El duelo de Mujica con los frigoríficos
Un aplauso para el asador

La historia del “asado del Pepe” o “tipo Mujica”, como lo promocionó con sagacidad un carnicero de Montevideo, comenzó durante la campaña electoral

Sergio Israel
Brecha                            Regresar a Prensa Alternativa Diario Mar de Ajó (el diarito) Prensa Popular

Uno de los aliados de José Mujica, el candidato de la Columna Blanca del Espacio 609 Luis Fratti, productor de Cerro Largo y ex vicepresidente de la Federación Rural, prometió en varios actos obtener un precio especial para la más típica comida nacional, como forma de mitigar el drástico descenso del consumo de carne en el país.

Unas horas antes de que Fratti asumiera como nuevo presidente del Instituto Nacional de Carnes (Inac), la industria hizo una jugada de pizarrón: aumentó el precio de la carne. Aunque en teoría el producto está liberalizado y únicamente sujeto a las leyes de la oferta y la demanda, en la práctica los precios los marcan los operadores más fuertes de la industria: los frigoríficos Tacuarembó, San Jacinto, Carrasco, Las Piedras (nacionales), La Caballada (estadounidense) y Pulsa (brasileño).

Conociendo los códigos que se manejan en el sector con el cual se había enfrentado duramente como productor, Fratti interpretó que le estaban pisando el poncho, como se estilaba decir en campaña cuando alguien buscaba un reto a facón.

La industria estuvo acostumbrada hasta ahora a imponer sus reglas de juego a los gobiernos blancos y colorados, sobre todo a través de su participación en el Inac. Aunque se conserva como reliquia un camión de reparto con el asiento de cemento para proteger al conductor de los tiros, de la época en que la faena era un negocio de mafias, hace tiempo que los métodos violentos fueron sustituidos por otros más sutiles pero muy efectivos: aportes a las campañas políticas y presión por la cantidad de puestos de trabajo, entre otros.

Cuando Fratti comentó con Mujica la coincidencia del aumento de precios y su ingreso como presidente del INAC, el ministro interpretó que debía salir a respaldar a su nuevo correligionario y subió la apuesta mediante una pequeña operación mediática. A la salida de una entrevista con el presidente Tabaré Vázquez, dijo que con el aumento se estaban tirando contra él y que más hubiera valido que pidieran su renuncia en lugar de perjudicar a la gente.“Yo no me chupo el debo, esta suba de la carne es contra el ministro”, advirtió.

Aun en un país donde los empresarios se “pobrean”, la industria frigorífica difícilmente pueda ocultar que el año pasado facturó una cifra cercana a los mil millones de dólares, casi tres cuartas partes de ellos en el exterior, especialmente en Estados Unidos , y que en contraste con los duros años 2001 y 2002 ahora están pasando por tiempos de bonanza.

Con la mise en scène realizada, el ministro de Ganadería logró al menos dos cosas: colocar el tema del precio de la carne con fuerza en la opinión pública y dar una clara señal a los frigoríficos en el sentido de que ya no serán los intocables de siempre.

La respuesta por parte de los empresarios a la amenaza de Mujica de fijar el precio por decreto, aspecto sobre el cual el subsecretario Ernesto Agazzi marcó un matiz, no se hizo esperar.

Rompiendo con una tradición de silencio casi centenaria, el presidente de la Asociación de la Industria Frigorífica (AIF), Fernando Secco, salió a responder con un estilo tan llano como el de Mujica, aunque desde el otro lado del mostrador. Dijo que el problema no es que la carne esté cara sino que los salarios son bajos y que, en todo caso, en un mercado global y liberalizado, los precios son fijados por los consumidores de alto poder adquisitivo que hay en los países del Norte. También se quejó de que se discutiera el asunto a través de la prensa. Durante una entrevista en radio El Espectador (28 de marzo) Secco dijo que “nos hubiera gustado analizar este tema con el ministro en forma mucho más privada”, y subió la apuesta cuando comparó una eventual fijación de precios por decreto con la dictadura: “Yo viví épocas, 25 años atrás, antes de que viniera la democracia, en que nos sentaban en una silla y nos decían: ‘Usted haga este negocio’ y que si no lo hacía ‘podía terminar en un cuartel’”, sostuvo el directivo del frigorífico Tacuarembó.

HAMBRE Y LIBERTAD

 Consultado por BRECHA, Secco admitió su disgusto ante la posibilidad de que se impongan precios, pero sin embargo dijo que la industria aceptó una rebaja voluntaria (de palabra y por dos meses) del asado como forma de demostrar buena voluntad hacia el gobierno, aun realizando un “sacrificio”.

El directivo de los frigoríficos sostuvo que si bien ahora el sector está ganando, ello representaba una compensación de las recientes épocas de bajísima faena y recordó que, sólo en Tacuarembó, con el aumento de las exportaciones se crearon 200 nuevos puestos de trabajo. También expresó que estaría dispuesto a apoyar el Plan de Emergencia que lleva adelante el gobierno.

Mujica, preocupado por el retrasado y endeudado sector agropecuario y por el consumo calórico de la población, más que por los frigoríficos a los que sabe mejor plantados, defendió con firmeza su posición y terminó obteniendo una victoria política al menos momentánea.

Quizás para respaldar a Mujica como éste hizo con Fratti, o genuinamente entusiasmado con la idea de promover un control de precios de los productos de primera necesidad, Tabaré Vázquez sostuvo que le gustaba la idea de extender la rebaja a otros artículos de la canasta básica para satisfacer demandas alimentarias de la población, y se plegó a la idea de recurrir a los decretos para fijar precios. Para el gobierno, la canasta básica (arroz, harina, aceite, azúcar, fideos, etcétera) debería tener un precio acotado.

Regresar a Prensa Alternativa Diario Mar de Ajó (el diarito) Prensa Popular