Argentinos: a enfrentar la crisis financiera global

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por Norberto Colominas

El ruido selvático que se escucha en las principales ciudades del mundo recuerda el tam-tam primitivo que transmitía mensajes urgentes. Esos tambores dicen ahora que en los Estados Unidos se ha iniciado una bruta crisis financiera internacional, que no se sabe cómo ni cuándo acabará, pero sí que se transformará en crisis económica internacional. La onda depresiva pronto llegará a la Unión Europea y el resto del mundo.

Esa crisis ya se comió dos terceras partes de un billón de dólares. Si toda crisis financiera es una gran hoguera donde se queman capitales (reales o ficticios) hasta que la balanza entre los bienes materiales y su representación monetaria vuelve a equilibrarse, las llamas prometen alcanzar alturas parecidas a las de 1929. Esto supone que habrá una disminución global de los consumos, tanto de petróleo como de alimentos, tanto de tecnología como de recursos humanos. Como el cangrejo, desde hace un año que la economía camina para atrás.

La gran pregunta es la siguiente: ¿hasta dónde y hasta cuándo aguantarán este retroceso las espaldas de China? La buena salud de la economía argentina depende básicamente de la capacidad de consumo de China, Brasil, India y algunos países árabes (sus principales compradores de granos), en ese orden de importancia.

Las exportaciones chinas a los mercados norteamericanos y europeo, sus grandes compradores, caerán de manera significativa. Las ventas de India, un gran exportador de tecnología de calidad combinada con bajos salarios, serán igualmente severas. Y la industria de Brasil no podrá seguir exportando en sus volúmenes actuales, ya que la gran mayoría de los países, desarrollados o no, tendrán que ajustarse el cinturón. Así el comercio mundial retrocederá, aunque todavía no se sabe en qué medida ni por cuánto tiempo.

China irá volviéndose cada vez más hacia su enorme mercado interno, aunque con ello no podrá sustituir la caída de sus exportaciones. en consecuencia producirá menos bienes y consumirá menos energía. Pero ¿consumirá menos alimentos? Esa es una pregunta difícil de responder, porque sus cuantiosas compras de granos alimentan personas y alimentan animales, que también alimentan personas. El gobierno de Pequín  buscará incrementar de manera significativa la propia producción agraria, pero ese recurso tiene un límite territorial y humano. Con una migración interna desde el campo a las ciudades de 25 millones de personas por año en la última década, la producción agrícola del gigante del Pacífico no ha crecido a la par de su desarrollo industrial.

Impacto

Recíprocamente, los países más afectados por la recesión (que se hará visible como recesión industrial combinada con debacle financiera) saldrán con desesperación al mercado mundial tratando de colocar sus excedentes. Es por ello que a países como Brasil (y, aunque en menor medida) les costará cada vez más sostener sus exportaciones industriales. En ese contexto deberán moderar sus importaciones de bienes, aún de bienes reproductores, lo que presupone un escenario recesivo.

El precio del petróleo ya bajó de los cien dólares el barril, aunque los precios de los granos, si bien han bajado algo, en general se mantienen bien arriba. Según datos de la FAO, entre Julio del 2007 y Julio del 2008 el trigo se ha encarecido 1305, la soja, 87%; el arroz 74% y el maíz 53 por ciento. Bien mirado, esos precios han sido sostenidos (¿lo serán también en el futuro?) por la demanda agregada que provoca la producción de biocombustibles, al punto que ha llegado a desatar lo que algunos economistas ya definen como una crisis alimentaria, que se estaría desarrollando en paralelo a la crisis financiera, con grave riesgo para las poblaciones de menores recursos. O para decirlo de manera ingeniosa pero no menos dramática: "¿Por qué estamos produciendo comida para alimentar automóviles?", como preguntas los economistas Kate Smith y Rob Edwards.

Deberes

Así las cosas y visto desde la Argentina, el avance de la crisis supone hacer bien unos cuantos deberes. en una nómina incompleta apuntamos los siguientes:

1.- Atalonarse en las reservas y tratar de pasarse al oro, ya que, si bien se está recuperando porque ingentes capitales corren a refugiarse en los Bonos del Tesoro, el dólar sigue siendo de papel, y el metal es más seguro. El Banco Central deberá tener un ojo en las reservas y otro en la estructura bancaria, ya que una corrida imprevista puede abrir un boquete en el muro de contención.

2.- Conservar en todo lo posible los superávit fiscal y comercial, así como un balance de pagos positivo. Esto supone ahorrar gastos estatales (tanto de la Nación como de las provincias) y reducir los subsidios al mínimo, eliminando los no imprescindibles.

3.- Esto permitirá sostener las reservas y acumular recursos para apuntalar en algún momento a una industria que no brilla por su eficiencia, aunque es la principal generadora de empleos, particularmente la pequeña y mediana.

4.- Estrechar la alianza con Brasil y buscar por todos los medios el desarrollo de una industria del Mercosur; es decir, empresas binacionales para exportar a terceros países con tecnología, calidad y buenos precios.

5.- El país debe prepararse para enfrentar la crisis como se preparan las poblaciones costeras cuando se aproxima un huracán. No se podrán evitar los daños, pero una prevención inteligente podrá reducirlos al mínimo.

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