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Por Julio Godio
(*) |
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Sumario
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1. Enfoque
global |
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2. La
derecha
reconoce una
posible
derrota |
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3. CFK es la
nueva
presidenta |
|
4.
Conclusiones |
Tal
como señalaban
la mayoría de
las encuestas,
la fórmula
presidencial
Cristina
Fernández de
Kirchner (CFK) -
Julio Cobos
resultó
vencedora en las
elecciones
presidenciales
del 28 de
octubre último.
Los partidos y
las coaliciones
de oposición
auguraban que la
fórmula CFK-Cobos
no alcanzaría
los votos
suficientes para
imponerse
en la primer
vuelta. Los
resultados
demostraron lo
contrario: la
fórmula oficial
logró el 43,9%,
y todos los
votos del
heterogéneo arco
opositor sumados
llegan al 39%.
Así que el 10 de
diciembre se
iniciará un
nuevo gobierno
kirchnerista,
cuyo mandato se
extenderá hasta
el año 2011. El
ballotage no fue
posible. Este
había sido
diseñado en 1994
(reforma de la
Constitución
Nacional), como
producto del
llamado Pacto de
Olivos, entre
Carlos Menem y
Raúl Alfonsín,
quienes
pretendían
establecer
normas
electorales que
apuntalaran al
ya debilitado
bipartidismo.
Como es sabido,
un candidato
presidencial
resulta elegido
si obtenía más
del 45% de los
sufragios
positivos, o más
del 40% y una
ventaja de por
lo menos 10
puntos sobre el
segundo
candidato. El
ballotage es un
engendro "a la
criolla" creado
para
conservar
estructuras
político-partidarias
que fueron
destruidas por
la gran crisis
de 2001 y por
los logros del
primer gobierno
kirchnerista
(2003-2007).
El triunfo de
la fórmula CFK-Cobos
fue posible
-ante todo-
por su triunfo
en las
provincias más
importantes.
Entre esas
provincias
grandes se
destaca la de
Buenos Aires,
que representa
casi el 40% del
electorado
nacional
(38,1%). Si
sacamos de la
lista las
provincias más
pobladas (Ciudad
de Buenos Aires,
10,6% del
padrón electoral
nacional, Santa
Fe, 9%, Córdoba,
8%), la
provincia de
Buenos Aires
suma más votos
que la suma de
los electores de
las 19
provincias
restantes.
Sólo el distrito
del conurbano de
La Matanza reúne
el 4% del padrón
electoral
(710.000
votantes), lo
que es igual al
electorado que
tienen 16
provincias
argentinas.
Las encuestas
más serias
indicaban que la
fórmula CFK-Cobos,
traccionada por
la importante
fuerza electoral
del candidato a
gobernador
Daniel Scioli,
decidirían
dentro de un
régimen
político-institucional,
económico y
demográfico que
le ha otorgado a
la provincia de
Buenos Aires,
desde el siglo
XIX, el papel de
"provincia
líder".
Pero la elección
en la provincia
de Buenos Aires
no se explica
sólo por el
prestigio de CFK,
Cobos y Scioli.
Se explica en
esta y en otras
elecciones en
varias
provincias por
el papel que han
jugado las
estructuras del
Partido
Justicialista (PJ)
y otras
organizaciones
políticas
"transversales"
que, dentro de
la coalición
política
"Concertación
Plural",
pudieron sumar
votos dentro de
las llamadas
"listas
recolectoras".
Una gran novedad
en estas
elecciones es
que la primera y
segunda
candidatas en
intención de
votos eran
mujeres: CFK y
Elisa Carrió.
Ambas emergen
como las
"Eva Perón" de
nuestros días.
Abogadas ambas,
CFK de ideología
peronista y
Carrió de
orígenes en la
UCR y el
liberalismo,
simbolizan la
creciente
importancia de
las mujeres en
la vida política
y social
argentina.
Por último, en
el pelotón de
candidatos/as se
anotaban cuatro
hombres
vinculados con
la "vieja
política",
derrumbada en
diciembre de
2001: Roberto
Lavagna, Alberto
Rodríguez Saa,
Ricardo López
Murphy y Jorge
Sobisch. Ninguno
de estos
candidatos
masculinos
aspiraba a
obtener una suma
de votos mayor
al 10%.
2. La derecha
reconoce una
posible derrota
|
El diario La
Nación -el gran
periódico
liberal
argentino- ha
encabezado desde
2003 la
oposición al
kirchnerismo.
Junto con los
editorialistas
oficiales, todos
los
domingos se
publican las
notas de Mariano
Grondona y
Joaquín Morales
Solá, que fijan
las estrategias
y tácticas para
lograr que las
diferentes
fuerzas del arco
opositor
terminen por
lograr acordar
algún tipo de
convergencia
antikirchnerista,
bajo la consigna
de "Propuesta
Republicana".
Esa convergencia
no ha sido
posible,
por diversas
causas, de tipo
ideológico,
político y de
intereses
personales y
económicos, que
en la historia
argentina
contemporánea
han impedido
desde los años
'50
la formación de
un frente unido
opositor al
peronismo.
Recién a una
semana de la
realización de
los comicios, La
Nación publica
el 21 de octubre
dos notas de
aquellos
"periodistas
ideológicos" que
reconocen la
eventual
derrota
electoral del
antikirchnerismo.
Esas notas
fueron:
"Kirchner no es
un período, es
un sistema", de
Grondona, y "La
política camina
hacia un final
cambiado",
de Morales Solá.
Dado que las
notas fueron
publicadas una
semana antes de
las elecciones,
las recorre un
estilo de
condicionalidad
que no alcanza a
ocultar los
pronósticos
pesimistas. En
el caso de
Grondona, la
tesis principal
es que un
gobierno
presidido por
CFK no sería
"otro período"
de gobierno,
sino "la
prolongación de
este mismo".
Señala que:
"Si los que
voten el
domingo por
Cristina
Kirchner
tienen la
impresión de
que están
votando a
Néstor
Kirchner, su
triunfo, de
ocurrir,
igual sería
legítimo,
porque el
Presidente
tiene el
derecho de
ser
reelegido
por una vez.
Pero si se
considerara
que la
'elección'
de Cristina
equivaldría
en realidad
a la
'reelección'
de Néstor,
tanto éste
como su
delegada
matrimonial
quedarían
inhibidos
para
presentarse
como
candidatos a
la
presidencia
en 2011,
porque la
suya ya no
sería una
'reelección',
sino una
're-reelección'".
Según Grondona,
la eventual
elección de CFK
inauguraría una
serie
ilimitada de
reelecciones, ya
sea bajo el
nombre de
Néstor, Cristina
o eventualmente,
según el
autor de la
nota, de un
miembro del
"círculo
íntimo", como
podría ser
Alberto
Fernández.
Entonces
tendríamos una
especie de
"monarquía
bicéfala" detrás
de la
fachada de una
"república
presidencial".
En otras
palabras, algo
así como un "revival"
de los primeros
gobiernos
peronistas
(1945-1955). A
partir de estas
conclusiones,
Grondona afirma
que de
prevalecer las
intenciones "reeleccionistas"
estaríamos en
estas elecciones
no ya frente a
un nuevo período
de gobierno
constitucional
kirchnerista,
sino frente a un
nuevo sistema
político con
reelecciones
indefinidas.
Grondona cree
que el peligro
de la
instalación de
un nuevo sistema
político ya se
perfila por las
prácticas del
actual gobierno
del uso
discrecional del
superávit fiscal
para doblegar a
los actores
políticos, de
gobernar a
través de
decretos
presidenciales
de "necesidad y
urgencia", el
nuevo Consejo de
la Magistratura
y las
restricciones
financieras a
las provincias.
Concluye
entonces que:
"Si lo que
hemos tenido
desde 2003 y
lo que
seguiríamos
teniendo de
ganar la
esposa del
Presidente
no ha sido
meramente un
período
presidencial
tradicional
sino un
nuevo
sistema de
poder
concentrado,
lo que habrá
en verdad el
próximo
domingo será
una opción
entre un
gobierno
tradicional
en cabeza de
algunos
de los
candidatos
republicanos
que compiten
por la
presidencia
y un nuevo
sistema
hegemónico
de poder
abierto a
reelecciones
ilimitadas.
En suma,
entre
una
república y
una
monarquía.
Porque
también las
monarquías,
cuando
fueron
absolutas,
atribuían
todo el
poder por
todo el
tiempo a la
misma
familia".
Por su parte,
Morales Solá
señala en su
artículo -al
igual que
Grondona- que la
política ha sido
ganada por el
"hastío". Es
decir por la
apatía popular.
Pero ese hastío
tiene como
escenario de
fondo a una
sociedad que
percibe que el
gobierno ha
logrado asegurar
un alto
crecimiento
económico pero
sin resolver
problemas de
fondo
(crecimiento con
baja inversión,
bloque de loas
posibilidades de
crecimiento de
la oferta frente
a la demanda y
una alta tasa de
inversión). Ese
estado de
inseguridad
sobre el futuro
de la economía
argentina
determinaría
-especialmente
en segmentos de
las clases
medias urbanas-
una fuerte
apatía
electoral.
Una gran parte
del electorado
cree que los
políticos -esto
es, los
responsables de
dirigir al
Estado- son
esencialmente
corruptos. Dicho
de otro modo,
una buena
parte de la
sociedad
argentina exige
soluciones de
quienes descree
o aún más,
desprecia.
(1)
Todavía persiste
en amplios
sectores
sociales la
falsa percepción
de
que se podría
"reinventar" la
democracia, pero
sin partidos
políticos.
Es en este
contexto de
apatía que
Morales Solá
plantea -por
primera vez en
estos años- que
la oposición
política,
incapaz de
enfrentarse con
el escepticismo
popular sobre
los partidos, ha
sido incapaz de
construir una
opción única de
masas
antikirchnerista.
Escribe Morales
Solá:
"Se derrumba
con los
resultados
actuales la
hipótesis
opositora,
casi
ingenuamente
repetida, de
que era
mejor que
hubiera
muchos
candidatos
no
oficialistas.
Estos,
decían ellos
mismos, le
comerían
votos al
kirchnerismo
por
izquierda y
por derecha
hasta
obligarlo al
ballotage;
en la
segunda
vuelta,
concluía la
teoría, se
unirían
todos los
opositores
para
derrotar en
el combate
final al
poder
reinante. Un
bello
combate, en
fin, que
parece
condenado a
ser siempre
una ficción.
La
experiencia
electoral
indicó
siempre que
estaban
confundidos
y que
actuaban
contra la
historia y
el sentido
común. Las
segundas
vueltas sólo
son posibles
cuando una
fuerte
oferta
opositora
enfrenta la
propuesta de
un poder
sólido y con
inocultables
signos
vitales.
Para Morales
Solá había sido
duro reconocer
el fracaso de
los candidatos
opositores que
tanto apoyó
desde las
páginas de La
Nación. Escribe:
"Carrió fue
la más
creativa de
todos los
candidatos
opositores
(tiene el
poder en la
sangre, diga
lo que
diga), pero
terminó
zigzagueando
con
demasiada
frecuencia.
Lavagna está
finalizando
su campaña
peleándose
con los
diarios y
con los
encuestadores,
que es la
mejor manera
de perder el
tiempo. Es
un
calco más
elegante y
más
intelectual
de las
rabietas
mediáticas
del Kirchner
que se
peleaba con
los
periodistas.
Rodríguez
Saá es quien
le hizo daño
a Lavagna,
porque lo
despojó de
eventuales
votantes
peronistas,
como Carrió
le hizo daño
a López
Murphy
porque lo
desplumó de
simpatizantes.
Rodríguez
Saá se lanzó
para
desarticular
a los
Kirchner con
su campaña
paleoperonista,
pero sólo
revolvió,
hasta ahora,
entre votos
opositores."
A una semana de
las elecciones
presidenciales,
los dos
principales
"ideólogos
periodistas" de
la derecha
reconocen que la
única fuerza
político-social
con "vitalidad
histórica" es el
kirchnerismo.
Fueron notas
editoriales
sumamente
importantes,
porque ambas
reconocían que
el eventual
triunfo en
primera vuelta
de la fórmula
CFK-Cobos podría
implicar, como
afirmaba
Grondona, que se
estaría en
presencia no
sólo de un nuevo
período de
gobierno del
kirchnerismo
sino del
nacimiento de
un nuevo
"sistema
político
institucional".
3. CFK es la
nueva presidenta
|
CFK logró los
votos
suficientes para
vencer en la
primer vuelta
electoral. Es la
primera mujer
electa para
presidenta en
Argentina. El
Vicepresidente
será, como
hemos dicho, el
radical Julio
Cobos.
Con un padrón
electoral de
27.091.378
votantes, los
resultados
fueron los
siguientes:
(2)
|
Cristina
Fernández de
Kirchner -
Julio Cobos
|
44,92%
|
|
Elisa Carrió
- Rubén
Giustiniani
|
22,95%
|
|
Roberto
Lavagna -
Gerardo
Morales
|
16,88%
|
|
Alberto
Rodríguez
Saa - Héctor
Maya
|
7,71%
|
|
Fernando
'Pino'
Solanas -
Angel
Cadelli
|
1,60%
|
|
Jorge
Sobisch -
Jorge Asis
|
1,56%
|
En la
estratégica
provincia de
Buenos Aires
triunfó en forma
aplastante el
candidato a
gobernador del
FPV-PJ Daniel
Scioli, quien
logró el 50,3%
de los votos,
sobre
el 16,4% de
Margarita
Stolbizer
(Coalición
Cívica) y el
13,3% de
Francisco de
Narváez
(Unión-PRO). En
esta provincia,
la más
importante del
país, Scioli,
soporte de
CFK, venció en
todos los
distritos.
Scioli obtuvo
más votos que
CFK. El
peronismo-kirchnerismo
contó con el
apoyo de todos
los intendentes
peronistas del
conurbano
bonaerense.
Habrá un amplio
domino del
kirchnerismo en
el Congreso
Nacional. En la
Cámara de
Diputados, sobre
un total de 257
bancas, los
kirchneristas
sumarán 153, la
UCR 30, el PRO
13, los
peronistas
disidentes (o
tradicionales) 9
y los otros
bloques 25. En
la Cámara de
Senadores, sobre
72 bancas, los
kirchneristas
tendrán 44,
la
Coalición Cívica
5, la UCR 10,
los peronistas
disidentes 4 y
los partidos
provinciales 9.
Las elecciones
en las
provincias
dieron el
triunfo a la
fórmula
presidencial
kirchnerista en
todos los
distritos, salvo
en la Capital
Federal (donde
triunfó la
Coalición
Cívica), Córdoba
(UNA, Lavagna) y
San Luis (Frejuli,
Rodríguez Saa).
Como hemos
escrito, a la
fórmula
oficialista le
fue mal sólo en
algunas ciudades
grandes, en las
que existen
bolsones de
clase media y
alta fuertemente
antiperonistas,
que a través de
sus
representaciones
políticas
influyen sobre
los sectores
populares. En la
capital
cordobesa
triunfó Lavagna,
y en Capital
Federal y
Rosario Carrió.
Así, las
elecciones
presidenciales
han ratificado
los pronósticos
de la mayoría de
las
encuestadoras.
Un nuevo
gobierno
kirchnerista,
presidido por
CFK, gobernará
este país entre
2007 y 2011.
|
CFK pronunció su
discurso
triunfal la
noche del 28/10,
en el Hotel
Intercontinental.
Fue un discurso
estudiado, sin
el tono crispado
que la
caracteriza,
dirigido a toda
la sociedad.
Comenzó
señalando que su
objetivo será
profundizar los
cambios
iniciados en
2003. Señaló que
convocaba a:
"Todos los
hombres y
mujeres, a
todos los
que nos
votaron y a
los que no,
a los que
tal vez
pudieran
agraviarnos.
Queremos
tender la
mano porque
es necesario
construir el
tejido
social e
institucional".
Destacó la
importancia de
la Concertación
Plural, es
decir, la
alianza entre el
FPV-PJ, el
radicalismo K,
el socialismo y
otras fuerzas
que permitió
vencer en las
elecciones
provinciales.
Convocó a la
participación de
los argentinos a
la constitución
de un nuevo
tejido social y
a "construir un
futuro
diferente".
Para dejar en
claro que el
nuevo gobierno
será "bicéfalo"
(es decir,
formalmente
presidido por
ella pero
compartido con
su esposo
Néstor), destacó
la importancia
de
Kirchner en la
política
argentina.
Estuvo presente
durante el
discurso de CFK
la ex-candidata
socialista
presidencial en
las últimas
elecciones en
Francia,
Segolene Royale,
con la que la
nueva
presidenta
argentina
mantiene fuertes
relaciones
políticas y
personales.
Todavía es
pronto para
conocer los
nombres del
próximo
gabinete. Sólo
se sabe con
certeza que
quedarán Alberto
Fernández, Jefe
de Gabinete;
Jorge Taiana,
Ministro de
Relaciones
Exteriores;
Carlos Zanini,
Secretario de
Legal y Técnica;
Alicia Kirchner,
Ministra de
Desarrollo
Social; y Miguel
Peirano,
Ministro de
Economía.
(3)
El aporte
principal que
como presidenta
deberá hacer CFK
a la democracia
será, sin duda,
ejercer el poder
de modo de
acercar a la
oposición
política asentir
que la
"profundización
del cambio"
propuesta como
objetivo
estratégico es
también -por lo
menos- aceptable
para las
principales
fuerzas de la
oposición. No
será tarea
sencilla, en un
país en el cual
surge como
amenaza un
resurgimiento de
la antinomia
peronismo-antiperonismo.
El contenido del
discurso de CFK
sólo se
verificará como
viable si el
kirchnerismo
puede separar
claramente dos
asuntos. Uno se
refiere a la
necesaria
conservación
de la iniciativa
política por
parte del
gobierno. Esta
cualidad ha sido
fundamental para
que el gobierno
del Presidente
Kirchner pudiese
dirigir el
profundo proceso
de
transformaciones
"nacionalistas-neodesarrollistas"
llevadas a cabo
entre 2003 y
2007. El otro
asunto
absolutamente
distinto es la
lógica política
del kirchnerismo,
que suele
producir
espontáneamente
exclusiones y no
contempla
modalidades de
diálogo político
con la oposición
que se
concentren en
temas de interés
nacional.
Es cierto que la
verdadera fuerza
de CFK residió
en su base de
sustentación en
el peronismo.
Esta base de
sustentación fue
doble: los votos
del conurbano
bonaerense, pero
también los
votos favorables
del interior del
país. El
kirchnerismo se
sustenta
socialmente en
una alianza
compuesta por
los trabajadores
asalariados, las
clases más
humildes y los
sectores medios
"productivistas".
CFK se deberá
enfrentar desde
el 10 de
diciembre con
cuatro demandas
centrales: la
inflación
contenida, la
insuficiente
inversión, la
crisis
energética y la
necesidad
de reequilibrar
progresivamente
la injusta
distribución del
ingreso.
(4)
La Argentina
requiere de una
mejora
sustancial del
funcionamiento
de una
institución
clave del
Estado: el
Congreso
Nacional. Las
nuevas cámaras
de diputados y
senadores
incluirán ahora
a representantes
de nuevos
partidos y
nuevos
liderazgos.
Principalmente
dos líderes se
destacan: Lilita
Carrió y Roberto
Lavagna. Juntos
han sumado el
39,9% de los
votos. Si estos
líderes llegasen
a establecer una
alianza firme,
formarían un
polo político
importante. Esta
alianza
incluiría a
fuerzas
políticas
emergentes como
el Partido
Socialista y el
radicalismo,
liderado por
Margarita
Stolbizer. Esta
última se ha
convertido en la
segunda
personalidad
política
con peso propio
en la provincia
de Buenos Aires.
Por último, los
resultados de
esta elección
dan cuenta del
ocaso de algunos
líderes
políticos de
centro-derecha
(Ricardo López
Murphy,
Francisco de
Narváez), la
desaparición de
otros (Carlos
Menem, Raúl
Alfonsín). La
oposición sigue
y seguirá
fragmentada
políticamente.
Esta realidad
favorece por un
lado al nuevo
gobierno,
pero por otro lo
perjudica, al no
existir una
oposición de
centro-derecha
unificada que
garantice el
funcionamiento
del nuevo
sistema de
partidos que el
país requiere
para mejorar la
calidad
político-institucional
de la democracia
argentina.
|
|
Notas:
|
|
(1) Aldo Isuani,
"En política,
participar más y
despreciar
menos", Clarín,
24/10/07.
|
|
(2) "La
elección: el
gobierno que
viene", Clarín,
29/10/07.
|
|
(3) "Gabinete:
los 20 nombres
que suenan",
Clarín,
29/10/07.
|
|
(4) Eduardo van
der Kooy,
"Algunas
advertencias en
la amplia e
indiscutible
victoria de
Cristina",
Clarín,
29/10/07.
|
|
(*) Director del
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