La otra Iglesia Católica

Los Curas Villeros

 


Contador de visitas Estadísticas

Regresar a Prensa Alternativa Diario Mar de Ajó (El diarito) Prensa Popular

 

En el medio, cientos de miles de villeros con prácticas sociales y habitacionales propias. Un grupo de sacerdotes trabaja con ellos para hacer valer las necesidades de sus habitantes.

Recorren todos los días los pasillitos de las barriadas más pobres de la ciudad de Buenos Aires y conocen palmo a palmo sus realidades. Predican en capillas hechas a pulmón y cimentadas con miles de historias y luchas, presentes y pasadas. Allí no sólo ofician misa, sino que pelean de frente con el hambre y las necesidades de los vecinos. Son los religiosos del Equipo de Sacerdotes para las Villas de Emergencia, tal su nombre oficial, aunque se los conoce como los curas villeros.. Su labor no es nueva: vienen trabajando en las zonas postergadas de Buenos Aires desde fines de los agitados años 60,

cuando el mundo vio nacer al grupo de sacerdotes del Tercer Mundo, movimiento al cual siempre estuvieron estrechamente ligados.Villas Dar una Mano. La otra Iglesia Católica en Argentina

Cambian los tiempo, no las batallas. Durante la campaña para la elección del jefe de gobierno porteño, el ganador, Mauricio Macri, prometió que los asentamientos precarios porteños serían urbanizados y, en algunos casos, erradicados, como la Villa 31 de Retiro. El equipo de sacerdotes decidió entonces salir a plantear su posición sobre este tema. Difundieron un documento en el que señalan que prefieren una "integración urbana" a una "urbanización" y advirtieron sobre "insinuaciones " de desalojos en Barracas, La Boca y la Villa 21. Señalaron, además, que " es fundamental poner el oído en el corazón del villero para que las posibles soluciones provengan de oficinas donde trabajan técnicos que ignoran la realidad, y que en lugar de mejorarla la empeoran".

"Ante el planteo de urbanización de las villas - planteo que preferimos al de erradicación, la cual nos recuerda las topadoras- nos preguntamos qué significa. Porque si urbanización significa que la cultura porteña invada con su vanidad la cultura villera, pensando que progreso es darles a los villeros todo lo que necesiten para ser una `sociedad civilizada `, no estamos de acuerdo", exponen en el texto.

El documento lleva las firmas de los sacerdotes Rodolfo Ricciardelli, Enrique Evangelista y Adolfo Benassi (Villa 1-11-14); José María Di Paola, Carlos Olivero y NIbaldo Leal (Villa 21-24); Sebastián Sury y Walter Medina (Villa 31); Gustavo Carrara y Martìn De Chiara (Villa 3 y Barrio Ramón Carrillo); Sergio Serrese (Villa 19) y Jorge Tomé y Franco Punturo (Villa 20). El Equipo depende del Arzobispado de Buenos Aires.

Desde el partido de Macri aseguran tener un plan de urbanización para las villas porteñas, en las que viven unas 170 mil personas. Este supuesto beneficio, igual, no sería para todos. Para la 31 plantean una medida más radical: el desalojo. Pegadas a la terminal de micros de Retiro, las manzanas de la villa conforman una de las zonas más caras de la ciudad: se estima qu el metro cuadrado vale seis mil dólares. En las cercanías de las vías está la 31 bis, un asentamiento aún más pobre que su hermana mayor. En las dos se apiñan unas 25 mil personas. Desde que existe, la 31 aguantó cinco desalojos, resistió la represión de dos dictaduras y le puso el pecho a las topadoras de los intendentes menemistas Carlos Grosso y Jorge Domínguez.

Tras el documento de los sacerdotes, el macrismo debió salir a calmar las aguas. Emitieron un comunicado en el que proponen "el diálogo y el consenso" con los vecinos de la Villa 31, como "herramienta vital en la búsqueda de una solución satisfactoria y definitiva a la compleja situación de ese asentamiento". La solución que proponen, sin embargo, es "detener el crecimiento del lugar". Particularmente en la 31 bis:"Allí no existen los mínimos servicios necesarios para que los habitantes lleven una vida digna". El texto termina transmitiendo preocupación por "las situaciones de especulación y de desinformación que se han generado" sobre los proyectos para la villa.

Eduardo Jozami, razonó: "Ninguna solución será posible mientras se siga pensando que esas tierras son demasiado caras para que en ellas vivan villeros. Más allá de que no todos los terrenos de la Villa 31 tendrían un alto valor comercial, por su proximidad con la autopista o las vías, la discusión es otra y no puede estar guiada por consideraciones de mercado". Y agregó que la Constitución porteña contempla la urbanización de las villas porque reconoce el derecho de los pobladores a una vivienda y a permanecer en sus hogares.


Zonas de no derecho

"En esos distritos de aura demoníaca donde se acumulan y agravan las dificultades viven los parias urbanos del cambio de siglo", señala el sociólogo francés Loïc Wacquant en su obra Los condenados de la ciudad (Siglo XXI Editores). Allí analiza las causas estructurales de la marginalidad urbana, tomando de casos testigos un gueto de Chicago y un barrio de un suburbio industrial de París. Wacquant, discípulo de Pierre Bourdieu, marca las diferencias y similitudes entre estos dos casos, pero también con las favelas de Brasil o las villas argentinas.

Para el autor, estos lugares estigmatizados concitan una atención desproporcionadamente negativa de parte de los medios, de los políticos y de los funcionarios estatales: "Se los conoce como las 'zonas  de no derecho', 'los sectores en problemas', los barrios 'prohibidos' ó 'salvajes' de la ciudad, como territorios de privación y abandono a los que se debe temer, de los que hay que huir y es necesario evitar pues constituyen focos de violencia, vicios y disolución social".

Los curas villeros coinciden en las críticas a medios y funcionarios. "Vivir en la villa nos hace comprender, entender y valorar la vida en ella de manera distinta a lo que se escucha en el periodismo amarillo, que parece sugerir que las villas son las causantes de la mayoría de los problemas de nuestra querida Buenos Aires", señalan. Y se quejan de "la excesiva mediatización del gobierno y organismo a través de los punteros barriales", que ha generado a lo largo de los años "el gran desconocimiento de la villa y de su cultura".

El equipo de curas villeros arrancó con su labor a fines de la década del 60. Fueron una consecu8encia del sismo que, en 1967, generó el manifiesto de dieciocho obispos de América Latina, África y Asia encabezados por el brasileño Helder Cámara: en el documento reivindicaban al socialismo como más cercano al Evangelio que el capitalismo. Nacía así el movimiento de curas tercermundistas que, junto con los villeros, serían legitimados por la Iglesia Católica en 1969.

Ese año, la revista Cristianismo y Revolución publicó una carta de los curas villeros dirigida al presidente de facto Juan Carlos Onganía. El documento impugnaba la política erradicatoria porque, decían los curas, "pretende combatir efectos sin atacar las causas". En junio del 78, en pleno Mundial de Fútbol, el grupo de sacerdotes presentó otro informe en el que denunciaba las políticas de Osvaldo Cacciatore. El intendente de facto expulsó mediante presiones, promesas sin cumplir y violencia a más de 40 mil familias. Otro texto revelador se dio a conocer en 1980. " Se tiene poca conciencia de este crimen de la dictadura militar", denunciaba Emilio Mignone, uno de los fundadores del Centro de Estudios Legales y Sociales, desde las páginas de Iglesia y dictadura.

En su libro Prohibido vivir aquí. Una historia de los planes de erradicación de villas de la última dictadura, Eduardo Blaustein consigna: "Sin recursos y de manera sumamente precaria, esos siete curas -para usar la vieja expresión española - metieron un jaleo importante ante las autoridades, los medios y la propia Iglesia. Los siete curas y los más que vulnerables núcleos de villeros resistentes fueron los únicos que a mediados de la dictadura se atrevieron a difundir lo que estaba sucediendo enfrentando la versión oficial".

Hoy, el documento de los curas villeros concluye: "Pensamos que la palabra urbanizar es unilateral. Se da  desde  el poder - no necesariamente con mala intención- y muestra una desvalorización de la cultura de la villa. Creemos que la ciudad piensa que debe eliminar la villa y que desconoce su cultura popular multifacética. el planteo de urbanización debe ser respetuoso de una auténtica cultura como es la villera y no quiere barnizarla. O, lo que es más grave aún, borrarla de un plumazo".

 Raúl Arcomano

 

Texto del Documento

Vivir en la villa hace que los sacerdotes del equipo para villas de emergencia tengamos una mirada particular de esta realidad, que difiere la mayoría de las veces de la observación que pueda tener alguien que viene de afuera de la villa, ya sea un profesional o alguien vinculado a la actividad política.

Vivir en la villa nos hace comprender, entender y valorar la vida en ella de manera distinta a lo que se escucha habitualmente en el periodismo amarillo, que parece sugerir que las villas son las causantes de la mayoría de los problemas de nuestra querida Buenos Aires.

En estas reflexiones queremos acercar una mirada positiva de la cultura que se da en la villa, ya que para nosotros es una gracia de Dios vivir en ella.

No ignoramos los delicados problemas que los vecinos vivimos en la villa: la violencia familiar, los abusos, el consumo de drogas, sólo por nombrar algunos; aunque estos y otros están también presentes en el resto de la ciudad de forma menos expuesta, o más maquillada. Como sacerdotes intentamos humildemente mirar de frente los problemas, verlos con el corazón y comprometernos con las manos en su resolución.

Sin embargo, para nosotros la villa no es un lugar sólo para ayudar, es más bien el ámbito que nos enseña una vida más humana, y por consiguiente más cristiana. Valoramos la cultura que se da en la villa, que surge del encuentro de los valores más nobles y propios del interior del país o de los países vecinos, con la realidad urbana.

La cultura villera no es otra cosa que la rica cultura popular de nuestros pueblos latinoamericanos. Es el cristianismo popular que nace de la primera evangelización; el pueblo siempre lo vivió como propio, con autonomía y siempre desde su vida de cada día. Es un cristianismo no eclesiástico, ni tampoco secularista, sino con auténticos valores evangélicos.

Cuando el pueblo que vive en la villa celebra, celebra la vida, la vida natural, pero como es cristiano por su fe sabe que esa vida culmina, se plenifica en la Vida de Dios. Cuando por ejemplo celebra a la Virgen (Luján, Caacupé, Copacabana, etc.) en esas fiestas pone en juego valores como la fraternidad, la solidaridad y la paz, ya que es la Madre de todos, la que nos convoca y en este tipo de fiestas fortalece el tejido social.

El pueblo que celebra en la villa celebra la vida, porque se organiza en torno a ella, anhela y lucha por una vida más digna. Y, en este sentido, la cultura villera tiene un modo propio de concebir y utilizar el espacio público. Así la calle es extensión natural del propio hogar, no simplemente lugar de tránsito, sino el lugar dónde generar vínculos con los vecinos, dónde encontrar la posibilidad de expresarse, el lugar de la celebración popular.

La cultura de la villa tiene características muy positivas, que son un aporte para el tiempo que nos toca vivir, se expresa en valores como la solidaridad; dar la vida por otro; preferir el nacimiento a la muerte; dar un entierro cristiano a sus muertos; cuidar del enfermo, ofrecer un lugar para el enfermo en la propia casa; compartir el pan con el hambriento: "donde comen 10 comen 12"; la paciencia y la fortaleza frente a las grandes adversidades, etc. Valores que se sustentan en que la medida de cada ser humano es Dios, y no el dinero.

La cultura villera señala valores evangélicos muy olvidados por la sociedad liberal de la ciudad. Sociedad liberal que se organiza y hace fiesta en torno al poder y a la riqueza, y que es expresión de ideologías de derecha a izquierda.

Por eso, ante el planteo de urbanización de las villas -planteo que preferimos al de erradicación la cual nos recuerda las topadoras- nos preguntamos qué significa.

Porque, ¡Atentos! Si urbanización significa que la cultura porteña invada con su vanidad la cultura villera pensando que progreso es darle a los ’villeros’ todo lo que necesitan para ser una "sociedad civilizada", no estamos de acuerdo.

¿Por qué pensar que el cambio de apariencias -cambio de una casa de ladrillo y chapa hecha por el esfuerzo del villero por otra casa del Instituto de la Vivienda de varios pisos- es ya un progreso?; en este caso, ¿urbanización no será más bien otra cosa que aprolijar la villa para que el resto de la ciudad no chille y dejarla conforme?; ¿cuando se piensa en urbanizar, se piensa solamente en hacer casas que estén pintadas?, ¿acaso no hay sobrados ejemplos de barrios que cambiaron su fisonomía y su realidad es peor que la vivida hace tiempo?

Pensamos que la palabra urbanizar es unilateral, se da desde el poder -no necesariamente con mala intención- y muestra una desvalorización de la cultura de la villa. Creemos que la ciudad piensa que debe eliminar la villa y que desconoce su cultura popular multifacética. El planteo de urbanización debe ser respetuoso de una auténtica cultura como es la villera y no querer barnizarla, o lo que es más grave aún borrarla de un plumazo.

¿Urbanizar o colonizar?

No creemos en esta urbanización, más bien creemos en un encuentro de culturas que conviven, aprenden, comparten. ¿Acaso no sería bueno que el resto de los barrios porteños conozcan y valoren las vivencias y creencias de los villeros? Si la ciudad no quiere colonizar la villa deberá tener un corazón humilde capaz de escuchar la palabra de inmensas barriadas que tienen mucho para decir.

La excesiva mediatización del gobierno y organismos a través de los punteros barriales ha sido a lo largo de los años uno de los factores del gran desconocimiento de la villa y de su cultura.

A algunos que quizás comenzaron como representantes de su barrio los han convertido en representantes remunerados de otros intereses, la referencia de lo que es la villa quedó en manos de este puñado serviles al sistema. Por eso, son pocos los que desde los estamentos del gobierno u organizaciones conocen y valoran la cultura villera.

¿Que elementos entonces debería contemplar este encuentro de culturas donde urbanizar no sea colonizar, sino más bien una integración de culturas que dialogan y aprenden entre sí dando lo más positivo que tienen?

¿Acaso urbanizar no sería más bien crear situaciones positivas donde se den las mismas posibilidades a los que viven en la villa que a los que viven en Belgrano o cualquier otro lugar de la ciudad? ¿No será urbanizar garantizar el acceso escolar para todos los niños y jóvenes de las villas, o que cuando se inauguren las salitas de salud cuenten con lo mínimo indispensable como son las cloacas?

¿No será urbanizar el día que los médicos, sacerdotes, abogados, profesores o capataces surjan de las villas para que imbuidos de la solidaridad de la cultura villera pongan su vida al servicio de su barrio, de la ciudad, del país?

Más que urbanizar nos gusta hablar de integración urbana, esto es, respetar la idiosincrasia de los pueblos, sus costumbres, su modo de construir, su ingenio para aprovechar tiempo y espacio, respetar su lugar, que tiene su propia historia.

Sin duda debe haber un camino de mejoramiento de la calidad de vida en las villas -fue y es una preocupación de este equipo- pero es fundamental en este camino poner el oído en el corazón del villero para que las posibles soluciones no provengan de oficinas donde trabajan técnicos que ignoran la realidad, y que en lugar de mejorarla la empeoran. Sirvan de ejemplo esos planes que se bajan indiscriminadamente, y que en vez de incentivar el estudio facilitan que el chico deje la escuela para cobrarlos, o que la motivación para hacer una actividad deportiva vaya detrás de un plan. Este tipo de asistencialismo -o habría que decir clientelismo- perpetúa la dependencia mental y atrofia la capacidad de los asistidos para convertirse en ciudadanos responsables de su futuro.

Por lo tanto, entendemos que lo positivo de la urbanización es una preocupación del resto de la ciudad para con la villa, tratando de darle una mejor calidad de vida, pero a nuestro entender, así sin más sería no valorar y tener presente lo que la villa puede aportar al resto de la ciudad. Para nosotros la integración urbana sería el camino que debería recorrerse en la Ciudad de Buenos Aires.

Firman el comunicado:

Rodolfo Ricciardelli, Enrique Evangelista y Adolfo Benassi de la Villa 1-11-14; José María Di Paola, Carlos Olivero y Nibaldo Leal de la Villa 21-24 y N.H.T. Zabaleta; Sebastián Sury y Walter Medina de la Villa 15; Guillermo Torre y Marcelo Mirabelli de la Villa 31; Gustavo Carrara y Martín De Chiara de la Villa 3 y del Barrio Ramón Carrillo; Sergio Serrese de la Villa 19: Jorge Tome y Franco Punturo de la Villa 20.

Regresar a Prensa Alternativa Diario Mar de Ajó (El diarito) Prensa Popular

 

 

Regresar a Prensa Alternativa Diario Mar de Ajó (El diarito) Prensa Popular