Un poco de Historia del Gusano de Seda y la Morera

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De la seda

Sinónimo de elegancia, de suavidad, de brillo, la seda es producto de técnicas multiseculaes que nos vienen desde antes del Imperio Celeste. Desde el tercer milenio antes de nuestra era, la China domina las numerosas y dfifíciles técnicas de la sericultura y del tejido. Sobre las rutas de la seda, las caravanas de mercaderes desafían todos los peligros para traernos el precioso género. En Lyon, los tejedores de seda (canuts) hacen un trabajo agotador que produce maravillas. En el Vivarais, la cría del gusano de seda ha hecho prosperar la región. Breve historia de una magia de siempre.

Tejido de sueño por su suavidad, su ligereza, su tornasol, la seda es el producto de técnicas multiseculares que nos vienen desde antes del Impreio celeste. Toda una magia que se devela en este documento.

Seda. La palabra está dicha. Y es todo un mundo de tornasol, de colores, de materia noble, de tejidos suaves, ligeros, un sueño de suavidad y belleza, de ostentacifon y de futilidad a la que se hace el día ante nuestros ojos. Un universo femenino también, a la imagne de esta China antigua donde sólo las emperatrices y las mujeres de sangre real estaban autorizadas a cortar las indispensables hojas de la morera (mora) , a alimentar a la insaciable oruga y a tejer el hilo impalpable.

Un mundo que se guarda largo tiempo un misterio a los ojos de muchas civilizaciones y que ha dado cuerpo a toda una serie de mitos y leyendas. Según la tradición persa, es sobre el cuerpo devorado de Job, el justo acostado sobre su porquería, que brotfo la primera pareja de gusanos de seda que debía engendrar la numerosa descendencia que sabemos. Para los chinos, es a una emperatriz a quien debemos el descubrimiento del hilo mismo, 2.700 años antes de nuestra era, Bebiendo su té a la sombra de un morero, Hdsi Ling Shi habría visto caer un capullo en su tasa, que comenzfo a desenrrollarse. Y ella tuvo la idea genial de tejerlo. El gusano de seda haría dejado la China en la opulenta cabellera de una otra princesa china quien, sorteando las prohibicioes, escondió en ellla hojas y granito o semilla de mora. Habiendo sido desposada por un príncipe de Khotan - un oasis que sera una etapa sobre la ruta de la seda- no querfia estar privada de estos bellos tejidos en e Turquestán oriental, y se salta los ediictos imperiales que castigan con la muerte cualquier exportación de juevos del gusano de seda. El secreto de esta crfia fue completamente salvaguardado todavía durante siglos, al punto que los romanos, quienes amaban particularmente la seda, creían que los Chinos recogían el hilo sobre las hojas de los árboles. La pasión era tal, que Tiberio prohibió a los hombres usarla. Pero es otro emperador, Justiniano, a quien Occidente le debe la importación de la cría de la oruga del insecto, gracias a dos monjes quienes llevaron el precioso grano o semilla de India a Bizancio, disimulada dentro de su bastón de peregrino.

Finalmente, en el sigo I de nuestra eram un cierto Chang Ch'ien partió de China hacia el oeste con tejidos de seda, abriendo así lo que, diciocho siglos más tarde, el Barón Ferdinand de Richtofen bautiza como la ruta de la seda. Durante lustros, las caravanas cargadas de tejidos , pero también de marfil, de maderas preciosas y de especias, atravesaron los desiertos, generando oasis, escalando montagnas, hicieron frente a los pillos, franquearon ríos y mares, sufrieron los inconvenientes del clima, los cambios políticos, a lo largo de pistas peligrosas, para llevar las telas de seda a todo el mundo conocido. Vías terrestres y marfitimas, todo fue bueno para reforzar la más formidable ruta comerciall de todos los tiempos.

La pasión por la seda fue tal, que gobiernos y jefes religiosos se conmovieron o emocionaron. Las transparencias jaspeadas fueron prohibidas en las mezquitas, pero los sultanes se cuidaron de andar de largo de las embarazadas sagradas (?). En cuanto a la Iglesia, quien la emprendió contra esos tejidos arácnidos que develaban impúdicamente el cuerpo de las mujeres, se afanó de recuperar su uso para ornamentar sus altares y sus hábitos sacerdotales. En la actualidad, si la seda no suscita ya las extraordinarias locuras de antaño, aún es sinónimo de esplendor y de brillo, de lujo y de voluptuosidad.

Moreras en el jardín del mandarín

Los Chinos fueron los primeros en experimentar las numerosas y difficiles técnicas de la crianza del gusano de seda. Emperadores y príncipes, todos tuvieron moreras (plantas de mora), pero fueron sus esposas quienes tejieron la seda para hacer suntuosos adornos. El vestuario mismo es el objeto de una codificación muy precisa.

Vintisiete siglos antes de nuestra era, el emperador Jaune Husangdo, ayudado por el dios de la Tierra, habúa puesto en orden en el mundo chino y lo gobernaba sabiamente "sin un momento para descansar en paz". Sus dos hermanos vigilaban de cerca a los bárbaros, uno de sus ministros había inventado la escritura, otro un sistema sexasagesimal y un tercero el arte musical. El, elaboraba el ceremonial. En cuanto a su primera esposa, Leitzu, ella había observado el ciclo completo de desarrollo y de reproduccifon de la larva del morero y enseñó a su alrededor el arte de la sericultura. Ella merece figurar en el panteón de las divinidades familiares chinas como butaihou o patrona de los alumnos del gusano de seda. Esta es la leyenda.

Es imposible fechar con exactitud la aparición de la seda en China. Fragmentos de sederías han sido descubiertos en Anyang y en las tumbas reales de Shang del siglo XII al XI antes de cristo, pero no es sino bajo la dinastía de los Hn, dos siglos antes de nuestra era, que la seda toma su lugar en la vida corriente china. Inicialmente, la cultura del morero, el cultivo del gusano de seda de la primavera y el tejido de invierno están entre las manos de de las mujeres de la Corte. Son miles quienes, de Shandong a Henan, se adueña de la sericultura y producen soberbias sederías que los mercaderes de tradicifon tienen por símbolo de lujo y de gasto inútiles.

Pero el uso de la seda suscita entre la nobleza y la alta sociedad un tal entusiasmo que el Lijo (Memorias sobre las buenas costumbres y las ceremonias) debió trazar los límites y llamar a los rigores del protocolo imperial. No fue sino bajo los Qing que los campesinos tuvieron el derecho de portar ropas de seda. Los Hang conservan el vestido largo (shen yi) que comprende el vestido (pao) con mangas largas o estrechas, el ru pudiendo servir a la vez de camisa y de vestido, reemplazado por el ao en tela densa o gruesa. Son los vestidos ordinarios que portaban las gentes decentes ... entre ellos los príncipes, ministros y altos funcionarios . Salvo en presencia del Hijo del Cielo, en el cumplimiento de los ritos imperiales y para sus funcionen oficiales que exigen llevar vestidos suntuosos de corte conveniente a su rango y a la ejecución sin falta de su participación.

En una preocupación verosímil de identificación de su entorno, los emperadores Tang impusieron a los mandarines el color de sus vestidos de función: violeta para los tres primeros escalafones o grados, rojo para el cuarto y quinto, verde para el sexto y el sétimo, y azul-verde para el octavo y noveno.

Después, con los Ming, el accesorio se empieza a usar. Se debe tener, cosido sobre el pecho, un caudrado de tejido bordado con uno de los doce animales fabulosos. La cintura (shou) y el bonete (guan)conservan su siignificación emblemáatica. En la cintura, una banda de seda bordada de doce pugadas de ancho y tres de largo, se engancha una batería de colgantes de jade, de pidras preciosas, de oro y de marfil tenindo lugar de badge (?) y el sello oficial en un monedero del cual uno no se debe separar jamás. Agreguemos un bolso de viaje para las monedas, las llaves, el cuchillito y la piedra de afilar, finalmente, el pa­uelo de seda.

Los Chinos prestan mucha atención a la moda en sus creaciones de nuevas formas asociadas a las jerarquías y les dan un nombre. Habrá así el bonete del guerrero, del juez, de la nobleza o mejor aún, de la comunicación celeste, del acceso a la sabiduría o de la paz. Aunque conservador probado de las tradiciones vestimentarias y otras costumbres, Confucio se mostrará tolerante en esta materia: " Los sombreros de tela negra están conformes a los ritos, pero hoy, todo el mundo los porta en seda pues esto cuesta menos caro. Para mí, me conforme a las costumbres de la mayoría".

La moda en las mujeres está también codificada. En los tiempos de los Han, las concubinas imperiales, las mujeres de palacio o de la alta sociedad y las esposas de los ricos mercaderes portan vestigo largo, enagua, chaleco, vastas mangas y cuello cruzaado, hechos de seda, de gaza, de brocaado y otros tejidos preciosos, y ellas le agregaban abundancia de tejidos representando las nubes o las olas de la mar, motivos vegetales y animales, o simplemente entrecruzamientos de figuras geométricas y la fórmula "saegún vuestros deseos". Tenemos una descripción en una obra del siglo XVII , el Jinpingmei:

Lotus de oro tenía una chaqueta gruesa de seda deShandong, con doble gla o solapa, adornada depatos salvajes picoteando en medio de las flores y de los cañaverales; era de cuello recto de satin blanco con borde de flores, cerrándose por dos botones en forma de abejas de oro sobre crisantemos. Por debajo, llevaba una enagua de piel de oveja, de un pie de ancho, con bordado en oro por encima, decorado de hipocampos en la espumay las olas, botas de lustrina roja viva, alto talón de satin blanco y rodilleras bordadas".

Algunas piezas de la vestimenta femenina son inspiradas por en código de conveniencias en el cual un artículo decreta que "Cuando una ujer rfie, no debe mostrar sus dientes; cuando está de pie, no debe apoyarse en una puerta cuando camina, no debe mostrar su rostro". Estas obligaciones conllevan la adopcifon de "un vestuario del rostro " (mianyi), del velito, del sombrero de viento o del sembrero de cortina, y para resguadarse de las miradas (o disfrutar de la ciruela), requería del eventual redondo de seda blanca, pintada o bordada . Su gusto por el maquillaje, su gusto por el maquillaje no es atenuado y apela al "amarillo de frente", al lápiz de cejas, a la pintura roja para los labios, a los hoyuelos decorativos de cada lado de la boca y, prefigurando el mostacho de los elegantes del Gran Siglo, a los puntos rojos, a las laminillas de oro con flores de ciruelo.

Con grandes esfuerzos, numerosos sitios escaparon a tres mil años de pillajey han sido puestos al día por los arqueólogos chinos en e curso de los últimos cincuenta años. Entre ellos, en 1973, en Mawangdui, cerca de Changsha en Hunan, la apertura de la tumba de la marquesa de Dai, muerta hacia 168 antes de nuestra era. Tres habitaciones funerarias que guradaban mil objetos (cajas de pinturas o afeites, pantallas y biombos pintados, instrumentos musicales, tasas en madera laqueada, ballestas, espejos de bronce) y una documentación invaluable sobre la vida cotidiana en China hace 2200 años.

La seda triunfa en Mawangdui , como en Mazhuan en Hubei, dentro del tornasol de cuarenta y seis rollos de tejidos multicolores, vestidos, enaguas, zapatos, medias, con bordados en relieve en café, gris, vermellón, púrpura, amarillo, zul, oro y plata, en un extraordinario estado de conservación. Pero la revelacifon más extraordinaria de esta tumba es la escritura sobre seda, material oneroso pero más manejable que el bambú, para la copia de manuscritos. Se han descubierto así tratados de medicina, astrologfia, meteorología, adivinación y de fisionomonía (conocimiento del carácter a partir de la fisonomía), aplicada a los caballos, tres cartas geográficas (las más antiguas descubiertas en China) y una bandera funeraria ilustrada, como guía en el más allá.

dos siglos antes de nuestra era, la suntuosidad de las sedas, brocados, bordados, muselinas, tejidos en el imperio Hang que se llamfo entonces "el país de los invernaderos" es conocido más allá de las fronteras. Demasiado en todo cas para para atraer las codicias de vecinos turbulentos entre los cuales están los Xiongnu, ancestros de los Hunos de Atila, quienes fundaron un imperio en la estepa. Durante cerca de doscientos cincuenta años, sus reyes, los Shanyu, agregaron al botín de sus incursiones los regalos que les enviaba el emperador de China a cambio de la paz.

En el año I de nuestra era, se trató de 370 vestidos, 30.000 rollos de seda (75 quqintales). durante más de doce siglos, la seda será por excelencia el regalo diplomático chino. Aquel que el Hijo del Cielo envía a los grandes feudos en visita y el envía a unos 376 reyes y prfincipes que se reparten la Asia Central. Como signo de paz e invitacifon a hacerle juramento de reunir a la gran familia china.

Pero él tiene también, desde el siglo IV antes de nuestra era, la seda del comercio con las "Comarcas del Oeste", las caravanas de mercaderes yndo y viniendo por las rutas donde las sederías se intercambian con el oro, el marfil, las piedras preciosas, los caballos y hacen aparecer un patrón-seda hasta en Pslmira y en las fronteras del Imperio Romano. Y el itinerario del sudoeste por Birmania será la gran vía de comunicacifon de Eurasia cuyo controlfu

tiene siempre la ambicifon de los poderosos. La seda natural es aún símbolo de lujo en los años de 1900. Después, la crisis económica y las dos guerras mundiales anuncian su declive. Nuevos textiles hacen su aparición, el vestido a la occidental se impone en todas las sociedades. Durante algunos ajnos, la revolución cultural maoísta proscribió el uso de la seda en el país que la había inventado, para reemplazarlo por el azul unisex.

En 1949, la producción de hilados no es más que de 1800 toneladas, la de tejidos de seda es de 50 millones de metros. En los ajnos 1990, sobrepasa dos billones de metros, sea 60% de la producción mundial, y más de un billón de dólares para la exportacifon. La sericultura ocupa 20 millones de familias rurales chinas y 670.000 obreros.

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