Cuando
analizamos el papel que juega Internet en la lucha anticapitalista no debemos
perder de vista que el punto clave de combate está en la calle. Internet, al
igual que otras formas de comunicación, de ninguna manera va a ser punto de
partida para conquistas populares importantes, las cuales llegarán del
quehacer de los movimientos sociales.
A pesar de esto, hay que situar la capacidad de este medio en su justa medida.
Los relativos bajos costes económicos, técnicos y humanos que exige mantener
un medio de comunicación alternativo en Internet, lleva a muchos activistas a
infravalorar el potencial desestabilizador de éste. Cosa que los poderosos no
hacen, como vamos a intentar demostrar a lo largo de este escrito.
¿Peligro potencial o real?
Como señala la argentina Mónica Álvarez (Equipo de Investigación Rodolfo
Walsh), la prensa oral y escrita, el cine, la televisión se utilizaron y se
utilizan para apoyar el ejercicio del poder de los grandes grupos antaño políticos
y hoy económicos. En los años 70 Armand Mattelart y Ariel Dorfman escriben
"Para leer al Pato Donald". Este libro fue concebido por sus autores
como un manual de descolonización; marca cómo aquello que es aceptado como
"entretenimiento infantil sano" por toda la sociedad está en
realidad trasvasando formas de ser de una sociedad a otra. De esta manera se
generan pautas conductuales naturales en la sociedad receptora, ajenas a la
misma, que responden a necesidades concretas de la sociedad emisora. El
colonialismo informativo es esencial para dominar, porque como bien decía
John William Cooke, la politización de la clase dominante implica la
despolitización de las clases dominadas. No pensar, no actuar, no vivir.
En esa línea, el cubano Iroel Sánchez analiza cómo la prensa liberal, que
califica el revelador documental Farenheit 9/11, de Michael Moore, como un
"ataque demoledor contra Bush", silencia la denuncia que hace el
escritor y cineasta norteamericano de la complicidad racista de los senadores
demócratas en el fraude electoral, de la utilización de los pobres como
carne de cañón y el escandaloso divorcio entre la clase política y el
pueblo norteamericano. Los bien disciplinados columnistas, reporteros y críticos
de cine que nos enseñan a mirar para no ver y canalizan adecuadamente nuestra
indignación contra Bush, tratan de evitar que cuestionemos el sistema:
estemos contra la guerra, incluso contra Bush, pero nunca contra el capital.
Quizá aquella incómoda pregunta de Brecht nunca haya sido formulada: "¿De
qué sirve estar contra el fascismo -que se condena- si no se dice nada contra
el capitalismo que lo origina?"
Hoy el poder ha empezado a utilizar Internet no sólo como espejo de sus
grandes medios, sino también como forma de penetrar en el segmento
“alternativo”. En Rebelión hemos publicado un buen análisis sobre el
caso de Libertad Digital, donde se explica detalladamente la conexión de esa
alternatividad de derechas con las más grandes empresas españolas.
Internet nació de un proyecto financiado por las estructuras militares
norteamericanas, con el objetivo de permitir la comunicación entre
ordenadores. Fue concebida de forma que, sin necesitar de una administración
central, fuese tolerante a una gran heterogeneidad de medios de transporte,
capaz de soportar dinámicamente alteraciones de la geometría y fiabilidad de
la red, y así poder soportar los peores escenarios que la paranoia
militarista de los años 70 conseguía admitir. Con el aumento de la capacidad
tanto de los ordenadores personales como de las líneas de comunicación, el
patrón de utilización muda de una participación más o menos activa, en los
primeros tiempos y mientras la WWW no es hegemónica, hacia un “navegar”
de página en página, esencialmente pasivo, y por tanto, donde la apetencia
de consumo es mucho mayor. En los medios de comunicación tradicionales, como
apunta Chomsky, el hecho de que su financiamiento ya no se basa en el
resultado de las ventas directas al consumidor, como tampoco ocurre con la
venta de ejemplares en el caso de la información escrita, los convierte en
prisioneros de la maquinaria de publicidad y propaganda comerciales y acaba
por reducirlos a la condición de meros vehículos de esa misma publicidad. En
esa misma línea, en Internet el financiamiento de la producción de páginas
(en el fondo de la información que se consulta), y el pago realizado por el
consumidor a los operadores de red (ISP) no pueden estar más distantes.
Internet es así un vehículo de publicidad por excelencia.
La red, de la misma forma que es un frente más de propagación del consumo y
dominación, en tanto que mayormente sirve y fue creada para satisfacer
necesidades del sistema capitalista en sus distintos niveles, también es un
frente más de lucha. Esto es algo que el sistema lo tiene perfectamente
claro.
Internet ofrece buenas posibilidades para los que hacemos comunicación
alternativa, pero se suele argumentar que “no es la panacea”. Esto es
cierto, de la misma manera que los medios tradicionales tampoco son la
panacea, porque como en Cuba no hay papel, ni en las villas miseria argentinas
hay dinero como para siquiera sacar un periódico trimestral que más o menos
llegue a la gente, ni hay televisión porque no hay electricidad... Internet
es una nueva herramienta de comunicación (un medio por donde circula la
información), como siempre lo han sido el papel, las ondas, la televisión y
las paredes. Tiene sus cosas buenas y malas, pero cumple una función igual de
importante y que aún hay que desarrollar. En definitiva, es un frente más
que hay que cubrir en la guerra de la comunicación.
Teniendo esto claro, debemos profundizar en el análisis del papel que juega
Internet en la lucha anticapitalista. Los movimientos sociales llevan varios años
dando pequeños pasos en dirección a sacar todo el fruto posible de las
facilidades que este medio ofrece, lo que está desembocando en que la red sea
un instrumento práctico de difusión de contrainformación, de denuncia, de
debate y de coordinación organizativa. Y no nos cansaremos de insistir en que
los poderosos son conscientes del potencial de Internet, por ello arremeten
contra él cada vez con más frecuencia.
De hecho, hoy en día se puede empezar a plantear que Internet ha finalizado
una etapa inicial de "peligro potencial" y ha metido un pie en la
etapa de "peligro real".
Si hacemos un repaso de algunos de los zarpazos represivos más importantes
que se han dado en el campo virtual y en organizaciones vinculadas a él,
podemos deducir que mientras los activistas sociales discuten sobre si
Internet es o no "la panacea", la clase dominante, con más visión
de futuro, toma la iniciativa de torpedear lo que ya es, conscientes o no, un
nuevo campo de acción política.
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