Bombita Rodríguez
Los medios de
comunicación, en todas sus formas, son
herramientas de educación y contribuyen a
instalar y promover debates en las
instituciones y en la sociedad en general.
Los estilos y las formas son diferentes,
pero es imposible pensar hoy en la discusión
de ideas sin contar con el escenario y con
los recursos que brinda la comunicación.
Volvió
Capusotto.
Y con él, el que probablemente sea su
personaje más entrañable: Bombita
Rodríguez. Bombita Rodríguez, el Palito
Ortega montonero, hace reír, y mucho, en
cada una de sus presentaciones. ¿Por qué
nos hace reír Bombita? Es una pregunta
que comencé a hacerme desde que lo vi
por primera vez, cantando “Burgueses,
atrás, atrás” y “Armas para el pueblo,
armas para el pueblo ya”. ¿Por qué
Bombita hace reír? Bombita habla de la
clase obrera, habla de la liberación
nacional, habla de los explotadores y
los explotados, habla de los burgueses y
los proletarios, habla de la cultura
popular, de la educación de las masas,
del socialismo. Evidentemente esto nos
hace reír. ¿Por qué? ¿Por qué en la
década del ’70 estas cosas no hacían
reír? No sólo no hacían reír. Hubo gente
que tomó tan en serio todo esto, que
llegó a vivir sólo para estas ideas,
llegó a soportar torturas, llegó hasta a
dar la vida (su propia vida... la única
que tenían) ¿Cómo pasó? ¿Por qué en la
década del ’70 se decía clase obrera,
proletarios y burgueses, explotadores y
explotados, liberación nacional,
socialismo, y nadie se reía?
¿Puede ser que la respuesta esté en los
significados? ¿Qué significa hoy para
nosotros la clase obrera, el socialismo,
los explotadores? Para ellos significaba
algo manifiesto: era época de certezas,
de buenos y malos, de relaciones
sociales evidentes y cristalinas. De un
lado de la sociedad, los explotadores;
del otro, los explotados. De un lado de
la sociedad el mal burgués; del otro, el
pobre proletario. De un lado del mundo
el imperio; del otro, el país
subordinado. La verdad se imponía. Eran
los tiempos de la explotación del hombre
por el hombre. Eran los tiempos en que
la posibilidad de transformar la
sociedad estaba al alcance de la mano.
Sólo había que reunirse y hacerlo
¿Cuándo se perdió la certeza? ¿Quién
terminó con las certidumbres? Contestar
“el
posmodernismo” es patear la
pelota afuera. El posmodernismo no es un
hecho social que se impone. El
posmodernismo somos nosotros mismos
cuando pensamos que las certidumbres han
sido socavadas, cuando creemos que las
relaciones sociales se han vuelto
opacas, cuando consideramos que la
sociedad es incomprensible (e
intransformable). El posmodernismo es un
espíritu de época, una aciaga derrota,
una resignación cobarde. No una verdad
que se impone. La verdad está ahí
afuera. Y sigue siendo evidente.
Explotadores y explotados, proletarios,
imperio, educación, socialismo. ¿Meras
fórmulas vacías? Transformación de la
sociedad. ¿Ridiculez anacrónica? La
diferencia entre los ’70 y el presente
no está en lo que las palabras
significan. La diferencia está en
nuestra relación con los significados.
Las palabras ya no denotan, para
nosotros, una verdad objetiva. ¿Es mala
la duda? Por supuesto que no. Lo malo es
dudar de todo. Esta es una época en que
nadie puede tener verdades. Ni siquiera
las obvias. Nuestra época fomenta la
ambigüedad, el equívoco, las
complejidades y matices. La verdad no se
dice. Esto puede verse en los medios.
Hoy, la única manera de transmitir
ideología (o mejor diría, ideales) es
ocultándola. Cualquiera que grite a los
cuatro vientos lo que piensa sólo
provocará sonrisas. CNN o Canal 11 son
buenos, serios, mesurados: su ideología
está oculta. La
radio de las Madres de Plaza de Mayo
o
Telesur son malos, ridículos,
exagerados: su ideología se grita. Estos
últimos no saben que las verdades ahora
son muchas, y cada cual elige la que
quiere. No saben que hoy cualquier
verdad es buena.
¿Pero por qué Bombita hace reír? Una vez
dijo
Alejandro Dolina que el humor
era poner una cosa en un lugar que no le
corresponde. Esta definición hace que
todo anacronismo sea potencialmente
gracioso. Bombita es certero: sabe que
hay explotadores y explotados, sabe que
si se quiere luchar por el socialismo
hay que decirlo, sabe que para
transformar una sociedad es necesaria la
educación popular, sabe que existe una
lucha por la liberación de los
oprimidos. Bombita lo dice, sin medias
tintas, como quien dice una verdad
evidente. Como quien dice “salió el
sol”, Bombita dice “la clase obrera
tiene que luchar por el socialismo”. En
su contexto, los ’70, Bombita se
convierte en un personaje famoso,
querido, estimado. En nuestra época,
plagada de cinismo e hipocresía, en
nuestra época de verdades a medias, de
ambigüedades, de dudas, la verborragia
certera y contundente de Bombita mueve a
risa. Es anacrónica. Fuera de época.
Para Bombita las relaciones sociales son
evidentes. Nosotros preferimos
ignorarlas. Canciones con ideología,
verdades irrefutables... Esperanza.
Bombita nos hace reír. Y mucho.
Lamentablemente.
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