Fontanarrosa quiere
amnistiar a las "malas palabras"
En una festejada intervención, el
genial escritor y humorista consideró la importancia que tienen esos vocablos
en el lenguaje cotidiano. También abundó sobre el tenor y el tono de cada
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El escritor y humorista gráfico Roberto Fontanarrosa propuso este
viernes "una amnistía" para las "malas palabras", pidió
cuidar de ellas e integrarlas al lenguaje y consideró que "las vamos a
necesitar".
Al intervenir en el III Congreso Internacional de la Lengua Española,
Fontanarrosa explicó: "Este es un ámbito más que apropiado para
plantearse ¿por qué son malas palabras? ¿Le pegan a las otras palabras? ¿Son
de mala calidad, y cuando uno las pronuncia se deterioran? ¿Quién las define
como malas palabras?".
Durante la mesa sobre "Español internacional e internacionalización del
español", que se celebró en el Teatro El Círculo, Fontanarrosa
abundó: "Tal vez sean como esos villanos que al principio eran buenos
pero la sociedad los hizo malos. Tal vez, al marginaras las convertimos en
malas. En alguna época se les decía palabrotas, lo cual no deja de ser un
reconocimiento. Las malas palabras reflejan una expresividad y una fuerza que
difícilmente las haga intrascendentes. He escrito algo, pero no me alcanzo
para que la memoria me dictara que tenía que traer los lentes".
El también hincha fanático de Rosario Central aclaró: "No es que haga
defensa incondicional y quijotesca de las malas palabras. Algunas me gustan.
Mi vieja no decía muchas malas palabras. Mi viejo en cambio era lo que se
llamaba un mal hablado. También se le llamaba 'bocasucia'. Unos primos míos
que jamás decían malas palabras y que iban a mi casa decían 'vamos a jugar
al tío Berto', entonces se encerraban y empezaban a putear", relató.
Según recordó, durante su niñez "en ningún momento se impuso eso de
'eso no se dice, eso no se hace, eso no se toca'. A veces criticamos a los jóvenes
porque usan un vocabulario bastante estrecho, me preocuparía que no tuvieran
capacidad de expresión y de grafismo al hablar: 'acá le salio un coso'. algo
que lleva a uno a decir 'qué cosa, cómo se expresan los chicos'".
"No sé quién define lo que es vulgar y lo que no es vulgar. Pienso que
las malas palabras brindan otros matices. Soy fundamentalmente un dibujante,
con lo cual más de uno se preguntará 'qué hace este muchacho en esta mesa'.
Hay palabras de las denominadas malas palabras que son irreemplazables, por
sonoridad, por fuerza y por contextura física de la palabra. No es lo mismo
decir que una persona es tonta o sonsa que 'es un pelotudo'. El secreto de la
palabra pelotudo. ya universalizada -no sé si ya está en el Diccionario
Panhispánico de Dudas- podría referirse a un utilero de fútbol. El secreto
y la fuerza está en la letra 't'".
Celebrado por las carcajadas del público, dijo que "hay una palabra
maravillosa que en otros países está exenta de culpa que es 'carajo'. Tengo
entendido que era el lugar donde se colocaba el vigía en lo alto de los mástiles.
Amigos mexicanos con los cuales estuve cenando anoche me explicaban que las
islas Carajo están en el Océano Indico. Acá se llega al eufemismo de decir
'caracho'". Fontanarrosa advirtió por atraparte "la triste
función de los puntos suspensivos" para reemplazar términos soeces.
"Merecería otra discusión en el Congreso de la Lengua. Hay otra palabra
irremplazable que es 'mierda', y el secreto de su contextura física está en
la erre. Los cubanos dicen 'mielda'. Ese es otro de los grandes problemas que
ha tenido la revolución cubana, que es la imposibilidad de manifestar fuerza
expresiva".
"Atendamos estas condiciones terapéuticas de las malas palabras, que
sirven para descargarse. Pido una amnistía para ellas, vivamos una Navidad
sin malas palabras, y cuidemos de ellas, porque las vamos a necesitar",
concluyó.
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