yo no te dije que es mejor tener una mirada amplia y evaluar el contexto, manejar más información?.  ¿no empezamos hablando de algo más sencillo para llegar a algo mucho más complejo? Entonces no te mentí, te engañé; que son cosas parecidas pero no lo mismo.

 

            En este punto las cosas se han aclarado del todo: ya sabés a donde quiero llegar: lo que te mostré con todo esto son técnicas estándar para engañar con un relato. Lo sabe cualquier cagatinta: clarín no miente, clarín engaña. Usa exactamente esas mismas técnicas. Son las que usan todos. Están en todos los libros de análisis de discurso. No son un secreto ni nada por el estilo. Todos los discursos de todos los políticos también. Toda esta carta, de hecho, está armada con una sutil variación de esas mismas técnicas. (preguntas con punto y aparte, oraciones a veces interminables, listas como esta, repeticiones que machacan algún detalle, apelaciones a mimar y minar tu inteligencia, etc.)

           

            Esto es lo que tiene que ver con el gobierno la historia de la viudita. Estas son las distintas racionalidades que encarnamos y que nos diferencian: vos desconfiás del gobierno, yo desconfío de todos. Por eso, vos no podés elegir del todo al gobierno, mientras que yo puedo respaldarme en mi paranoía, y quedarme tranquilo.

 

            Si esto tuvo el efecto que espero, de lo primero que vas a desconfiar es de esta misma carta. Me alegra. Ojalá la leas dos veces, y veas todo lo que todavía oculta.

 

 

afectuosa y paranoicamente,

 

 

facundo

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