Luis Barrionuevo nunca trabajó de mozo,
pero se adueñó del gremio gastronómico. Esa paradoja –nacida de un
episodio ocurrido hace 31 años– expresa toda su historia personal. Aún
más: la anticipa. Ocurrió en 1975, cuando era un empleado de la
Asociación Obrera Textil y mediante algún recurso que se ha perdido en
la historia, consiguió hacerse amigo de Casildo Herreras, por entonces
líder del sindicato. Tanta confianza logró hacerle sentir Barrionuevo
a Herreras que éste lo nombró su custodio.
Con ese apoyo, el culata
dio un salto mayor y pasó a dirigente gremial, como titular de la
seccional San Martín de la Unión de Empleados Gastronómicos. Poco
después fue intervenido y en respuesta tomó por la fuerza el edificio
de la federación nacional. La Justicia lo echó a las cuarenta y ocho
horas, pero la historia siguió corriendo. En el ’76 vino el golpe de
Estado y, por intermedio del coronel Carlos Manuel Valladares, la
dictadura lo rehabilitó y repuso en el cargo.
Su apoyo a Carlos Menem, cuando era todavía gobernador de La Rioja y
nadie creía en sus posibilidades, lo hizo subir un nuevo escalón.
Barrionuevo le organizó un multitudinario acto del sindicalismo en la
cancha de River, que ayudó al riojano a subir al poder. A
concentraciones como esa aportó no sólo la presencia de su gremio sino
también la de la barra brava de Chacarita y, según ha confesado, un
millón de dólares para la campaña. Se ha escrito que parte de esos
fondos llegaron por el “Coti” Nosiglia: el radicalismo pensaba
entonces que había que apoyar a Menem en la interna con Antonio
Cafiero, a quien se veía como un adversario más serio para las
presidenciales del ’89.
Al asumir Menem, Barrionuevo obtuvo su recompensa. Fue designado
interventor del Instituto Nacional de Obras Sociales (INOS) y luego en
la Administración Nacional de Seguros de Salud (Anssal), organismos
que le dieron el manejo de los fondos que recibían las obras sociales.
Barrionuevo y Nosiglia se conocen desde la época en que militaban uno
en la Juventud Sindical y otro en la Juventud Radical (ver aparte).
Juntos, fueron las figuras clave del Pacto de Olivos, que le daría a
Menem la reelección.
Años después, con el menemismo en proceso de desintegración, se acercó
al duhaldismo. Su mujer, Graciela Camaño, fue ministra de Trabajo de
aquella gestión. Barrionuevo está casado con Camaño en segundas
nupcias; ha tenido cuatro hijos, dos de esa unión y dos del primer
matrimonio.
Fue presidente de Chacarita; quiso y no pudo ser gobernador de
Catamarca. Denunciado dos veces por enriquecimiento ilícito, dijo que
su único bien era un Fiat Regatta. Aunque se denunció que compró un
chalet de 230 mil pesos en el country Golfer’s, en el que hay que
pagar otros 12 mil para asociarse, Barrionuevo ha salido de esos
procesos judiciales libre de culpa y cargo.
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