Difusión del Pensamiento Nacional

BIOGRAFIA DE RAUL SCALABRINI ORTIZ

Raúl Scalabrini Ortiz  1898 - 1959 Raúl Scalabrini Ortiz y Juan Perón

“Estos asuntos de economía y finanzas son tan simples que están al alcance de cualquier niño. Solo requieren saber sumar y restar. Cuando usted no entiende una cosa, pregunte hasta que la entienda. Si no la entiende es que están tratando de robarlo. Cuando usted entienda eso, ya habrá aprendido a defender la patria en el orden inmaterial de los conceptos económicos y financieros”.

 

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 Raúl Scalabrini Ortiz nació en la ciudad de Corrientes, el 14 de febrero de 1898. Hijo del naturalista Pedro Scalabrini, director del museo de la ciudad de Paraná,  transcurrió su adolescencia y su juventud entre  la hegemonía liberal conservadora de la época y la tentativa Yrigoyenista                                                                   

             Numerosos son los factores que lo llevaron a cuestionar el pensamiento colonial vigente en la época. En primer lugar, su militancia juvenil en un grupo llamado "Insurrexit", de orientación marxista, le permitirá descubrir la importancia de los factores económicos y sociales en el desarrollo histórico.  Por el otro, su permanente deambular por el país por razones de ocupación de agrimensor (viaja a La Pampa , Entre Ríos y Catamarca). Dichas circunstancias, le permiten trascender la “visión porteña del país”, y le enseñan cómo viven y cómo sueñan sus compatriotas.

A todo ello se le sumará un viaje a París, a los veintiséis años, del cual regresa hondamente decepcionado, pues en la "Francia eterna" del "humanitarismo y los derechos del hombre", encuentra un enorme desdén por los latinoamericanos y una antidemocrática xenofobia de pueblo elegido.

Ejerce influencia seguramente sobre el, Macedonio Fernández, quien posiblemente lo orientó hacia una vida profunda, de altruismo y generosidad, donde lo individual se diluya en aras del beneficio colectivo. "Mis días eran extrañamente ajenos los unos a los otros... Les faltaba sometimiento a una sorpresa más grande que ellos mismos. Les faltaba subordinación a una fe" sostenía Scalabrini.

         Ya en buenos Aires Buenos Aires se vinculó a la revista Martín Fierro. En 1923 se inicia como cuentista con " La Manga ”. Fue periodista en La Nación , El Mundo y Noticias Gráficas, además de crear y dirigir el diario “Reconquista”. En esa búsqueda se halla cuando, en octubre de 1929, se desencadena la crisis económica mundial. El capitalismo se desmorono y millones de hombres son arrojados a la desocupación y al hambre. Los países desarrollados, envueltos en la crisis se recuestan sobre los periféricos productores de materia prima. En ellos caen los precios de las exportaciones y baja el peso. Desocupación, hambre, tuberculosis, delincuencia y suicidios señalan el inicio de la Década Infame. ". Escribe bajo esa situación "El hombre que está solo y espera"  donde crea un  arquetipo de porteño: el hombre de Corrientes y Esmeralda.

Entonces el verdadero rostro del país vasallo se asoma a los ojos del prensador nacional que quiera y sepa verlo. Y mientras el resto de la inteligencia Argentina juguetea con metáforas exquisitas, Ortiz, emprende la tarea de demostrar la verdadera realidad nacional. A partir de 1932 se hunde profundamente el escalpelo del análisis en la patria vasalla e inicia la tarea de toda su vida. El pensamiento nacional, dormido desde hacía décadas, se pone en marcha.

La incógnita sobre ¿Cómo es posible que en un país como la Argentina , productor de carnes y cereales, haya hambre? obra como disparador inicial. De allí pasa a inventariar nuestras riquezas (ferrocarriles, frigoríficos, puertos, etc.) estudiando en cada caso quién es el propietario de los mismos, y así, llega a la conclusión de que los argentinos nada poseen, mientras el imperialismo inglés, se lleva nuestras riquezas a precios bajísimos y nos vende sus productos encarecidos, mientras los ingleses nos succionan a través de seguros, fletes, dividendos, jugosa renta producto de su dominio sobre los resortes vitales de nuestra economía.

Como consecuencia de su participación en la Revolución Radical de Paso de los Libres, es desterrado a Europa en 1933. Desde allá, se aclara aún más el grado de sometimiento argentino al imperio, pues lo que los diarios ocultan en la Argentina , se dice en voz alta en Alemania o Italia, especialmente debido a las rivalidades ínter imperialistas. "Somos esclavos de los ingleses", se repite una y otra vez ya absolutamente convencido de que sus cifras son ciertas e irrefutables. Desde Alemania, en 1934, escribe sus primeros artículos en los que aborda en profundidad el problema clave de todo país semicolonial: la cuestión nacional.

Poco después, en 1935, ya de regreso del exilio, se lanza decididamente a la lucha contra el imperialismo. Desde el periódico "Señales" y desde FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina ), juntamente con Gabriel del Mazo, Arturo Jauretche, Homero Manzione, Amable Gutiérrez Diez y Héctor Maya, condena uno a uno todos los decretos de la entrega. A través de la conferencia, el libro y los artículos periodísticos, no cesa un instante, desde entonces, en denunciar la expoliación imperialista, entre otros en la década de 1930.

A través de las conferencias y los cuadernos de FORJA, Scalabrini se convierte en el gran fiscal de la entrega. Pero por sobre todos estos negociados, él apunta decididamente a la clave del sistema colonial: el ferrocarril. Esos rieles tendidos por el capital extranjero son "una inmensa tela de araña metálica donde está aprisionada la República ". Es a través del ferrocarril que nuestra economía se organiza colonialmente para entregar riqueza barata en el puerto de Buenos Aires a los barcos ingleses y es a través del ferrocarril, con sus tarifas parabólicas, que el imperialismo destruye todo intento industrial en el interior, asegurando así la colocación de la cara mercadería importada.

Por esos años, se sumerge en la historia nefasta de esos ferrocarriles y paso a paso desnuda la verdad: que los ingleses trajeron capitales ínfimos, que aguaron esos capitales a través de reevaluaciones contables dirigidas a inflar los beneficios, concedidos como porcentajes fijos sobre el capital, que quebraron todo intento de comunicación interna que no fuese a dar a Buenos Aires, que subieron y bajaron las tarifas, según sus conveniencias, para boicotear alas industrias nacionales que compitiesen con la mercadería traída de Londres, que obtuvieron miles de hectáreas de regalo junto a las vías, que no cumplieron función de fomento alguna en las provincias pobres, que hundieron unos pueblos y levantaron otros torciendo el trazado de las líneas según sus intereses y los de sus socios: lo oligarcas.

 

                 Allí reside, para él, el verdadero cáncer de nuestra soberanía y en torno a él han crecido las restantes enfermedades que han terminado por hundirnos: la moneda y el crédito manejado por la banca extranjera, el estancamiento industria, la no explotación de la riqueza minera, ni de la hidroelectricidad, la subordinación a barcos, tranvías y restantes servicios públicos extranjeros, la expoliación de los empréstitos a través del interés compuesto. "Somos una Argentina colonial, queremos ser una Argentina libre" reclaman  Scalabrini, Jauretche y sus muchachos de FORJA. Pero el boicot del silencio cae sobre ellos. La superestructura creada por el imperialismo se cierra ahogando a las voces nacionales. Ellos no cejan, sin embargo, y desde las catacumbas, van forjando la conciencia nacional. Publica en esos años la "Historia de los Ferrocarriles Argentinos" y "Política Británica en el Río de la Plata ".

 

              Cuando se desencadena la Segunda Guerra Mundial y ante la presión aliadófila para que la Argentina envíe tropas al frente, Scalabrini vuelve a hacer punta contra el imperialismo, publicando el diario "Reconquista". Desde allí defiende la neutralidad y lanza esta consigna: "No os dejéis arrastrar a la catástrofe. Si os empujan, sublevaos. Muramos por la libertad de la Patria y no al servicio de los patrones extranjeros". Así convoca a la Segunda Independencia.

 

Jaqueado por todas las fuerzas de la Argentina ainglesada, "Reconquista" logra vivir ton sólo 41 días. Pero subterráneamente, el pensamiento nacional se va infiltrando y despierta ya muchas conciencias dormidas. Y cuando poco después, el Grupo de Oficiales Unidos dé el golpe de estado el 4 de junio de1943, alguien recordará que uno de los libros que esos militares consideran texto obligado para su formación política es " La Historia de los Ferrocarriles" de Scalabrini (figura junto a José Luis Torres como autor de ensayos recomendados para la lectura en el BOLETÍN nº 5 del grupo Obra de Unificación G.O.U. )

Poco después a mediados de 1944 en La Plata conoce personalmente a Juan Domingo Perón, a quien ya le sugiere la nacionalización de los ferrocarriles.

El 17 de octubre de 1945, Scalabrini forma parte de la multitud que irrumpe en nuestra historia para iniciar una Argentina nueva. Ese día, se convence de que esos hombres, a los que llama "esos de nadie y sin nada", son los que conducirán al país hacia su nuevo destino:

 "... Era el subsuelo de la patria sublevada. Era el cimiento básico de la Nación que asomaba por primera vez en su tosca desnudez original....Eran los hombres que 'estaban solos y esperaban', que iniciaban sus tareas de reivindicación".

Pocos meses después, Perón derrota en las urnas a los viejos partidos representantes de una Argentina que moría irremediablemente.  Scalabrini acompaña el proceso de la campaña electoral desde las columnas del diario "Política" y mantiene estrecho contacto con Perón, ya siendo éste presidente. Presenta entonces varios trabajos atinentes a la nacionalización de los ferrocarriles, pero no acepta cargos en el gobierno. Considera que su lugar está en el llano, opinando, fiscalizando, apoyando, pero, después de tantos años de oposición, no se considera un "hombre de construcción".

Una nación económicamente libre, socialmente justa y políticamente soberana deja atrás, como un triste recuerdo, a aquella colonia de los años treinta. Las consignas lanzadas por FORJA, a veces casi con las mismas palabras, son coreados ahora por la multitud.

Pero si bien Perón reconoce en variadas oportunidades, el aporte ideológico de Scalabrini, su gobierno no le brinda el acceso a "los medios" para que difunda su "pedagogía nacional". La burocracia peronista, por su parte, choca con este místico de la política, contumaz crítico de toda desviación o inconducta. Por ello se retrae dela vida pública y se dedica a plantar álamos en las costas del Paraná. No acepta cargo alguno de gobierno (le ofrecen la presidencia de Ferrocarriles Argentinos), aunque apoya la obra de gobierno peronista a través de libros y conferencias.

De esa época afirma: "Hay muchos actos y no de los menos trascendentales de la política interna y externa del Gral. Perón que no serían aprobados por el tribunal de ideas matrices que animaron a mi generación…..En el dinamómetro de la política esas transigencias miden los grados de coacción de todo orden con que actúan las fuerzas extranjeras en el amparo de sus intereses y de sus conveniencias". Y agrega: "No debemos olvidar en ningún momento- cualesquiera sean las diferencias de apreciación-que las opciones que nos ofrece la vida política Argentina son limitadas. No se trata de optar entre el Gral. Perón y el Arcángel San Miguel. Se trata de optar entre el Gral. Perón y Federico Pinedo. Todo lo que socava a Perón fortifica a Pinedo, en cuanto él simboliza un régimen político y económico de oprobio y un modo de pensar ajeno y opuesto al pensamiento vivo del país".

Por eso, cuando le proponen participar en un golpe contra el gobierno, rechaza la invitación. Por eso, también, es uno de los primeros en alistarse en la "Resistencia", en septiembre de 1955, a la caída de Perón. El golpe militar del 16 de septiembre propicia el retorno oligárquico. Ahora han vuelto los hombres de paja del imperialismo, los mismos del los años treinta.

Otra vez los amigos de los ingleses, otra vez los personeros dela oligarquía, otra vez los pactos claudicantes, de nuevo los bancos privados, los tratados vergonzosos, las devaluaciones para engordar las arcas de los ganaderos. Y de nuevo entonces, piensa que hay que plantear como única y absoluta prioridad: la Revolución Nacional. Todo parece volver hacia el pasado y sus ideas se afirman en su vieja lucha. Desde "El Líder", "De Frente" y "El Federalista" se constituye en crítico implacable. Como le había dicho a Leopoldo Maréchal pocos días después de la caída de Perón: "Hay que empezar a hacer todo de nuevo, todo otra vez". Cerrados estos periódicos, escribirá desde mediados de 1956 en la revista "Qué".

La Revolución Nacional , por sobre todo, piensa Scalabrini, y así, redobla sus esfuerzos para romper el continuismo. Junto a Jauretche, son de los primeros en vislumbrar la posibilidad de un acuerdo con la U.C .R.I. y con Arturo Frondizi  y coinciden en esta posición proclive a una salida pacífica, de transición, con el coronel Domingo A. Mercante, exiliado en Montevideo.

 

Scalabrini, a partir de junio de 1956, comienza a escribir en QUE, revista semanal dirigida por Rogelio Frigerio (generación XIª).  Esa posición, lo lleva a colaborar con Frondizi y Frigerio entendiendo que debe usar a "Qué" como vocero de sus ideas, más allá de sus diferencias que pueda tener con los teóricos de la burguesía nacional.

Todo el año 1957 Scalabrini ataca semana a semana las medidas retrógradas y pro imperialistas del gobierno. Puede decirse que a través suyo se expresa la Argentina auténtica que se niega a volver al pasado. El 23 de febrero de 1958 el Frente Nacional, que lleva a Frondizi para presidente, aplasta a la reacción en las urnas, pero la entrega del poder es condicionada. Por eso entiende que debe seguir apoyando, aún disintiendo en muchos aspectos, al gobierno frondizista. Por eso también acepta la dirección de la revista "Qué",convertida ahora en revista oficialista.

El 31 de diciembre de 1957, desde Caracas, Perón le envía una carta donde le pide que encabece la formación de un movimiento de intelectuales para luchar contra la oligarquía. En un párrafo le dice textualmente: "A usted le cabe el honor del precursor, el formador de una promoción que alimentó a la Revolución Nacional ".

 

Ya en el gobierno Frondizi -catapultado por el acuerdo con Perón-, Scalabrini al igual que Jauretche se desengaña muy pronto de su orientación económica, especialmente por los contratos petroleros firmados con compañías norteamericanas. Al renunciar a la dirección de la revista QUE, en su último artículo del 5 de agosto de 1958 explica las razones de su alejamiento, dos semanas después del anuncio de la "Batalla del Petróleo" por el Dr. Arturo Frondizi. Escribe entonces un artículo titulado "Aplicar al petróleo la experiencia ferroviaria" y deja constancia de su disentimiento con los contratos, en especial con lo pactado con la Banca Loeb. No desea, sin embargo, romper frontalmente con el gobierno cuando éste se encuentra jaqueado por los gorilas y prefiere irse calladamente. Por otra parte, ya está preso de un cáncer que lo llevará a la muerte pocos meses después.

 

Desde esa separación, ya no actúa públicamente pero sus amigos y sus familiares saben que una tristeza lo domina por la traición del frondizismo. El 31 de diciembre de 1958, Frondizi anuncia la adhesión de la Argentina al Fondo Monetario Internacional (FMI) y en enero de 1959 se abraza con los banqueros de Wall Street; mientras los tanques derrumban las verjas del Frigorífico Municipal (en la ciudad de Buenos Aires) para sofocar a los obreros en huelga.

 

Pero Scalabrini, ya nada puede decir: está vencido por la enfermedad y después de un período de postración, fallece el 30 de mayo de 1959.

En el cementerio, Jauretche recuerda que Scalabrini fue el maestro, el que les permitió pasar del antiimperialismo abstracto al antiimperialismo concreto, descubriendo la verdadera realidad Argentina, como paso previo al intento de transformarla. Por eso concluye su despedida con estas palabras: "Raul Scalabrini Ortiz …..Tú sabes que somos vencedores… vencedores en esta conciencia definitiva que los argentinos han tomado delo argentino. Por eso hemos venido, más que a despedirte, a decirte: ¡Gracias, Hermano!"

 

Aviso publicado Scalabrini Ortiz en enero de 1942 - Diario " La Prensa "

 

El 13/01/42 muchos amigos de él quedan perplejos al leer el siguiente aviso en los ofrecidos de “ La Prensa ”: 

 

“Caballero argentino, casado, de 44 años, con amplias relaciones, estudios universitarios, técnicos, una vasta cultura general, científica, literaria y filosófica, con experiencia general y profunda de nuestro ambiente económico y político, ex redactor de los principales diarios, autor de varios libros premiados y de investigaciones, aceptaría dirección, administración o consulta de empresa argentina, en planta o en proyecto, en los órdenes industria, comercial o agrario. Dirigirse a Raúl Scalabrini Ortíz, Calle Vergara 1355, Vicente López".

 

Los datos del aviso son correctos. Estudios Terciarios: Es agrimensor. Ha trabajado en los principales diarios y revistas La Nación , El Diario de Láinez, Noticias Gráficas, El Mundo, El Hogar, Martín Fierro, La Gaceta del Sur, ha recibido el Segundo Premio Municipal por “El hombre que está solo y espera”, en 1931. Ha sido traducido al alemán, inglés e italiano. Ha dirigido un Diario “Reconquista” y prácticamente codirigido el semanario “Señales”. Ha dictado muchas conferencias. Ha publicado poesías en “ La Gaceta del Sur”. Ha publicado un libro de cuentos “ La Manga ”.

 

Se ha vinculado con los hombres más importantes de su generación en lo literario (Borges, Mellea, Marechal, A. Storni, Macedonio Fernández) y del mundo político (E. Palacio. Jauretche, Gálvez, los hermanos Irazusta). Compañero de estudios de Gainza Paz, Saenz Valiente, el negro Uriburu (C. Universitario). Ha publicado libros de historia y economía: “Política Británica en el Río de la Plata ”, “Historia de los Ferrocarriles”.

 

Su Obra :

1923                                         

La manga

1931

"El hombre que está solo y espera"

1934

" La Gaceta de Buenos Aires" (artículos periodísticos)

1935

"Señales" (artículos periodísticos)

1936

"Política Británica en el Río de la Plata " (Cuaderno de FORJA)

1937

"Los ferrocarriles, factor primordial de la independencia nacional"(folleto)

1938

"El petróleo argentino" (Cuaderno de FORJA)

1938

"Historia del Ferrocarril Central Córdoba" (Cuaderno de fORJA)

1938

"Historia de los Ferrocarriles" (Revista Servir)

1939

"Historia del Primer Empréstito" (Cuaderno de FORJA)

1939

"Reconquista" (artículos periodísticos)

1940

"Política británica en el Río de la Plata "

1940

"Historia de los Ferrocarriles Argentinos"

1942

"La gota de agua" (folleto)

1946

"Los ferrocarriles deben ser del pueblo argentino"

1946

"Defendamos los ferrocarriles del Estado" (folleto)

1946

"Tierra sin nada, tierra de profetas" (poesías y ensayos)

1948

"Yrigoyen y Perón, identidad de una línea histórica"(folleto)

1948

"El capital, el hombre y la propiedad en la vieja y la nueva Constitución Argentina" (folleto)

1950

"Perspectivas para una esperanza argentina" (folleto)

1955/56

"El Líder" y "El Federalista", "De Frente" (artículos periodísticos)

1957

"Aquí se aprende a defender a la Patria " (folleto)

1957/58

"Qué" (artículos periodísticos)

1960

"Cuatro verdades sobre la crisis" (folleto)

1965

"Bases para la Reconstrucción Nacional " (recopilación de artículos)

La Chinche flaca Raúl Scalabrini Ortiz

Una de las anécdotas que describe cabalmente la personalidad de Scalabrini Ortiz fue la que protagonizó con Sir. Montague Eddy, representante de los intereses ferroviarios ingleses en el país, en el año 1944.

              Los ingleses, fieles a su inveterada costumbre, intentaron comprar su silencio a raíz de una campaña que llevaba a cabo por la nacionalización de los ferrocarriles ingleses.  Scalabrini, en plena “década infame” de la corrupción generalizada, respondió a este intento  contestando al representante inglés que él estaba protegido de sus propias debilidades por la “política de la chinche flaca”, Ante el estupor del fanático inglés, que no comprendía su respuesta, don Raúl le explicó en qué consistía esa política que seguía en su vida.
  

         “En la lejana época en que usted llegó a este país como un ingeniero pobre, sin más riqueza y poderes que la lejana, pero siempre atenta protección del Imperio, usted debe haber dormido en esas pocilgas que se llamaban hoteles. Habrá luchado alguna noche contra los fastidiosos insectos y observado qué difícil que es matar a una chinche que todavía no ha chupado sangre. Usted la aprieta entre los dedos. La refriega y la chinche continúa como si le hubieran hecho una caricia. En cambio, si la chinche ha comido y tiene su panza hinchada, basta una pequeña presión para exterminarla. Bueno, yo sigo la política de la chinche flaca y por eso que usted nada puede contar de mí ni nada puede hacer a mi favor”.

Mientras Sir Montague Eddy lo observaba fumando su pipa, Scalabrini siguió hablando con palabras que nos deberían resonar como latigazos: “Es indispensable estar limpios de ambiciones y de codicias. Por eso quienes abrirán la senda de los hechos nuevos serán los humildes, los disminuidos, los trabajadores. Para estar junto a ellos, latiendo en el ritmo de su pulso, los que no somos naturalmente ni humildes ni trabajadores, sólo tenemos una norma posible: la política de la chinche flaca...”

Reflexiones destacadas

 

         ”La economía es un método de auscultación de los pueblos. El alma de los pueblos brota de entre sus materialidades, así como el espíritu del hombre se enciende entre las inmundicias de sus vísceras. No hay posibilidad de un espíritu humano incorpóreo. Tampoco hay posibilidad de un espíritu nacional en una colectividad de hombres cuyos lazos económicos no están trenzados en un destino común”.


                ”Volver a la realidad es el imperativo inexcusable. Para ello es preciso exigirse una virginidad mental a toda costa y una resolución inquebrantable de querer saber exactamente cómo somos. La penosa realidad... es a veces dolorosa, pero es el único cimiento incorruptible en que pueden fundarse pensamientos sólidos y esperanzas capaces de resistir a las más enervantes tentaciones”.

           “Todo lo material, todo lo venal, transmisible o reproductivo es extranjero o está sometido a la hegemonía financiera extranjera. Extranjeros son los medios de transportes y de movilidad. Extranjeras las organizaciones de comercialización y de industrialización de los productos del país. Extranjeros los productores de energía, las usinas de luz y gas. Bajo el dominio extranjero están los medios internos de cambio, la distribución del crédito, el régimen bancario. Extranjero es una gran parte del capital hipotecario y extranjeros son el increíble proporción los accionistas de las sociedades anónimas”.

          ”América no estaba aislada. Al contrario. Fuerzas terriblemente pujantes, astutas y codiciosas nos rodeaban. Ellas sabían amenazar y tentar, intimidar y sobornar, simultáneamente. El imperialismo económico encontró aquí campo franco. Bajo su perniciosas influencia estamos en un marasmo que puede ser letal. Todo lo que nos rodea es falso o irreal. Es falsa la historia que nos enseñaron. Falsas las creencias económicas con que nos imbuyeron. Falsas las perspectivas mundiales que nos presentan y las disyuntivas políticas que nos ofrecen. Irreales las libertades que los textos aseguran. Este libro no es más que un ejemplo de algunas de esas falsías”.


       ”Cuando los Estados Unidos de Norte América se erigieron en nación independiente, Inglaterra, vencida, parecía hundirse en la categoría oscura de una nación de segundo orden, y la energía ejemplar de William Pitt la salvadora de su prestigio y de su temple. Decía Pitt: "Examinemos lo que aún nos queda con el coraje viril y resoluto. Los quebrantos de los individuos y de los reinos quedan reparados en más de la mitad cuando se los enfrenta abiertamente y se los estudia con decidida verdad".”


           ”La irrealidad y la ignorancia son cultivadas por una inteligencia subterránea y perseverante que impera en todas las manifestaciones oficiales. Como ejemplo característico, transcribimos el único cálculo de la fortuna argentina hecho hasta la fecha.
Sus cifras corresponden a 1916 y están incluidas en el tomo X del último censo nacional (con 9 millones de habitantes corresponde a cada habitantes 3.776 pesos papel, de lo cual resultaba que el nuestro era uno de los pueblos más ricos de la tierra). El director del Censo, y con él el gobierno argentino, olvidaba que los ferrocarriles, los tranvías, los teléfonos y por lo menos el 50% del capital de los establecimientos industriales y comerciales eran propiedad de extranjeros, en su mayoría ingleses. Olvidaba, asimismo, restar de ese activo el monto de la deuda pública y de los valores mobiliarios colocados en el extranjero. Era como decir: "Sigamos adelante que vamos bien".


           ”La política, asentada sobre tan deleznables cimientos, se resolvía por arranques sentimentales sin confluencia alguna con los asuntos primordiales de interés general. Ningún partido presentó nunca una plataforma electoral en que las incomodidades colectivas se reflejaran y se planearan enmiendas. Un partido político sustituía a otro sin más variación que el desalojo de algunos dirigentes. Los enemigos se motejaban los unos a los otros, se ridiculizaban con apodos y hasta se herían con infames referencias a la vida privada. Las conveniencias de la nación quedaban al margen de las polémicas y de las discrepancias, como si su dirección hubiera estado directamente encomendadas a la divina providencia y no a los hombre de gobierno. La actividad preelectoral era un entrechocar discursivo y apasionado de animosidades y no un cotejo anticipado de doctrinas y orientaciones. Por eso la gran masa del pueblo asistía indiferente a esa mezquina lucha de sube y baja”.


       ”El estado podía haber impedido que la repercusión local de la crisis agobiara exclusivamente a la riqueza y al pueblo argentinos y que redundara en extraordinaria ganancia del capital inglés y norteamericano”.

        “Los derroteros por que anda el gobierno no corren paralelamente con los del pueblo. Al contrario. Como si no hubiera en la Argentina toda una pléyade de doctores en números, el gobierno simula contratar a un experto inglés, Sir Otto Niemeyer, para que examine las condiciones financieras fiscales. Sir Otto Niemeyer aconseja ceder el control de la moneda argentina a un banco central de capital privado. Nosotros ya sabemos que en la Argentina "capital privado" significa capital inglés o norteamericano”.


         ”Hablar simplemente de los factores internos, de las discordias de entrecasa, es hacer el juego al enemigo, porque las pasiones se enardecen en el desacierto, los enconos se acrisolan, los malentendidos se alquitaran (se destilan) y envenenan. Las palabras faltan en el absurdo. Y es absurdo suponer que la historia argentina es la lucha del campo y de la ciudad, de las provincias y de la capital, de los unitarios y de los federales, de los autonomistas y de los cívicos, de los conservadores y de los radicales. Es absurdo, porque presupone que los inmensos intereses extranjeros que atenazan las riquezas primordiales de la Argentina permanecen voluntariamente neutrales en una lucha que puede amenazar esos mismos intereses”.


         ”En La Nación aparecían con frecuencia artículos antiimperialistas, en que escritores desconocidos dictaban lecciones de prudencia a estas "naciones jóvenes" y las prevenían "contra los peligros de entregar su economía a naciones más fuertes". "Antes, las colonias se conquistaban a cañonazos, ahora con la penetración económico financiera", dice un colaborador de La Nación , rubricada por una firma que con seguridad debe esconder algún distinguido dirigente de empresas británicas. Después de 1925 llegaron los alemanes. Como los norteamericanos, traían mercadería manufacturada y querían en trueque trigo, carnes, lanas, cueros. También llegaron los japoneses. Traían camisas de seda, lámparas eléctricas, bicicletas, juguetes pequeños, artefactos domésticos. Querían comida en cambio, para enriquecer su clásico arroz. También arribaron los rusos. Querían lanas, cueros y un poco de cereales. Daban petróleo barato, maderas, utensilios varios y mucha propaganda de su sistema”.


        ”Es natural que la tarea de rehacer una patria, de reconstruir la solidaridad perdida y de reivindicar lo que nos fue hurtado por astucia, no es empresa de menguados. Pero no es tampoco una empresa que deba amilanar a los decididos, ni desalentar a los generosos y esforzados. En nuestra historia tenemos ejemplos suficientes para aleccionarnos y el tiempo, que fue nuestro enemigo en el siglo pasado, es hoy nuestro aliado”

           “Estos asuntos de economía y finanzas son tan simples que están al alcance de cualquier niño. Solo requieren saber sumar y restar. Cuando usted no entiende una cosa, pregunte hasta que la entienda. Si no la entiende es que están tratando de robarlo. Cuando usted entienda eso, ya habrá aprendido a defender la patria en el orden inmaterial de los conceptos económicos y financieros”.[1]

          “El hombre porteño no es egoísta, pero no admite más alicientes que los exclusivamente humanos. No quiere atestarse con frases, ni ser omitido en ellas. Palabras de premio son asiduas en su plática: “gaucho”, “macanudo”, derecho”. Tipo gaucho es el hombre servicial. Macanudo, en cierta acepción, es el generoso de expansión, el conversador, el dicharachero, el hombre vivo y dado. Derecho es el hombre sin doblez, cuya ayuda puede descontarse como indudable.

            “El librecambio fue fatal para el interior, no preparado con anterioridad para la lucha de competencia. No se le ofreció siquiera una ocasión, un plazo. Se las sacrificó repentinamente llevando a la desocupación y hasta el hambre a grandes zonas del país.” –

         “El espíritu de la tierra es un hombre gigantesco. Por su tamaño desmesurado es tan visible para nosotros, como lo somos nosotros para los microbios. Es un arquetipo enorme que se nutrió y creció con el aporte inmigratorio [...] El hombre gigante sabe dónde va y qué quiere. El destino se empequeñece ante su grandeza. Ninguno de nosotros lo sabemos, aunque formamos parte de él.

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