Contra
todas las formas del infierno
Reportaje a León Ferrari
Mientras
resuena la campaña iniciada por la Iglesia, el artista da su punto de vista
Por Leon Ferrari
Regresar a Prensa Alternativa
Diario Mar de Ajó (el diarito) Prensa Popular
La gran retrospectiva de
León Ferrari en el Centro Cultural Recoleta generó polémica, cuestionamientos
de sectores conservadores y algunos gestos de intolerancia. El artista
profundiza aquí sus críticas al cristianismo y a la idea del infierno, que
—dice— ha servido de justificación para torturar y matar gente desde las
Cruzadas hasta la última dictadura en nuestro país. Con increíble vitalidad,
a los 84 años, habla además de su arte y de sus proyectos
ANA MARIA BATTISTOZZI
Cuesta creer que
este hombre de 84 años, que habla en un susurro y conserva el asombro de un niño
detrás de sus grandes anteojos, sea —como algunos se empeñan en afirmar
desde hace días— la encarnación misma del demonio. Es difícil descubrir en
su mirada la carga de odio que se le adjudica. Lo cierto es que León Ferrari ha
plantado la piedra del escándalo en la sala mayor del Centro Cultural Recoleta:
50 años de producción artística que lo muestran como un percusionista
escurridizo que va y viene probando el sonido de distintos instrumentos. Cerámicas,
esculturas, dibujos, grabados, collages, heliografías y objetos integran el
pormenorizado conjunto que armó la curadora Andrea Giunta y por primera vez se
da el lujo de un impecable montaje que en otras ocasiones el artista no se pudo
permitir. No le fue fácil llegar a este punto que muchos tienen resuelto en la
mitad de su vida. Tanto por la abundancia de su producción polémica como por
sus propias exigencias, Ferrari debió peregrinar largamente antes de concretar
esta muestra. Detrás de ella hay un ejército de mujeres, a las que su obra
rinde homenaje y entre las que se cuentan no sólo la curadora sino sus nietas,
la directora del Recoleta y también Alicia, su esposa con quien se casó en
1942, en la iglesia de San Miguel, decorada por su padre, pintor de iglesias.
Muchos se preguntarán por el giro radical que tomó la obra de este artista que
padeció la desaparición de uno de sus hijos y debió exiliarse en Brasil en
los años 70. El mismo artista que ahora dice:
—Toda esta gran polémica se resume en una cosa muy simple: yo estoy en contra
de la tortura y el cristianismo está a favor. Porque el pensamiento occidental
y cristiano sostiene la existencia del infierno, que implica aprobar o exaltar
el castigo al diferente. La religión opina, desde el Evangelio y el catecismo
último de la Iglesia oficial, que cuando alguien muere si no observa las normas
de la religión, su alma será torturada. La gente puede no creer en esto y, en
efecto hay algunos católicos que dicen que no lo creen. Pero hay un sector que
sí y enseña eso en las escuelas; las escuelas que nosotros pagamos. Por eso es
sencillamente sorprendente que califiquen de odio a un sentimiento (el mío)
fundado en el rechazo a la tortura y a las amenazas que supone la existencia del
infierno.
- —Pero convengamos que hay una cantidad muy
importante de gente devota de la Virgen, que es un personaje que aparece muy
dulcificado en toda la iconografía cristiana, y nunca que yo recuerde,
alentando el odio. Sin embargo, en sus trabajos aparece con escorpiones y
cucarachas.
- —No, sin duda, hay mucha gente que se puede sentir herida. Pero también
hay que entender que todas esas figuras que yo uso son iconos, imágenes o ídolos,
como ellos los llaman en otras religiones y conviene aclarar que los ídolos son
rechazados por el Antiguo Testamento. Ahora Jesús, los padres de la Iglesia o
quien fuere, cuando se apoderaron del Antiguo Testamento para fundamentar su
religión, al aceptar el Antiguo Testamento, aceptan su contenido con las
disposiciones, los mandamientos y lo que dijo Dios Padre. Y Dios Padre se la
pasa diciendo que hay que destruir todos los ídolos, que hay que quemarlos.
Entonces también se podría interpretar —aunque no es mi propósito— que
estoy siguiendo puntualmente las enseñanzas de Dios Padre. Con respecto a la
Virgen, Lucas da en el Evangelio esa versión de la Virgen inseminada por el Espíritu
Santo, pero en otras partes del Evangelio y en las palabras de Jesús, la Virgen
es una buena mujer, no más. Que tiene otros hijos y estaba un poco preocupada
por la salud mental del hijo, como lo estaban otros parientes. El Evangelio de
Marcos dice que se la quisieron llevar, en una ceremonia, porque pensaron que
estaba loca. No dice claramente que la Virgen lo estaba, pero se deduce, porque
en otra parte del Evangelio, uno de sus discípulos le dice a Jesús que estaban
su madre y sus hermanos. Y él, evidentemente, no estaba muy bien con la
familia, porque responde: "No, mi madre y mis hermanos son ustedes".
Es decir, no le llevó demasiado el apunte a la Virgen.
- —La Virgen es una figura que aparece en la Iglesia
a fin de la Edad Media. Casi no tiene presencia en el primer cristianismo.
- —Claro. Y creo que debe ser por ese motivo.
- —Pero aparece en un momento en que la propia religión
y sus representaciones se humanizan: Cristo pasa de la representación de Cristo
Rey sentado en un trono al hombre sufriente y castigado en la cruz.
- —Claro. Flagelado y crucificado por los judíos que tuvieron que cargar
con eso toda su historia. De todos modos, en cuanto a la Virgen y a los devotos
de los santos, yo lamento sinceramente herir el sentimiento de mucha gente. Quizá
haga falta explicar por qué yo uso esos elementos. El argumento es muy simple:
me he pasado años señalando que los cuadros, muchas de las obras de la cultura
occidental son maravillosos de forma y terribles de contenido. Muchos muestran,
aprueban, aplauden y exaltan la tortura. Miguel Angel, el Bosco, el Beato Angélico,
el Giotto, Luca Signorelli, el Dante. Todos ellos. Y la gente mira eso y no lo
ve. Entonces yo me pregunto: ¿en qué forma se puede señalar lo que en verdad
siginifica el infierno? Bueno, una de las formas que yo elijo es meter en el
infierno a los que creen en él y lo promueven. Entonces, pongo allí santos,
cristos y también vírgenes. Porque la Virgen de Fátima es una militante del
infierno hay que ver la descripción terrible que hace del infierno.
- —¿Y ésa es una operación estética?
- —Estética y ética. Y, modestamente, creo que he tenido un gran éxito
con ella porque finalmente estoy logrando que a muchos católicos no les guste
el infierno. Por ahora, no les gusta el infierno cuando están el Papa, Cristo o
algunos de los santos pero espero que la cosa evolucione y que más adelante no
les guste el infierno cuando haya gente como nosotros. El otro día, Mariano
Grondona dijo que yo no reconozco las partes buenas del cristianismo y de
Occidente. Yo siempre digo: Occidente tiene una cosa extraordinaria, que es
haber establecido la Declaración de los Derechos del Hombre. Y además
tiene todas estas obras maravillosas que le han servido de publicidad a la
Iglesia. Porque, hay que reconocerlo, son el resultado de un operativo
magistral. Nadie nunca más hará una operación de semejante eficacia.
- —¿De persuasión y convencimiento a través de imágenes?
- —Y de qué manera. Le han dado una imagen maravillosa a una cosa
horrible, que es la amenaza del infierno. Se apoyaron en la belleza de la forma
para aterrorizar y controlar a la gente que no hace la diferencia con el
contenido. Pero la ética y la estética no son independientes.
- —¿Quiere decir que la Iglesia hizo uso de la
belleza y el terror para su poder?
- —Por supuesto. Ninguno de esos artistas pintaba lo que le daba la gana.
Seguían instrucciones precisas del abad o el Papa de turno. Siempre se señala
la diferencia entre lo que se llama el arte político de ahora y el de antes. El
arte político contemporáneo en general se refiere a los excesos del poder, a
la discriminación, a la miseria, no hay un arte político a favor del poder. Ni
Hitler lo logró.
- —Pero tenía un programa que se apoyó en la radio
y el cine, los nuevos medios de la cultura de masas.
- —Pero la gran diferencia es que no lo hizo mostrando las amenazas de los
infiernos nazis; Hitler no pintaba los campos de concentración, más bien los
escondía. La Iglesia, en cambio, contrató a los más grandes artistas para que
mostraran de la manera más convincente esa amenaza de su invención que es el
infierno.
- —¿No podría considerarse este debate como cosa
del pasado?
- —No, para nada, es de una gran actualidad. Mientras el arte político es
un apoyo a los derechos humanos y una condena a la violación de esos derechos
por parte del gobierno que sea, el arte político que apoyó la Iglesia es una
violación a los derechos humanos, es un apoyo a los delitos que la Biblia
proclama como castigo necesario para los diferentes. No importa si el infierno
es real o no, lo que importa es que está en la cabeza de la gente desde hace
miles de años. Y es lo que ha provisto, y provee, de justificación para matar
gente. Desde las Cruzadas al Proceso en muestro país y más recientemente a
Bush. En Estados Unidos el 65% de la gente cree en el infierno; esto significa
que cree en la tortura del diferente. ¿Por qué no van a torturar iraquíes, si
son infieles? ¿No es de una terrible actualidad este debate?
- —Esto que estamos analizando está contenido en sólo
una parte de la exhibición en el Centro Cultural Recoleta. Pero hay todo un
desarrollo de su obra que lo excede y está muy bien mostrado, ¿no le parece
que todo este debate está oscureciendo la mirada profunda que el conjunto
merece?
- —Bueno, hay gente que va por eso, que nunca estuvo en una muestra y por
uno u otro motivo le interesa la cosa. Hay gente que está muy en contra y
entonces se va. El otro día uno se quejaba porque decía que yo había puesto
al Papa frente a un frasco lleno de preservativos, ¿no? Y justo fue en el Día
del Sida. Quisiera recordar que esa posición fundamentalista de la Iglesia
sigue matando gente. Grondona hablaba el otro día del arrepentimiento. Pero no
se puede trasladar la confesión católica, —eso de que uno se confiesa y se
terminó el delito— a este tipo de cuestiones graves. Ahora, es cierto que en
esta muestra hay una gran cantidad de otras cosas que van más allá de la crítica
a la religión. Está la reivindicación del sexo, una cuestión en la que, si
se quiere, nos volvemos a enfrentar; obras en contra de la misoginia; obras
contra el Proceso. A la gente le llaman mucho la atención los recortes de los
diarios del año 76, que reflejan hechos de un gobierno que fue apoyado por la
Iglesia. Pero eso no es mi culpa. Y también hay una cantidad de obras que no
tienen nada que ver con eso; que yo sigo haciendo, y que, digamos, son
inofensivas en el sentido de lo que veníamos hablando.
- —¿Como la tinta sobre papel de la tapa del catálogo
que evoca el poema "Sermón de la Sangre", de Rafael Alberti, y forma
parte de la Colección del Museo de Arte Moderno de Nueva York?
- —Sí, como ésa y tantas otras.
- —Pienso en los diversos planos de esa obra, que
parece surcada por hilos de sangre, como si fuese una escultura. Y al mismo
tiempo en las esculturas que parecen escrituras en el espacio. También están
las escrituras que tratan de las Sagradas escrituras y el indudable impacto del
Cristo crucificado sobre un avión de guerra. Todo eso es tan diverso en
apariencia y a la vez tan naturalmente relacionado.
- —En el año '64,
empecé a hacer manuscritos. Y uno de ellos, el que tiene el pene del David de
Miguel Angel en el medio, es una reflexión sobre el Diluvio. Allí yo copio los
versículos de la Biblia sobre el Diluvio y los modifico. Digo que los hombres
se murieron porque Satanás les sacó el pito e hizo un árbol embarazador, las
mujeres sobrevivieron y flotaron. Cuando bajó el agua, todas protagonizaron una
gran cópula con el árbol.
- —Suena a poesía surrealista, como el de Cuadro
escrito de 1964. Bien diferente de La Civilización Occidental y Cristiana. ¿Cuando
presentó esa obra por primera vez?
- —En el 65 se vio en el Di Tella, antes de que abriera el Premio por unos
días. Después Romero Brest me pidió que me la llevara porque "hería la
sensibilidad religiosa del personal". Después se vio nuevamente a fin del
72, cuando pusieron Palabras Ajenas y después la guardé en un depósito.
Cuando me fui a Brasil, casi la pierdo. Después dejé de hacer esas cosas y me
dediqué al arte abstracto, casi como una profesión para ganarme la vida.
- —¿Puede intepretarse que ese arte abstracto que
hizo en San Pablo durante aquellos años expulsa la realidad?
- —Pareciera... La diferencia es que en uno busco un significado lógico,
racional, y en el otro lo dejo a juicio de quien lo ve. En realidad sigo
haciendo las dos cosas. El otro día me puse a reparar unas esculturas de
alambre, y me dieron ganas de retomar eso que había abandonado hacía años.
Las abandoné dos veces: hace como 30 años, las retomé en Brasil, y las volví
a abandonar. Y ahora estoy haciendo cosas parecidas, como aquéllas. Estoy
haciendo varias cosas al mismo tiempo. Una es un vidrio dibujado, separado un
poco del fondo que me permite jugar con la sombra. Otra es un video que hicimos
con Ricardo Pons, para el que puse una serie de lombrices sobre una tabla
blanca, y entonces, filmamos eso, mientras las lombrices se movían y hacían
como un dibujo móvil. Tenía la idea de que una gallina se comiera el arte que
hacen las lombrices. Pensaba tenerla en ayunas un par de días para que se
comiera todo. Otra experiencia que estamos haciendo con un amigo de Paloma (su
nieta y colaboradora) es llevar a volumen los planos, los laberintos. Y quedan
realmente muy...
- —¡Infernales! Estos laberintos son realmente una
versión actualizada del infierno.
- —Los voy a proyectar en alguna parte, es impresionante ver unos
hombrecitos caminando por el medio de ese laberinto. Después tengo otra cosa
hecha con plumas blancas. Quería ponerle unas luces, de atrás, y un ventilador
para moverlas.
- —Parece que una sola vida no es suficiente para
tanto proyecto.
- —Sí, sobre todo si uno se tiene que pasar todo el día debatiendo sobre
religión.
Mientras
resuena la campaña iniciada por la Iglesia, el artista da su punto de vista
Por Leon Ferrari
Regresar
a Prensa Alternativa Diario Mar de Ajó (el diarito) Prensa Popular