Claudia Rucci

"de la sota es un hipócrita que usa a mi viejo para dividir"

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Cuando un comando montonero acribilló a su padre, tenia 9 años. Vivió su infancia asignada por el miedo, mientras construía una carrera de actriz que abandono en los 90. Ahora trabaja en el gobierno K y es amiga de ex montoneros. Como supero prejuicios (mutuos) y rencores. Sus recuerdos de niña en las faldas de Perón. Y la polémica por la memoria y los años 70.

 Por Olga Wornat

En la CGT? - Preguntó y sus ojos oscuros se estremecieron un segundo.

Pero no se opuso a una sesión de foto en la sede sindical que idolatra a su padre. En el trayecto, en auto, hablo de cuestiones banales: el calor, el tráfico, los problemas de estacionamiento y su larga carrera de actriz: desde Carmiña hasta Verdad Consecuencia; desde Alta Comedia hasta Mi chanta favorito con Ricardo Darín. En su cara y en su voz no había, todavía, señales evidentes del impacto emocional que significaba para ella regresar al edificio de la calle Azopardo, después e 30 años. Hasta, que, después, habló de sus sentimientos exorcizados sin querer, con los ojos húmedos.

La ultima vez que piso el lugar fue el 26 de Septiembre de 1973, un día después de que un comando de la organización montoneros acribillara a balazos a su padre, en la puerta de la casa familiar del barrio de flores. Ella tenía 9 años, y en la escena que permanece atada a su memoria, esta agarrada a la falda de su madre, su hermana ante el féretro abierto, el olor es el de las flores y un miedo atroz le cierra la garganta.

José Ignacio Rucci era Secretario General de la CGT, y el niño mimado de Juan Domingo Perón. Viejo y enfermo, junto a Isabelita y López Rega, el caudillo máximo del Peronismo iniciaba su tercer mandato. La Argentina se había transformado en un hervidero de sangre y balas, de violentos enfrentamientos, de muertos tirados en la mesa, de negociación política. Y aunque montoneros nunca se adjudicó formalmente la operación, se sabe que Rucci - icono de la "burocracia sindical", enemiga de la militancia de izquierda- fue victima de aquel perverso entramado que solo presagiaba una tragedia mayor.

Ahora, treinta años después de la locura, Claudia Rucci esta nuevamente en el territorio fatal de su infancia. Sube las escaleras despacio, siente cada centímetro, saluda a tres tipos que le cuentan que conocían a su progenitor y que se acuerdan de ella. Un enorme busto marrón oscuro, helado y feo, que reproduce a José Ignacio Rucci, la detiene unos minutos. En un salón vacío, una serie de fotografías blanco y negro refleja el pasado: Evita, Perón, los viejos caciques sindicales, los dedos en V, las multitudinarias movilizaciones y aquella legendaria imagen del retorno en Ezeiza, en Noviembre de 1972. Ahí esta Rucci, con un paraguas sostenido sobre la cabeza de Perón, junto a Isabelita, el brujo López Rega y Juan Manuel Abal Medina. Claudia recuerda:

-Aquí, en el último piso papá tenía un departamentito, donde por seguridad se quedaba a dormir. Y muchas veces, para poder vernos, nos traía y jugabamos un rato. Me acuerdo de la multitud que vino cuando lo velaron, eran miles de flores y coronas, y la gente pobre llorando sobre el cajón…por eso me indigné tanto Vaca Narvaja (Fernando) dijo en Noticias que mi viejo no representaba al pueblo y que por eso lo mataron…que tarado, ¿no? Este tipo estaba mirando otro canal, no estaba conectado con la realidad política. Lo hablé con los muchachos en el trabajo y ellos me dijeron que yo tenia razón, que era cosa de tarados, venir a decir eso justo ahora, después de todo lo que paso en el país.

Paradojas: "los muchachos" a los que refiere con cariño no son otros que los ex dirigentes montoneros Carlos Kunkel, Rodolfo Ojea Quintana, Juan Carlos Dante Gullo y Hugo Perié, hoy integrantes del grupo Michelángelo. Claudia Rucci trabaja en la Subsecretaría General de la Presidencia, junto a Kunkel, y tiene una estrecha y sólida relación con el grupo Kirchnerista. La sola mención de su apellido genera ácidas polémicas, como la del congreso del Justicialismo en Parque Norte, cuando José Manuel de la Sota nombró a Rucci, con una gran dosis de Malasia. Lo usó para criticar encubiertamente la conversión de la ESMA en museo de la Memoria.

En una Argentina habituada al enfrentamiento más que a la conciliación, plagada de rencores y heridas abiertas, la situación actual de Claudia, más que rara, suena casi imposible.

-¿cómo es trabajar con ex montoneros? Supongo que creciste con la idea de que ellos asesinaron a tu padre…

-todo el tiempo, era tremendo. Con mi hermano no podíamos entender por que lo mataron así. Al principio con los "muchachos" fue muy difícil, no lo voy a negar. Por lo menos para mí y supongo que también para ellos. Y se que mi actitudversismo en Parque Norte, cuando José Quintana, Juan Carlos Dante Gullo y Hugo Periretorno me puede generar contradicciones, hay gente que puede decir: "¿Qué le pasa a esta mina?" yo tengo algo bueno: soy cero rencor, detesto el rencor y los odios, por que no conducen a nada, no te permiten madurar ni vivir en paz. Aprendí que el fuego no se apaga con nafta, se apaga con agua.

-¿lo hablaste con ellos?

- Todo el tiempo, aunque yo allí trabajo. Sé que me respetan. Al principio no podían creer que era la hija de Rucci, me miraban con curiosidad. Un día hablé largamente con Dante (Gullo) y después con Tojo (Ojea Quintana), y ellos me aseguraron – y yo les creo - que en el ámbito en que militaban jamás se planificó el asesinato de mi padre. Y les tengo respeto, por que son gente que se jugó por sus ideales.

-¿Aunque pienses muy diferente?

- Es que yo pienso lo mismo que ellos. Rucci, a pesar de lo que algunos dicen, era un revolucionario. No creía en un Peronísmo como el de los ´90...

-¿Cómo era tu viejo?

- No era fácil vivir con él, nunca había horarios. Trabajaba 30 horas por día, estaba todo el tiempo con custodios armados, vivía amenazado. Pero era un tipo cariñoso, imaginate, yo era la luz de sus ojos, su nena mimada, mi hermano me llevaba 6 años. No me acuerdo de un reto, era muy permisivo, mi vieja era la que ponía los límites. Eso sí, cuando estaba con nosotros no metía la política en casa.

-¿Cómo te enteraste de su muerte?

- Lo mataron en la puerta de la casa donde vivíamos, cerca de Nazca y Avellaneda. Veníamos con mi hermano del colegio en el auto y cuando estabamos llegando, vimos un montón de gente, policías, ambulancias y no entendíamos que pasaba. El chofer que se dio cuenta siguió de largo y nos llevó a la casa de unos vecinos. En un descuido de ellos, lo vimos por la tele, fue terrible. Ahí estaba, mi viejo tirado en la calle... tengo presente cuando nos llevaron después a casa, mamá estaba dopada tirada en la cama, era muy joven, tenía 41 años. Casi la edad que yo tengo ahora...

-¿Qué pasó después?

- Un miedo terrible que no supe manejar. Volvía del colegio tirada en el asiento de atrás del auto con los dedos cruzados. Pero no para que no me pasara algo a mí, sino para no perder a mi vieja, que era lo único que me quedaba. Después odié la política. Por alguna razón extraña siempre supe que a mi padre lo iban a matar. Ya habíamos pasado por el atentado en que mataron al secretario de papá, a Osvaldo Bianculli, en Chivilcoy. Mi hermano se salvó por que se tiró debajo del auto.

- Se decía que tu padre tenía plata afuera, campos...

- Cuando lo asesinaron, nos quedamos sin nada. Apenas la casa y un auto usado. Mi vieja tuvo que salir a trabajar, empezar de cero, era ama de casa. Nos mudamos a una casa más chica y comenzó una etapa de precariedad y ostracismo. Nadie nos llamó nunca. No sé de donde salió eso. Mi padre no era como los sindicalistas que vinieron después, los que acordaron con los militares y con Menem. Si hubiera vivido, seguro que terminaba preso de la dictadura o desaparecido. Adoraba a Perón, le era absolutamente fiel, él le decía "hijo". Eran años difíciles, todos estaban enfrentados con todos...

-¿Conociste a Perón?

- Si, papá me llevó una vez a Olivos. Perón era un monumento, tan grandote tan afectuoso e importante. Me sentó en sus rodillas y me trató como a una nieta. Me acuerdo de los caniches de Isabelita...

-¿Alguien de la política los ayudó después de su muerte?

- Nadie, salvo Lorenzo Miguel. Él fue la única figura que permaneció omnipresente en casa. Como un padre. Le dio trabajo a mamá, que ahora se jubiló en la UOM, y a mi hermano. Después, nadie, y no quiero parecer injusta.

-¿y vos?

- Comencé a trabajar de actriz a los 6 años y gracias a mi padre, que estaba harto de verme actuar frente al espejo. Un día mi vieja me llevó al casting de Música en Libertad de niños, en canal 9. Alguien le contó a Romay que estaba la hija de Rucci. Vino y me preguntó que sabía hacer. Le dije que "todo". Me pidió que cantara o bailara. Y yo le canté la marcha Peronista, que era lo único que sabía. Me dijo: "estas contratada". Y de allí no paré...

¿Qué pensaste cuando De la Sota nombró a tu padre en Parque Norte?

- Me cayó mal, es doloroso y es hipócrita. Trajo de nuevo a mi padre en medio de una chicana barata, para dividir y disputar poder. Es un oportunista y minimizó a mi padre. Por otro lado, les dije a mis hijos: "fíjense cómo el abuelo sigue generando despelotes después de 30 años".

-¿Sos Peronista?

- Sí, ahora sí. A partir del 20 de Diciembre de 2001 – día de mi cumpleaños – en que fui a la plaza, me prometí a mi misma participar desde donde pueda. Y por eso tiene valor la marcha por Axel Blumberg.

-¿Te gusta Kirchner? ¿Lo conoces?

- Me gusta, pero aunque trabaje a pasos de su despacho, no lo conozco. Y me encantaría. Sé que mi padre, si estuviera vivo, lo apoyaría, estaría a su lado. Las ideas de Kirchner son las suyas. Como dijo Acevedo, papá no hubiera votado jamás la ley de Reforma Laboral.

-¿Qué te parece Cristina?

- Es una mina con unos ovarios tremendos, aunque creo a veces habla más con el corazón que con la cabeza. Es muy inteligente, pero creo que se equivocó al enfrentarse con Chiche Duhalde.

-¿Qué pensas del Museo de la Memoria en la ESMA?

- Me parece justo. La represión del estado jamás se puede equiparar a la actuación de grupos guerrilleros. Fue un genocidio. Pero creo que los montoneros le debe a la gente una autocrítica por aquellos años.

-¿En el ambiente artístico te discriminan por tu apellido?

- Nunca, me protegieron y me mimaron mucho. Romay fue una persona Excepcional conmigo. También Rodolfo Bebán y Alberto Martín. Y muchos otros compañeros.

-¿Extrañas la actuación?

- Sí y no. Cuando me ofrezcan algo que me interese hacer, vuelvo. Por ahora, estoy bien así. No voy a hacer política, pero me voy a dedicar a construir la fundación, que recuerde en serio a mi viejo.

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