La insignificancia (¿sólo en la política?)

por Ricardo Forster                           Regresar a Prensa Alternativa Diario Mar de Ajó (el diarito) Prensa Popular

La insignificancia en la política es paralela al despliegue desmesurado e indetenible de los medios de comunicación; un despliegue que no se nutre de lo importante, de aquello que atraviesa el cuerpo de la política allí donde se dirimen proyectos alternativos de país, sino del chisme insustancial, del mariposeo minúsculo o del gesto "espontáneo" mil veces repetido por las pantallas que reemplaza cualquier núcleo conceptual.

Un gesto vale por mil palabras, nos dice, triunfante, la lógica publicitario-mediática que  desde hace tiempo ha copado el escenario.

La pantalla partida, último hallazgo de la astucia televisiva, es capaz de anular cualquier cosa o de lanzarla al estrellato más rutilante, como se pudo comprobar con la permanente aparición del inefable De Angeli, verdadero "monstruo" creado por la retórica de los medios.

No se trató, a lo largo del extenuante conflicto con los dueños de la tierra y de la renta, de exponer las diferencias, los modelos alternativos ni de esclarecer a la opinión pública; se trató de otra cosa, se buscó colocar al conflicto en un registro que poco o nada tuviera que ver con lo sustancial para situarlo en lo anecdótico, en el golpe de efecto, en el relato de una cotidianidad que se tragó, durante cuadro meses, lo importante para multiplicar una escenografía en la que la mayoría de la sociedad simplemente no comprendía de qué se trataba lo que estaba aconteciendo y la llevó, más bien, a una toma futbolera de partido, a encerrarla en una lógica Boca-River capaz de hacer callar cualquier sofisticación intelectual.

La lógica Mediática desde hace tiempo copó el escenario

En eso el propio Gobierno también fue cómplice, fuera por impericia o por omisión; la cuestión es que no supo o no quiso contrarrestar la fabulosa ofensiva que se construyó contra la famosa y ya enmohecida resolución 125.

La insignificancia se corresponde, cada vez más, con el dominio de la opacidad, con la transformación de los acontecimientos en materia de expertos capaces de explicar, a la media ciudadana carente de reflexión crítica y sumida en un consumo cuasi analfabeto de las noticias, aquello que verdaderamente está aconteciendo. En una época que nos ha expropiado lo sustancial para ofrecernos lo liviano, que ha multiplicado los relatos del chismorreo para no hablar de lo importante , que ha desplazado el discurso por la mueca, el papel del montaje y la forma estructural del relato se vuelven fundamentales, eje vertebral de la recepción ciudadana de la noticia significativa. No es cuestión de preguntar por el problema de la renta agraria y su incidencia en el precio de los alimentos.  Se trata, por el contrario, de repetir una y otra vez la imagen belicosa de Moreno, verdadera bestia negra que funciona a la perfección desde la lógica reduccionista de la narración televisiva y mediática. Moreno haciendo el gesto del degüello en el palco mientras se dirige al azorado joven ministro de Economía de corta vida en el Parnaso gubernamental; Moreno saltando y gritando consignas junto a "oscuros piqueteros"  mientras un periodista en off habla de la manipulación del INDEC; Moreno con un patotero que lo custodia mientras despliega sus carpetas en el Senado de la Nación volviendo insignificante su argumentación allí donde el movilero ha dicho lo suyo. Lo único que se vuelve relevante, el núcleo de la verdad que capta, para reduplicar su efecto, el ojo de la cámara. Imágenes de Moreno que se deslizan a lo insustancial y a lo insignificante pero que se convierten en el meollo de la política, en el centro distintivo de un conflicto del que sólo parece haber quedado el recuerdo de la crispación.

Importa lo que la hija de Cobos le dijo en esa madrugada espesa, sus temores a no poder caminar por las calles relucientes de Mendoza si su padre votaba "positivo"; no interesa discutir los alcances políticos e institucionales de tamaña actitud en un momento clave del conflicto. Importa el gesto paterno, las frases que reemplazaban la convicción  de las ideas por los sentimientos; no interesa el político que está dirimiendo una cuestión central y desvía sus obligaciones institucionales como parte del Poder Ejecutivo, sino la salida por el lado del corazón, por ese costado "humano" que finalmente se guarda dentro de aquel que ocupa un lugar en la función pública.

La Pantalla partida terminará siendo única pantalla

Lo mejor de Cobos fue, desde esa retórica de época, paradójicamente, su gesto de renuncia al reino de las ideas y de las obligaciones propias de quien se mueve en el territorio de la política para dejar paso a la sensibilidad y a los sentimientos. Ese es el "político" que desea la "opinión pública", alguien común, cotidiano, que piensa en su hija, que poco y nada tiene que ver con las lealtades ideológicas o políticas (verdadera antigualla que remite a tiempos felizmente perimidos), que se distancia del mundo en el que a las ideas hay que debatirlas para deslizarse a ese otro mundo mucho más próximo que es el mundo de los gestos, de esas frases de rápida captación y de sencilla digestión. Frases de gentes comunes, como las que se cansó de lanzar a los cuatro vientos De Angeli, expresión acabada de la infantilización social. Jinete de palabras toscas y generosas, paladín de "al pan, pan y al vino, vino", sin rugosidades ni complejidades, sin matices ni exigencias interpretativas.

La pura brutalidad de lo directo, de lo que se nutre precisamente de esa cotidianidad que interpela directamente, como los gestos de Cobos, al corazón del hombre y la mujer comunes y corrientes. De esos gestos y de esas actitudes está hecho el camino de la insignificancia, un camino que va definiendo los gustos y las actitudes de aquello que gustamos en llamar la "opinión pública". Cada vez más la pantalla partida terminará por convertirse en una única pantalla: aquella dominada por la mueca y el gesto de quien o quienes sentirán la satisfacción de haber destronado a las palabras del reino de la política.

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