El padre Pocho, el cura que sedujo a Kirchner en
La Rioja
Reivindicó a la iglesia de los pobres frente al
Presidente
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LA RIOJA.- Lo ovacionó una multitud. El
presidente Néstor Kirchner lo nombró en forma reiterada. Decenas de
llamadas en las radios riojanas sostenían: el "padre Pocho" emocionó con una
palabra frontal y sencilla, reivindicó la pastoral de monseñor Enrique Angelelli
y cambió el eje del acto, si es que éste había sido pensado como un mitin
político.
Además, pidieron que retornara a la conducción del tradicional Tinkunaco, la
mayor celebración religiosa de la provincia, que se festeja todos los 31 de
diciembre al mediodía.
El fragor de la breve visita de Kirchner a Chamical el día que se recordaba el
29° aniversario del asesinato del obispo riojano había quedado en el recuerdo.
Pero Délfor Brizuela, un cura de 45 años, con 19 de ejercicio sacerdotal
y párroco de Chamical hace tres, continuaba en la consideración de los medios,
sin proponérselo.
En comunicación telefónica con él, en plena siesta, se encontraba a medio
camino entre Chamical y Punta de Los Llanos, llevando, como un obrero más,
material de construcción para la ermita levantada a la vera de la ruta nacional
38, en el sitio donde, en 1976, quedó tendido Angelelli, boca arriba y
con las manos en cruz.
"Es como un sueño lo que estoy viviendo." No se refería a la repercusión de su
sermón en el palco. Aludía a la decisión presidencial de impulsar la reapertura
de la investigación del caso Angelelli y a que hubiera mencionado que
"fue un asesinato".
"Vamos a tomar unos mates. Quiero que me cuente cómo fue y cómo se vivió este
hecho", propuso el Presidente a los sacerdotes del Decanato de los Llanos y
familiares de desaparecidos, un rato antes del acto.
"La actitud del Presidente me relajó", comentó el cura, quien se enteró tan sólo
unas horas antes de que tenía que hablar. Pero Brizuela, como muchos, no sabía
con qué tipo de acto se encontraría. Fue su primer contacto con el Presidente.
Era un adolescente de la escuela secundaria cuando conoció a monseñor
Angelelli y se comprometió con el grupo de jóvenes que desarrollaba tareas
comunitarias en una Rioja muy pobre. Descubrió que no quería ser abogado como su
padre, un destacado profesional del medio y también ex ministro del gobernador
Carlos Menem.
Aunque pertenecía a una familia de clase media acomodada, de niño le encantaba
acompañar a su madre en las tareas de Caritas Diocesanas. "Aprendí
lo que significaba servir a los demás, a los que menos tenían."
"Cuando escribí al obispo Witte [Bernardo] para presentarle mi decisión de
entrar en el seminario, puse que el llamado de Dios yo lo había sentido en estos
chiquitos lustrabotas en el grupo de jóvenes, en los barrios donde poco a poco
había ido llegando y trabajando en cosas tan diversas, porque era desde dar
catequesis a juntar piedras en un camión para los cimientos de una piecita o de
una Capilla."
La otra palabra
¿Por qué la gente, a través de los medios, rescataba sólo el sermón del padre
Pocho? "Se va perdiendo el miedo, especialmente ahora que las cosas
comienzan a llamarse por su nombre, con una actitud más serena."
-¿A qué atribuye la buena reacción de la gente a sus palabras?
-Hablé directa y simplemente. Sin rodeos.
No se imagina en otra misión que no sea la sacerdotal.
En los archivos hay un párrafo de una extensa conversación de este sacerdote
hace cuatro años: "Los momentos más consistentes de fe, de presencia de Dios,
son cuando parece que El no está. Cuando vivimos el silencio de Dios. El Dios
que no hace bulla".
Por Arturo Ortiz Sosa (h.)
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