ÁFRICA: LA VERGÜENZA DE LA HUMANIDAD
por Eduardo Dimas Regresar a Prensa Alternativa Diario Mar de Ajó (el diarito) Prensa Popular
África continuó, a lo largo del 2006,
pagando las consecuencias de la explotación de que ha sido víctima desde hace
siglos. Es el continente con el mayor número de países en pobreza extrema, a
pesar de tener cuantiosas riquezas naturales.
Precisamente, muchos de los conflictos interétnicos y tribales son promovidos
desde el exterior por gobiernos y empresas transnacionales para apropiarse del
petróleo, el oro, los diamantes, el uranio y otros recursos. En los últimos
tiempos, la lucha por controlar las fuentes de
Coltan --mineral imprescindible
para la fabricación de teléfonos celulares y otros productos electrónicos de
alta tecnología--, ha motivado fuertes crisis en muchos casos sangrientas. Este
mineral se encuentra casi exclusivamente en la República Democrática del
Congo (RDC)
y en Burundi,
naciones estremecidas por guerras intestinas.
Las
elecciones de noviembre en la RDC no dieron el resultado que se esperaba y la
situación es complicada, con enfrentamientos entre los seguidores del presidente
Kabila y la oposición. Realmente, dados los intereses en pugna, es difícil
pensar que ese país logre la normalidad.
Se mantienen conflictos internos en Costa de Marfil, Sierra Leona, y en menor
medida en Liberia. Especial atención merece el que tiene lugar en Sudán, sobre
todo en la región de Darfur, donde las riquezas petroleras descubiertas han
provocado la avaricia de importantes empresas transnacionales, que aspiran a
controlar esa convulsiva zona y desplazar a China, que ha invertido grandes
cantidades de recursos en la exploración de los yacimientos.
En los últimos meses, la Casa Blanca ha pretendido crear un ambiente propicio
para la intervención de una fuerza de la ONU, compuesta por tropas de la OTAN,
que sustituya al contingente de la
Unión Africana
(UA). Sin embargo, es muy
evidente que el objetivo no es controlar las matanzas, sino adueñarse de los
hidrocarburos sudaneses. A finales de año, el gobierno sudanés aceptó que
fuerzas combinadas de la UA y la ONU asuman el control de
Darfur
a comienzos del
2007. Está por ver que ocurrirá a partir de ese momento.
No por gusto, desde hace algunos años, fuerzas navales norteamericanas
permanecen frente a las costas africanas, especialmente de
Guinea Ecuatorial,
en
cuyo Golfo se han encontrado grandes yacimientos petroleros. Los intereses
norteamericanos han penetrado en África, hasta hace algunos años coto privado de
las antiguas metrópolis europeas. Nigeria, Gabón y otros países, son hoy objeto
de la competencia de las transnacionales petroleras.
Estados Unidos aspira a que África sustituya al Medio Oriente en un futuro no
lejano como uno de los principales abastecedores de una parte de sus enormes
necesidades de petróleo. China, cuyas reservas en dólares sobrepasan el millón
de millones de dólares, se ha convertido también en un fuerte competidor de los
recursos africanos, y sus capitales y productos están penetrando los mercados
africanos, aunque, es oportuno señalarlo, con un sentido de cooperación que no
es el que aplican las grandes potencias capitalistas.
El Africa Subsahariana y el
Cuerno Africano, sobre todo Etiopía, Eritrea y Somalia, son probablemente las
regiones de mayor mortalidad en el planeta. Las sequías, el hambre, el éxodo de
millones de personas debido a las guerras y conflictos tribales, unido a la
falta de una ayuda real que las grandes potencias se niegan a aportar a las
organizaciones humanitarias, o que condicionan a concesiones políticas o
económicas, hacen pensar en un genocidio premeditado. La civilizada Europa se
niega a reconocer y pagar el daño que causó al Africa Negra.
Cuando escribo este resumen, la situación en el
Cuerno Africano
--una
de las regiones más estratégicas de África para Estados Unidos y Europa-- es
particularmente difícil, como resultado del conflicto en Somalia, cuya
inestabilidad política data de finales de la década de los 80 del siglo pasado.
En este momento se libra una fuerte lucha por el control del país entre el
gobierno de Transición y Reconciliación, creado luego de ingentes esfuerzos de
la ONU y de la Unión Africana, y la llamada Unión de Tribunales Islámicos (UTI),
que obligó al gobierno a retirarse de Mogadiscio, la capital, y refugiarse en la
localidad de Baidoa.
La UTI es apoyada por el gobierno de
Eritrea, mientras que el
gobierno de Transición es respaldado por Etiopía, el que a su vez cuenta con el
visto bueno de Estados Unidos. El bombardeo etíope a los dos principales
aeropuertos de Somalia, controlados por la UTI, y la entrada de tropas de
ese país para salvar al gobierno de Transición, significa la
internacionalización oficial del conflicto, lo que ha provocado que el Consejo
de Seguridad de la ONU trate, al menos en el papel, de tomar medidas para frenar
una guerra que puede abarcar a todo el Cuerno Africano.
Porque, si se mira la posición geográfica de esas naciones sobre el Mar Rojo
la entrada y salida obligada de los buques petroleros que pasan por el Canal de
Suez, procedentes o hacia el Mar Arábico--, la cercanía a los principales
productores de hidrocarburos del Medio Oriente, y la presencia en Yibutí de una
base militar francesa y otra norteamericana, es fácil comprender que esa guerra
está internacionalizada desde hace mucho tiempo.
Y que las ambiciones de los llamados señores de la guerra somalíes y de los
grupos islámicos de la UTI, algunos vinculados a la organización Al Qaeda de
Osama bin Laden, están alimentadas también desde el exterior. En Somalia, lo
mismo que en otras partes del mundo, los grandes intereses juegan su propio
juego, a costa de la sangre de los pueblos.
Tanto Somalia como Etiopía e Eritrea tienen una extraordinaria importancia
estratégica para el control del Mar Rojo, el Golfo de Aden y el Mar Arábico. Por
eso no es ocioso pensar que, en estos momentos, y dadas las circunstancias
internacionales, en especial la situación en Irak, el gobierno norteamericano y
sus aliados europeos hayan decidido controlar lo más posible esa región.
De otra parte, no sería posible comprender la situación de África sin tener en
cuenta la aplicación del modelo neoliberal, en su versión de “capitalismo
salvaje”, y de sistemas de democracias representativas totalmente reñidos con el
nivel desarrollo social y la idiosincrasia de la inmensa mayoría de la población
africana. Ello ha provocado en muchos casos un verdadero caos del que será
difícil salir. La deuda externa de África en su conjunto llega a los 350 mil
millones de dólares, totalmente impagable e injusta.
Algunos observadores internacionales han llegado a la conclusión de que la
población del continente africano es objeto de una campaña de exterminio,
dirigida a disminuir lo más posible su número de habitantes o, por lo menos,
impedir que crezca. El SIDA, la malaria, la desnutrición, la insalubridad y las
guerras, provocan la muerte de millones de personas. De los 854 millones de
seres humanos que, según la ONU, padecen hambre en el mundo, más de la mitad son
africanos.
En el norte de África se mantiene la injusta situación de la
República Arabe
Saharauí Democrática
, a la que Marruecos, con el apoyo de Estados Unidos y
varios países europeos, se niegan a reconocerle el derecho a la independencia.
El resto de las naciones no tuvieron cambios sustanciales a lo largo del año. La
mayoría son naciones petroleras (Egipto, Argelia, Libia), con altos ingresos y,
también, con grandes desigualdades sociales y contradicciones insalvables.
Para transformar la actual situación que vive el Continente Negro, sería
necesario cambiar a escala planetaria el sistema económico que lo ha llevado a
las circunstancias en que se encuentra. África solo se apropia del 1% de la
riqueza mundial, a pesar de poseer recursos abundantes de todo tipo. Su
abandono, y la explotación de que es y ha sido objeto, es una vergüenza para la
humanidad, en especial para aquellos que han provocado que sea el lugar más
pobre del planeta y que, a pesar de ello, siguen creando más sufrimientos y
penurias a los pueblos africanos.
Fuente: Cubarte
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