Aseguran que en
Argentina, hay 20 mil personas que duermen en la calle
Juan Car, de Red Solidaria, reveló que "Capital Federal debe tener
1300 personas que duermen en la calle; La Plata, unas 200; en la
Argentina hay casi 20 mil personas que duermen en la calle"
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Diario Mar de Ajó (el diarito) Prensa Popular
Como
consecuencia del impacto que la ola de frío causa en estas personas, Red
Solidaria realizó una recorrida "para llamar la atención y evitar una
muerte más". En tal sentido,
Juan Car aseguró que el elemento clave es
que "la comunidad esté movilizada, atenta y organizada: cualquiera que
vea una persona en la calle, que llame a una ambulancia, al número que
corresponde: al 107, 108, 101, 911, inclusive".
En diálogo con Radio Provincia, Car también advirtió que "de las 10
millones de familias que viven en la Argentina, la cuarta parte, 2
millones 500 mil tienen problemas para calefaccionarse". Agregó que "en
Argentina hay más de medio millón de personas mayores de 80 años y más
de la mitad tiene problemas económicos y, por supuesto, de calefacción". Siempre con la intensión de prevenir y ayudar al
prójimo, "le proponemos a escuelas, parroquias, instituciones, templos,
clubes, radios, medios de comunicación locales que si alguno sabe de
personas que están solas sin calefacción, que estén atentos para evitar
una próxima muerte".
Otro aspecto a tomar en cuenta es que "en la Argentina hay 500
accidentes anuales por monóxido de carbono", que provocan al menos medio
centenar de muertes.
Al respecto,
Juan Car recomendó efectuar la consulta correspondiente
cuando se advierte que "el aparato de gas funciona mal" y concluyó con
una recomendación: "siempre es bueno dejar una rendija por donde entre
aire".

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Cada 8 horas muere una persona a causa del frío |
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La
Red Solidaria indicó que en 12 días murieron 41 personas por hipotermia
o por inhalar monóxido de carbono. Los más afectados son las personas
que duermen en la calle o no tienen calefacción.
Esta Organización No Gubernamental (ONG) recordó en un comunicado de
prensa que, desde el 28 de mayo, cuando recrudecieron las bajas
temperaturas, murieron 41 personas, 23 de ellas por hipotermia, al no
contar con techo o abrigo, pero "otras 19 fueron víctimas del monóxido
de carbono".
Ante esta situación,
Red Solidaria insistió en la necesidad de
"conformar un comité de emergencia con las empresas (de energía), el
Gobierno y las organizaciones comunitarias para enfrentar esta segunda
ola de frío".
Según dijo la entidad, "los más afectados" son los sectores más
desprotegidos que duermen en la calle a la intemperie, o no tienen
calefacción, así como las personas mayores que viven solas y "los que se
calefaccionan sin dejar una ventana o puerta abierta para que se renueve
el aire".
"La comunidad todavía no es conciente de la presencia de esta nueva
epidemia que nadie sabe cómo detener, aunque todas las muertes por el
frío son evitables", recordó
Red Solidaria. |
Duermen en la Calle
(se preocupan por esto la clases
medias?)
(extracto de nota de Roxana Sandá)
En una de las plazoletas de Congreso,
donde Luis Sáenz Peña tajea a Hipólito Yrigoyen, restos de sillones viejos
se contraen junto a los árboles apretados de palomas y excrementos. Allí se
arraciman hombres y mujeres entrados en olvidos, mirando con desconfianza a
esos nuevos compañeros que no superan el metro veinte; pequeños y
descuidados, insolentes solitarios que acechan abrigo y comida antes de caer
en sueños de pastabase.

La porteñidad extrañada siempre los
miró sin comprender. “Lo que está sucediendo causa miedo, y no tanto por
los horrores, sino por la completa seguridad con que se ha roto el contrato
secreto que existió entre la gente”, advertía
Ernst Junger.
Y a Buenos Aires le viene sucediendo hace décadas la manifestación de los
que ha olvidado, la marginalidad que no desea palpar y mucho menos ver. Son
el patio trasero del neoliberalismo, ese otro espejo de la argentinidad: los
que viven en la calle.
En mayo 2007, protestas de los
habitantes de las zonas periféricas de la ciudad de Santa Fé por mayor
seguridad recibieron como respuesta la disposición de tropas especiales de
operaciones y de “Los Pumas”, los policías de la Dirección General de
Seguridad Rural, en barrios y rutas, para cubrir las zonas “azotadas” por la
marginalidad. Este episodio es una réplica fiel de los sentimientos que por
esta ciudad despiertan los llamados sin techo sobre ese consorcio despiadado
que es la clase media vecinal. Porque son los vecinos los que se comunican
con las líneas públicas de servicios a la comunidad para que “corran al
otro” de su vista y su vereda.
“Hasta la crisis de 2001, la gente
llamaba para que sacáramos a los sin techo de sus veredas, como si eso los
enfrentara con el propio miedo a perder el lugar social. Después se recuperó
la instancia de solidaridad, pero es cierto que al día de hoy los vecinos
llaman para que llevemos a esas personas a algún otro sitio, como ellos
dicen.” La psicóloga
Patricia
Malanca, director del
Sistema de Atención Inmediata (SAI) del gobierno porteño, lo
advierte como parte del derrape social “porque se rompieron los
lazos, y la desinstitucionalización formalizada del pobre se cronifica en la
calle”.
Buenos Aires 2007: unos 795 personas se
encuentran en situación de calle, según el último censo del SAI, de
noviembre de 2006. El 80 por ciento son hombre y el 20 restante, mujeres. El
70por ciento del total sufre problemas de alcoholismo, mientras que el
denominador común hace pie en enfermedades pulmonares, infectocontagiosas,
dermatitis y piojos.
Los hombres descubren un perfil nómada,
en su mayoría carentes de familia entendida como vínculo formal. “Les
cuesta muchísimo la construcción asociativa”, apunta Malanca. La escasa
presencia dedujeres en calle habla de otras vulnerabilidades. “Son menos
porque históricamente han salido a poner el cuerpo institucional: son las
que de algún manera pararon la olla. Eso explica que las que duermen y viven
en la calle tienen, en su mayoría, una patología psiquiátrica de base”.
Contra la supervivencia en los 70 a
partir de changas, dádivas y cadenas de voluntades, el terrorismo económico
que arrojó la última dictadura militar y el neoliberalismo de los 90 se
encargaron de convertirlos en los primeros excluidos del sistema. “Pero
aun así no demandan”, reflexiona la psicóloga. No todos quieren ir a
alguno de los siete alojamientos distribuidos en la ciudad, entre centros de
noche, hogares y paradores, y mucho menos piensan en abandonar sus barrios
de pertenencia. En 1997, al inicio de la experiencia comunal de abordaje
psicológico a personas sin techo, sobrevino “La frustración”, dice la
especialista, y explica: “Nos desmoronaban las estrategias. Decían:
´estoy bien así´. Nos preguntábamos cómo podían preferir la indefensión de
la vereda a la panacea del techo, y debimos replantear la pregunta. Ya no se
trata de quebrar su negativa a ir a un hogar, sino de aprender a historizar
a esa persona a su problemática. Para nosotros dejaron de tener el nombre de
la calle donde paraban y empezaron a recobrar sus nombres propios”.