"Nadie se realiza en una Comunidad que no se realiza”
Juan Domingo Perón
por Marcela L. Colcerniani Regresar a Prensa Alternativa Diario Mar de Ajó (el diarito) Prensa Popular
"La Comunidad debe ser conscientemente organizada. Los Pueblos que carecen de organización pueden ser sometidos a cualquier tiranía. Se tiraniza lo inorgánico, pero es imposible tiranizar lo organizado"
J. D. Perón, circa 1974. "Modelo Argentino para el Proyecto Nacional". Ed. de la Victoria, Bs. As. 1984
«Cualquier Estado que merezca llamarse así, debe atender a la virtud, ya que, de lo contrario, la comunidad resultará ser únicamente una alianza y la ley sólo
un convenio que no es capaz de hacer a los ciudadanos virtuosos y justos. Un Estado no es meramente la participación en un lugar común, en orden a prevenir
injurias y daños mutuos y a favorecer el intercambio de bienes. Los hombres se asocian no solo por causas de la existencia material, sino, mas bien, con el fin de
lograr una vida feliz»
Aristóteles. Fragmentos de “Política”.
«El paso de una sociedad basada en el consumo a una sociedad basada en el trabajo requiere una completa activación de toda la colectividad. La participación
exige y provoca la liberación de las energías que a su vez despiertan las fuerzas adormecidas. La iniciativa, quicio de la renovación de la sociedad, puede ser
promovida y desarrollada en un contexto social capaz de hacerle prosperar y ampliarse. Es preciso entonces activar la sociedad a todos los niveles y en todos sus
sectores. La Democracia Participativa, basada en el principio de soberanía nacional donde el pueblo en tanto ser dinámico considerado en su obrar, es soberano,
es la concepción política que expresa estas imperiosas exigencias»
Pier Luigi Zampetti. "La participación popular en el poder".
LA COMUNIDAD ORGANIZADA
Desde el Peronismo, partimos de una concepción dinámica de Pueblo, mirado desde su praxis, a partir
de la cual aquél se hace en cada momento dado, cuando, superando la condición de mera masa se va constituyendo
con consciencia de sí, del proyecto particular anudado al de la comunidad que se integra como una
asociación de hombres que buscan hacerse dueños de su destino en orden a lograr una vida plena y
“virtuosa” en el seno de aquella comunidad, a través de resistencia a la opresión y de la
exploración consecuente de diversos mecanismos de auto organización.
Las Organizaciones Libres del Pueblo -el tercer sector- justifican su existencia por medio de la
real participación de los particulares y grupos que las integran. En cierto grado de desarrollo, estas
deben legitimar, a su vez, a unas organizaciones mayores –que aquellas integran-, asumiendo a través
de ellas una función orientadora, informativa y de contralor de los actos de Gobierno popular,
concurriendo con aquél en la toma de decisiones a través de la creación de
canales institucionales de participación.
En suma, de lo que aquí se trata es de promover la transformación del Estado en términos de la
Comunidad Organizada, nivel de organización popular que es la tarea a construir por el conjunto
de la sociedad, a fin de instrumentar el poder del Pueblo desde un cambio en las relaciones sociales,
que promuevan un nuevo paradigma, cuyo eje ya no es el consumo per se, sino la realización del ser
humano desde el ejercicio y gozo de una cultura humanista que eleve nuevamente, como valores
deseables, la solidaridad, la dignidad, el desarrollo de la personalidad humana, y donde el
trabajo exista en función de la mejor consecución de esos valores y no para la mera producción de bienes
fungibles que, por esencia, son superfluos, dado que se crean al solo efecto de ser destruidos
–consumidos- en una vorágine que aniquila su sentido y supone que el hombre es un ente insaciable y
unívoco, definido exclusivamente por la sola variable del consumo
PROCESO DE DESCIUDADANIZACIÓN Y DICTADURA
Un resultado buscado por la última dictadura militar, implementado a través de distintos niveles de
penetración cultural –la propaganda, la educación formal y el terror- fue la desciudadanización de las
personas. El aislamiento y el terror promovidos como mecanismos de dominación, impusieron una inversión
de valores en la sociedad: Contrariamente a la solidaridad, se potenció el egoísmo, en vez de
participación se alentó la indiferencia, antes que fortalecer los lazos de la comunidad, se
propendió al individualismo. Esto, a su vez, dejó el campo propicio para el avance posterior del
neoliberalismo. La Sociedad Global precisa del hombre consumidor y de un tipo de Estado mínimo, que
no obstaculice la lucha por la acumulación.
En esa sociedad trastornada los objetos no valen ya por su función sino sólo como objeto de deseo,
nunca saciado. El hombre resulta, así, condenado a la insatisfacción. El consumidor devendrá en objeto
y el verdadero sujeto será el deseo. No hay proceso de construcción de la ciudadanía
posible sino a partir de la praxis. Los estallidos del 19 y 20 de diciembre de 2001 y las
instancias organizativas emergentes o potenciadas a partir de ellos -el asambleísmo surgido entonces,
junto a las organizaciones piqueteras- deben llamar a todos a la reflexión.
Si manifestaron el hartazgo de una ciudadanía que sacudía trabas e inhibiciones fomentadas desde la
última dictadura, decidida, al fin, a tomar parte activa de su tiempo, también reflejaron una carencia,
dolorosamente sentida por los sectores medios y bajos de la sociedad, producto de su aislamiento y
de la falta de representación. “Asambleístas” y “Piqueteros”, si bien son representantes de sectores
diversos en una sociedad cuyo tejido social está fragmentado, no dejan de revelar la reacción
-espasmódica- de unos sectores sociales aislados que han debido reconstituir sus propias redes de
contención en una sociedad estallada.
DEMOCRACIA PARTICIPATIVA Y ORGANIZACIONES CIVILES
Una Argentina cuya sociedad se revela fragmentada,presenta a fines de los 90 y principios de siglo,
como exponente sintomático, un tipo singular de ciudadano, indiferente e insensible, contra el cual
poco más que su resistencia han podido oponer los grupos y organizaciones que, desde la restauración
de la democracia a principios de los años ´80 no han dejado de estar políticamente activados, denunciando
la aplicación de la receta neoliberal, a pesar del descrédito promovido desde la propaganda contra la
política, y veladamente contra la militancia política y toda forma de participación social, emanada de los
monopolios mas mediáticos, la deslegitimación de una dirigencia –no solo política y sindical- claudicante
y el quiebre de la sociedad – entre aquellos que adoptaron concienzudamente el paradigma neoliberal y los
que de un modo u otro se aislaron, asumiendo la derrota de la contestación social impulsada durante los años
60’ y 70, en términos de impotencia de alentar nuevas transformaciones.
Junto a la crisis económica y social, reflejado en el default que provocó una brutal pérdida de valor,
el fin de siglo puso término a la hegemonía del paradigma postmoderno, que ha sido dominante durante
los últimos años.
Pasa ahora a cuestionarse la sociedad hiperconsumidora, que preconizaba el fin de la historia, y la
consecuente obturación del pasado y de la capacidad humana de construirse y dotarse de sentido mediante la
compresión de los procesos de adaptación y resignificación de tradiciones, experiencias y adaptaciones, junto
a la creación de nuevas experiencias. Semejante conmoción producida a fines de 2001 y los estallidos
sociales sobrevinientes han permitido un veloz proceso donde han comenzado a escucharse múltiples voces – de
intelectuales, dirigentes y grupos- que planteaban su rechazo a las consecuencias sociales del modelo
neoliberal.
Avanzando en ello, es de esperar que los planteos que confrontan los crudos resultados de la exclusión
e injusticia social den paso a un debate respecto de la reconstrucción moral, o anímica, del ser humano:
No se trata solo de la recomposición de la Economía nacional y la recuperación del crédito internacional
junto a la constitución de una unión regional político y económica – a nivel macro-, ni nada más que de la
redistribución más justa del ingreso nacional, sino que, además, debe rediscutirse el sustento ideológico
de una sociedad que tienda a promover un tipo humano solidario e integrado en su comunidad –y en la mayor
comunidad humana-.
Esto remite a la construcción de otras formas de sociabilidad y de construcción de poder, de relaciones de
poder y consenso, basadas en la justicia social, la soberanía política y cultural y la independencia
económica. Tras la debácle económica y humana sufrida por la sociedad argentina, junto a los grupos sociales
preexistente, se observa el fenómeno de la activación, entre miembros de diversos sectores antes “ausentes”
de la política en términos amplios, que buscan unirse, inicialmente a partir de sus intereses inmediatos
y concretos, pero que les permiten realizar el aprendizaje y práctica de la solidaridad y de la vida
en comunidad, verdadera escuela de ciudadanía Según afirma el cientista social Gianfranco Pasquino, la
Democracia actual es exigente: Exige que el ciudadano participe y se involucre en la vida de su comunidad
y en la toma de decisiones. Como se indicara más arriba, precisamente este también es el reclamo en
que actualmente confluyen y van trabando redes de relación diversos sectores de la sociedad argentina.
La Democracia de nuestro tiempo no puede ser estática, desarrollada en grupos cerrados, oligárquicos, de
ningún tipo. Ni los políticos profesionales, ni los propietarios -o los concentradores de capital-, pueden
arrogarse una representación, que, en el mejor de los casos, ha implicado un falso reflejo de la voluntad de
las mayorías.
Los Partidos políticos, fueron funcionales a un sistema de Democracia Representativa, ideal del siglo XIX,
que, aunque ilusorio, se fundaba en la real posesión de la propiedad -o en la promesa de acceso mediato a
ella que los partidos hacían a sus electores-. Por el contrario, en la nueva sociedad de consumo, los
partidos políticos a la vieja usanza carecen de sentido. Ello está en el centro de la crisis de
representatividad, ya que han sido despojados, aún, de la mistificación de la representación.
El signo de la Democracia que demandan los Pueblos es que permita su participación directa y activa.
Ello impone el desafío de crear ámbitos institucionales propicios que permitan, tanto consolidar estructuras
capaces de canalizar esa actividad, como abrir espacios de articulación de los diversos grupos y entidades
que se vayan constituyendo.
ROL DE LAS ORGANIZACIONES LIBRES DEL PUEBLO
La globalización –o continentalización- que liga economías y mercados, constituye un proceso de polarización
social donde surge una suerte de nueva nobleza, la llamada “mono clase”, de grupos de interés y elites
dirigenciales.
Esa fabulosa concentración de capital provoca un, también fabuloso, proceso de exclusión por el cual
millones de personas en todo el mundo –los sectores pobres, los recientemente empobrecidos, se deslizan,
irremisiblemente hacia la indigencia, que engrosa sus filas cada vez más- Unos y otros comienzan a reaccionar
buscando alternativas, al verse igualados en su calidad de víctimas de un sistema que solo tiende a crear
pocos enormemente ricos y muchos enormemente pobres e indigentes.
En la crisis del capitalismo actual, neoliberal en lo económico y posmoderno en lo filosófico, las
Organizaciones sociales están llamadas a constituirse en una verdadera red de contención y organización de
los sectores populares –clases medias y bajas- a las que brindan un espacio de socialización y realización
personal y grupal, alentando desde la formación, el esparcimiento, el desarrollo de economías informales, la
protección de la comunidad, hasta la articulación con otras similares en pos de canalizar reclamos de
participación toma de decisión por grupos y sectores de la sociedad.
Partiendo de un principio de solidaridad y respeto por la diversidad, la Organizaciones sociales constituyen
el núcleo de nuevas formaciones, desde un Nosotros que alienta recrear una Comunidad con justicia social
en donde se prioricen valores humanistas por sobre el egoísmo del consumo irracional del sistema
neoliberal.
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