.jpg)
Fernando
Gioino, Presidente de Coninagro –una de las cuatro entidades que participan del
conflicto del campo de público conocimiento- hizo llegar a Patricio Griffin,
Presidente del INAES, esta carta en agradecimiento y felicitación por la columna
publicada el domingo 25 de mayo en el diario dominical
Miradas al Sur.
A continuación transcribimos la columna publicada:
¿QUÉ DEBERÍA HACER EL GOBIERNO?
Por Patricio Griffin*
Desde el punto de vista de la comunicación, la principal dificultad que ha
enfrentado nuestro gobierno ha sido el de lograr que los propios productores
agrícolas comprendan la diferencia entre los dos modelos de explotación y
acumulación existentes en la producción agrícola, y especialmente de qué lado
ellos tienen su propio futuro.
Uno es el “complejo sojero multinacional” -compuesto por
Cargill,
Bunge & Born y
Dreyfus-, que
supone la concentración en manos monopólicas de la producción primaria desde la
tranquera del campo, la lleva al exterior y la transforma y le agrega valor en
los países de destino. Este modelo nació con la asociación de los terratenientes
de la Sociedad Rural y el modelo imperialista inglés en el siglo XIX, y hoy
sigue vigente, incluso en dos de los grandes monopolios concentradores Bunge
Born y Dreyfus, al que se le agrega Cargill (quien agregó el factor
genética/agroquímicos) en nuestro tiempo. Este modelo se “lleva” fuera de la
zona de producción y fuera del país la riqueza agregada.
Y otro, es el “complejo cooperativo nacional”, que se propone seguir la cadena
de valor “más allá de la tranquera del campo”, y apunta inicialmente a
diversificar la producción, manejar la cadena de la comercialización, y hoy a la
industrialización de la materia prima en origen para su futura exportación,
sumando valor agregado a la producción primaria. Este modelo nació “contra” el
modelo monopólico y asoció a los productores pequeños y medios desde el “Grito
de Alcorta” hasta hoy, con un muy importante avance entre 1945 y 1966. Es
decir que el modelo cooperativo es antagónico al modelo concentrado de
monocultivo.
En este modelo, el acopio, la comercialización y la exportación quedan en manos
de los mismos productores. Las cooperativas argentinas desde 1920 hasta hoy
consiguieron “salir del campo” diversificar su producción y su oferta, y seguir
siendo los dueños de su producción en la comercialización primaria, en los
elevadores de granos, en los puertos, en la industrialización y en la cadena
genética: Eso redunda en una directa asignación de más recursos a las propias
comunidades donde se realiza la producción, porque la riqueza agregada se queda
en gran parte donde se genera.- “La caridad empieza por casa”.
Nuestro gobierno debe conseguir explicitar la existencia de estos dos modelos de
gestión y acumulación de la producción agrícola, y establecer una clara línea de
diferenciación entre ambos.
Nuestro esfuerzo comunicacional, a mi entender, debe dirigirse a encontrar cómo
comunicar esta clara diferenciación, y definir con igual claridad como
fortalecer el “modelo cooperativo” en detrimento del modelo sojero monopólico.
Los productores, los pequeños y medianos propietarios, deben entender también
que su libertad económica y su futuro como productores rurales, dependen de
proteger su capital principal que es la calidad de sus campos, y de la capacidad
de agregarle valor a la producción primaria, en toda la cadena; hay que exportar
producto final elaborado, no producción primaria.
¿Qué deberíamos hacer para lograr comunicarlo? Creo que tenemos que explicitar
con decisión nuestra opción por el modelo productivo y distributivo, acentuar
nuestro compromiso con un modelo cooperativo que ha demostrado su capacidad de
gestión y reproducción durante 30 años de resistencia al neoliberalismo, y hacer
una elección pública y rotunda a favor del complejo cooperativo. Profundizar en
la línea de esclarecer los términos en donde se están dando las contradicciones
políticas y económicas efectivas: las diferencias de modelos de gestión del
producto agrario.
En realidad este modelo productivo cooperativo, es igualmente válido para la
gestión de los servicios públicos, para la democratización de la distribución y
el consumo que hoy concentran las cadenas alimentarias: es una fórmula eficiente
de ahorro, producción y distribución equitativa de la riqueza, que hoy es la
clave para resolver los problemas de nuestra sociedad.
* Presidente del INAES (Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social).
Regresar a Prensa Alternativa Diario Mar de Ajó (el diarito)
Prensa Popular